Libremente soy Tuya

Libremente soy Suya

martes, 30 de octubre de 2018

El viaje. Tercera parte


No quería enfrentarme a este capítulo. Pasé una noche muy mala aquel día, de las que son para olvidar. Pero de las que también tengo que recordar por los momentos buenos que me dio y las enseñanzas que me llevé.
Él tenía que viajar por trabajo cerca de Madrid, yo no tenía clases de idiomas entre semana, y todavía no había encontrado trabajo, así que me propuso ir con Él. Bueno, exactamente no fuimos juntos, porque Él marchó muy temprano por trabajo y yo salí un poco más tarde en autobús. No sabía si llevar maleta porque me resultaba más cómodo salir de la estación con una mochila. Además no llevaba tantas cosas como para llevar maleta. Compré algo de comida antes de ir al hotel donde se alojaba. Habíamos reservado una habitación para los dos, porque Él tenía la suya propia de trabajo. Era la primera vez que pasaría más de cinco o seis horas con Él, nunca habíamos dormido juntos tampoco.
Fue la primera vez que bailé delante de Él. Estaba muy nerviosa. Llevábamos aproximadamente tres meses juntos, y seis meses desde que empezamos a hablar por chat. Por si no fuera suficiente, me había desvirgado, me había visto poniéndome un tampón en la cama, me había enculado y le había enseñado su lefa en mi boca la primera vez que se había corrido en ella. Y esto último fue el primer día de conocernos. Y allí estaba yo como una niña a la que su maestro saca a la pizarra y no ha hecho bien la tarea. No puedo explicar por qué a día de hoy me sigo poniendo colorada ante cosas así o cuando tengo que preguntar en voz alta si desea que le lama los cojones. Recuerdo que era el momento del mes en el que me tenía que bajar la regla. Tenía la barriga revuelta como de costumbre y estaba con el cuerpo más tenso. Quizá por eso al darme por el culo me hice un poco de herida, por no estar totalmente relajada. Me dio una rabia enorme porque íbamos a pasar la noche juntos y sin eso quizá no iba a ser igual. Era mi culpa querer que todo saliera bien. Siempre he sabido lo que era para Él, SIEMPRE, desde el minuto cero de conocerlo en el que me desvirgó. Sabía que yo no iba a ser nunca una de sus prioridades, que me las tenía que apañar yo sola para lo que necesitara. Y era por ese motivo que quería aprovechar cada uno de sus ratos libres que quisiera pasar conmigo. Porque no iban a ser todos, lo sabía.
Al llegar las ocho de la tarde decidió que era mejor que se fuera a su habitación a dormir, lo podían llamar ahí del trabajo y le daba mucho apuro que no lo encontraran ahí. Y llevarme a mí con Él tampoco era una opción segura. Así que pasamos el tiempo que faltaba hasta las 10 que se fue viendo la televisión uno al lado del otro en la cama. Yo me acurrucaba en su costado, recibiendo todo el calor que necesitaba de su cuerpo. Llegó el momento, se vistió, me dio un beso y salió por la puerta. Al día siguiente saldría temprano por trabajo y yo me volvía de nuevo en bus. En el momento en el que salió por la puerta sabía que se había acabado. Que había hecho un viaje para estar con Él y que finalmente no había podido dormir con Él ni una sola vez desde que nos conocíamos. Tuve pesadillas esa noche de la angustia y la ansiedad que sentía, pero no le escribí. Creo que dormiría unas tres horas en intervalos de medias horas. Como me despertaba cada poco no me fue difícil madrugar para despedirme de Él. Le pedí si por favor se podía acercar a darme un beso y entró cinco segundos en la habitación para hacerlo, el tiempo que tardó en preguntarme si estaba bien. Yo asentí porque Él tenía prisa y no se podía parar a escucharme. A la media hora oí su puerta abrirse y las ruedas de su maleta. Abrí mi puerta con los ojos vidriosos, que en la distancia no los podía distinguir. Él se giró para verme pero no se paró. Pude ver en su mirada la decepción antes de que continuara por el pasillo solitario, todo por haberme atrevido a salir de la habitación así, pudiendo hacer que alguien nos viera.
Al cabo de otra media hora salí yo y dejé la llave en la recepción. Le pregunté a la recepcionista cómo podía ir a la estación de autobuses, ya que en el camino de ida cogí un taxi para no ir tan cargada con la comida. Se despidió de mí esperando que hubiera pasado una agradable estancia. En los bolsillos del abrigo llevaba el bloc de notas de cortesía del hotel desordenado en miles de hojas que había escrito por la noche y por la mañana. Eran notas que quería leerle antes de volver a casa, pero no pudo ser. Sentía mucho haberlo decepcionado, que no hubiera podido darme bien por el culo, que lo quería muchísimo y que me permitiera estar a su lado aunque no me permitiera decírselo.
Al bajar del autobús y esperar al metro le escribí y me preguntó si estaba bien. Traté de controlar las lágrimas, encarcelarlas en mis ojos, pero salieron cuando las puertas del vagón se abrieron. Le expliqué un poco lo que pasaba por mi mente y me dijo que no debía haber salido de la habitación sin avisarlo. Estaba distante ahora. No era mi intención que nada de eso pasara. No lo hubiera hecho si fuera peligroso para Él.
No lo llamaba Amo todavía, ni tan siquiera en mi mente estaba la idea de proponérselo, pero me sentía tan suya… Volvía en el metro triste por no haber conseguido lo que Él quería y haberlo hecho sentir mal. Porque el dormir con Él no era nada comparado con lo que vi en sus ojos en aquel pasillo de hotel.
Sigo arrepintiéndome después de cuatro años de haber actuado así.

lunes, 29 de octubre de 2018

El hotel. Segunda parte

Como en una película donde los hechos no van siempre ordenados, así os cuento el segundo capítulo de mi historia. Me castañean los dientes y sollozo para intentar calmarme. Calmarme por ser tan impulsiva con mis comentarios. Porque os juro que del resto ya no puedo hacer nada más, estoy atada de pies y manos porque yo quiero. Porque no quiero perderte Amo, aunque tú quieras dejarme yo seguiré pidiendo ese milagro que necesito. 
Era una de las primeras semanas de junio. Iba a ser mi primer verano separada de Él después de haberlo conocido y me había prometido que me dejaría dormir con Él una vez antes de irme de vacaciones. Ahora puedo decir que probablemente sea una de las tres únicas veces que duerma con Él en lo que me quede de vida. Tres veces en los casi cinco años que lo conozco. Pero en aquel día de junio no me importaba, ni tan siquiera lo pensaba. Me puse el mismo vestido con el que un día me mandó a casa sin bragas. Me parecía un vestido bonito para poder usar en la primera noche. Recuerdo que me tenía que bajar la regla y la barriga se me revolvía mucho, pero me callé porque era la única oportunidad que teníamos. Él tampoco pasaba un buen momento en su trabajo y demasiado nos había costado encontrar este hueco. Así que me propuse hacer de esa noche la mejor que pudiera. Preparé la cena y vimos mi película favorita juntos, una en la que los capítulos sí iban ordenados. Me sodomizó y me partió el culo como nunca. Le pedía que siguiera y me lo abría con las manos para que siguiera bombeando. Lo veía tan feliz y tan contento que pensaba que ocupado conmigo seguiría feliz sin pensar en sus preocupaciones. Y a mí me hacía la chica más afortunada del mundo. Me mojaba siendo suya de ese modo tan primario y tan animal. 
No me podía creer que fuera a dormir con Él de verdad. Os puedo jurar que hasta que no nos metimos en la cama con la sábana echada pensé que algo ocurriría y tendría que irse. Ya ocurrió una vez y no pude dormir en toda la noche. Pero esta vez lo tenía ahí conmigo. Sentía su calor, sus brazos me protegían y su cuerpo era perfecto junto al mío. Esta vez lo tenía a mi lado, y estaba tan emocionada, que a penas dormiría tres o cuatro horas. No quería moverme para no molestarlo. Si Él me agarraba me quedaba todo el rato en la misma posición aunque estuviera incómoda. Me hacía tan dichosa poder verlo junto a mí. Dormía y yo velaba su sueño. Y pensaba que ojalá no pasara nunca la noche para seguir más tiempo juntos. Pensaba en todo lo que habíamos hecho. Me había hecho suya de las maneras que la tarde nos dejó. Hizo de mi culo el sitio perfecto para su polla, me folló contra la pared y sobre el tantra. Lefó mi cara porque para eso es suya también. Nos bañamos en el jacuzzi y me perdí por sus piernas y su espalda mientras Él se relajaba, sin saber que la afortunada era yo por permitirme estar ahí con Él. 
Pero la mañana llegó tocaba dejar esas cuatro paredes que me habían acogido. Una chica de una ciudad pequeña que nunca imaginó que estaría en un sitio así con un hombre como Él. Me folló el coño y la boca, porque el culo lo tenía tan jodido que le daba pena mandarme a casa peor. Lo cierto es que necesité un día de reposo casi absoluto para recuperarme. Dormí mucho al día siguiente. Al llegar a casa se me hizo raro volver a mi sitio sola. Tenía la habitación con la ropa que me había probado para irme con Él. Mi entorno sólo me traía recuerdos de la ilusión con la que había preparado algo que ya pasó. Así que dormí mucho para recuperar fuerzas. 
Y ahora estoy pensando que valdría la pena pasar por todo ese proceso post-follada tan jodidamente bonito con tal de pasar una puta noche con Él de nuevo. Lo que sí haré esta noche será dormir mucho, esperando soñar con Él y de algún modo estar cerca. Porque la vida no me ha sonreído para otorgarme más oportunidades con Él, por eso siempre he aprovechado las que me dejaba. Él me tacha de impulsiva pero quizá si llego a decir aquella tarde que me dolía la barriga, no hubiera pasado la noche juntos nunca. Sólo le pido a la vida que no me aleje más de Él, por favor. 

martes, 23 de octubre de 2018

La comida. Primera parte

Lo recuerdo como si fuera ayer. Mi primer cumpleaños con Él.

El día antes de mi cumpleaños se suponía que lo íbamos a dejar después de cuatro meses juntos. Ambos sabíamos que esto era pasajero. Sin embargo habían sido cuatro meses que para mí habían sido vida. Había logrado salir de mi caparazón y Él realmente no era mi novio pero para mí nunca importó porque simplemente estaba feliz de poderlo tener en mi vida. En un mundo tan grande habíamos dado el uno con el otro. No era un adiós para siempre, tan solo un paréntesis para que yo pudiera decidir si el chico que acaba de conocer podía ser algo más en mi vida.

Creo que no he contado en ninguna entrada lo que hicimos por mi primer cumpleaños juntos. Todo se resume en que me folló. Para mí siempre ha sido el mejor regalo que podía hacerme, pasar tiempo juntos de esa manera tan nuestra. Vino a mi casa a las siete de la mañana. Estaba sola en mi piso compartido y nunca había madrugado tanto para estar lista sin tener que salir de mi propia casa. Lo esperé con lo mínimo encima dado que era pleno invierno: mis braguitas, un top bonito y las zapatillas. Me folló y no me quiso dar por el culo porque era mi cumpleaños al día siguiente, y dijo que se sentiría mal si en nuestro último encuentro me dejaba el culo muy jodido. Le hizo gracia que yo insistiera en hacer algo tan cerdo, cuando lo normal sería que estuviera dando palmas porque me follara como si fuera mi novio. Yo deseaba darle tanto gusto que no me importaba quedarme con el culo colorado. Pero se colocó encima de mí, me miró a los ojos y con un beso en los labios y voz mimosa que fingía imitarme, zanjó el tema.

Pasé el día de mi cumpleaños sin verlo, creyendo que ya se había acabado todo. Que durante un tiempo ya era el final. La vida da muchas vueltas y cuando dejas a alguien realmente nunca sabes cuando lo volverás a ver. Y nuestra situación no era la habitual. Al día siguiente de mi cumpleaños me avisó de que pasaba por mi casa al medio día. Como yo ese año sólo tenía obligaciones los fines de semana, tenía las semanas libres. Me hizo muchísima ilusión que quisiera verme, follarme y lo que quisiera hacerme. Recuerdo que estaba a punto de entrar a la ducha para lavarme el pelo y me dio tiempo nada más que a ducharme. Pensé: bueno, ya hay confianza desde el momento en el que se abrió hueco en mi culo. Cuando entró por la puerta sólo me faltaba dar saltitos de alegría por verlo aparecer. Parecía un animalito, un perrito que hace un par de días que lo separaron de su dueño. Se me olvidaba todo: que tenía hambre, que estaba pensando en qué comer y que tenía el pelo un tanto indecente. Y admito que me sigue pasando, es alguien tan importante para mí que da igual lo que pase, yo lo seguiré considerando alguien especial en mi vida. Cuando pienso en Él, como ahora que estoy escribiendo esto después de años que ocurrió, me sigo emocionando. Recuerdo que me folló con tantas ganas que no quería que terminara. Se corrió en mi cara, me mandó al baño a limpiarme primero para después hacer lo propio con Él. Empezó a vestirse y me dijo que me vistiera también. Yo pensaba que querría que lo acompañara hasta la puerta o algo por el estilo. Me dijo que esperase diez minutos a que Él saliera y que saliera yo después para reunirme con Él en el restaurante que había en mi calle, que me invitaba a comer. Juro que la emoción que sentí al abrirle la puerta se multiplicó por cien. Nunca había comido con Él en los tres meses y poco que hacía que nos conocíamos en persona. Era algo tan grande, tan enorme, tan máximo, comer con la persona que más admiraba en el mundo. De verdad que no me lo creía. Siempre me ha visto muy cría y esa oportunidad era una muestra muy grande para mí de “te doy este premio porque quiero ponerte a prueba”. Siempre he luchado por ganármelo.

Me puse el vestido más adulto que tenía, mi abrigo de vestir bien y me arreglé el pelo como pude. Ahora tenía que disimular también la lefa que había caído por ahí. Me puse mis medias y botines. La verdad es que ahora parecía toda una señorita, una dama de los pies a la cabeza (aunque quedara algún rastro de lefa). Entré en el restaurante y ya me esperaba Él en la mesa. Pedimos, comimos y hablamos de todo un poco. Nos reíamos y se reía de mi manera de comer, porque no dejé nada en el plato. Quedaban un par de aceitunas en el cuenquito y Él fue a coger una con el tenedor que acabó rodando por la mesa, cayendo al suelo. Bufó por la torpeza con la que había ido a cogerla. Yo le sonreía como siempre he hecho al verlo preocupado, tenso o simplemente por ver su reacción por chorradas como esas. Una sonrisa de “no pasa nada Amo”. Como para restar importancia y formalidad a su manera de fracasar en sus modales tan correctos, cogí yo la aceituna que quedaba con la mano y me la metí en la boca con una sonrisa de oreja a oreja. No me preguntéis de qué hablamos, pero recuerdo el Momento Aceituna como si hubiera ocurrido esta mañana. Al terminar de comer pidió la cuenta y pagó Él. A pesar de haberme corrido hacía una hora tenía las braguitas que me chorreaban, igual que la baba que luchaba por mantener en mi boca por estar comiendo delante de un hombre como Él.

Nos despedimos en la puerta del restaurante con dos besos, me dejó pasar a mi primero y caminamos en direcciones opuestas. Yo me giraba cada poco hasta que su silueta sólo era un puntito en la acera. La vida por suerte no quiso que ese fuera el final, pero yo en ese momento quería guardar su imagen en mi retina por si acaso.

Ese día fue uno de los momentos clave en mi vida con Él y en mi vida en general. La primera parte que he querido contar de tantos momentos que hemos compartido.

martes, 9 de octubre de 2018

Para ti

No sé cómo hemos llegado aquí. He perdido la conciencia de cuando empecé a echarte de menos. No sé en qué momento las cosas dejaron de tener solución para ti. Sí que recuerdo las cosas que he hecho mal y las otras que no enfrentamos.

Amo. Porque siempre serás Amo para mí. Quiero que sepas que tú no tienes la culpa de nada de lo que siento o me pasa. Que tampoco me debes nada. Pero que soy un ser, un animal, con sentimientos y con instinto. Y aunque tu manera de dominarme no te obligue a nada conmigo, tampoco puedes borrar el poso que has dejado en mí. Porque aunque tú no quieras, ya has dejado una huella muy profunda en mí. Quizá para ti sea fácil desconectar, pero yo no soy como tú en ese sentido.

En estos meses he intentado por todos los medios dejarte, en el sentido de no atosigarte y dejarte el espacio que me pedías. Porque sin ser el mejor momento para ti había veces en las que extrañaba tanto de ti una respuesta, un camino que seguir, que esas ganas me arrastraban sin tenerte a ti en cuenta. Quiero pedirte perdón por esa falta de empatía por ti. De verdad que durante esos casi tres meses he tratado de aguantar y esperar, pero hay momentos en los que no podía. Momentos en los que sin decirte nada lloraba a solas porque te echaba mucho de menos. Y cuando te hablaba, buscándote, sólo quería estar contigo, aunque fuera mediante un teléfono. Te lo juro que así ha sido siempre. La frustración por no conseguirlo, provoca lo que tanto detestas de mí. Pero te prometo que no podía conmigo cuando lo pedía. Lucho cada día pero hay momentos en los que me rindo. Quería respuestas y zanjar las cosas, creo que todo el mundo se merece saber qué ocurre a partir de un punto. Comprendo que no fuera el mejor momento para ti y por eso dejé espacio, pero yo ya no aguantaba más. Estoy pagando con creces cada día que te agobié cuando me pedías silencio porque no podías atenderme. Estoy pagando cada día de tu sufrimiento con el doble de los míos. 

Leer de ti cosas que duelen en el pecho y en la garganta tanto como si me partieran a la mitad... Que soy imbécil por no entender que no tienes tiempo, cuando en realidad eso lo entiendo perfectamente, pero prefieres no entender el sentido de lo que digo. Lo seré también por esperar una conversación que era importante para los dos. Y seré celosa y obsesiva por buscarte y dar un poco de alivio a mi alma con la esperanza de poder verte algún día para solucionarlo. Pero lo peor es sin duda que mi dueño haya perdido toda la fe en mí. Que cada comentario mío sea entendido como un reclamo o una manifestación enfermiza. Que cada cosa que diga buscando esa normalidad que tú me pides sea tirada por tierra, porque no eres tú quien la dice o inicia la conversación. La frase que ningún niño querría oír de sus padres, de sus maestros o de cualquier figura de autoridad y respeto para ellos, porque les hundiría el suelo que pisan, es la misma que he leído hoy yo de ti: "una pena que seas así". ¿"Así" es porque no hay esperanzas para mí? ¿O porque simplemente tú no las tienes en mí? Cualquiera de las dos, pero especialmente la segunda, es lo que más hiere a una persona sumisa.

Agobiar cuando no debía, montar películas que no existían y no respetarte han sido errores terribles. Me creía con derechos y autoridad para temas que no me correspondía, te mandaba mensajes y mensajes cuando no me respondías... No sabía parar si no escuchaba lo que quería. Y lo siento mucho. Nunca te he quitado la razón por ellos y he sabido agachar las orejas cuando me lo hacías saber. Pero pasaste por encima de mí también cuando era torpe para entenderte, y mis errores eran fruto de ello y no de querer enfadarte. Es tan poco lo que sabía antes de conocerte... Pusiste unas expectativas en mí que eran imposibles de cumplir. Lo siento Amo. Ojalá pudiera hacer algo por haber sido mejor contigo. Te prometo que nunca he actuado a propósito para dañarte, que las veces en las que no paraba de escribirte era porque sentía que no me entendías. Y pensaba que si me hacía entender no estarías enfadado conmigo. Sin darme cuenta que así sólo te ponía más alterado. 

Nunca hemos tenido la opción de hacer cosas normales. Nuestra manera de arreglar las cosas era follando. Ahora no tengo ni esa manera ni la de tener una conversación normal contigo. Debí darme cuenta que follar en esas situaciones era sólo una tirita para el problema. Tenía que haberme negado a esa gratificación instantánea en favor de la solución más apropiada: sentarnos frente a frente y hablar. Esa hora aparentemente perdida nos hubiera ahorrado las miles posteriores. Pero estaba ciega de deseo por ti. Nunca teníamos muchas oportunidades de vernos y siempre que te veía me podían las ganas de que me follaras. Lo siento, debí ser fuerte yo también. 

Nunca he sentido celos de nadie que se acercara a ti. Lo único que siempre he temido ha sido que me quitaran tiempo contigo. Desde el principio nunca he puesto pegas a compartir, desde el principio de conocerte no puse ninguna objeción. Y las menciones a otras mujeres nunca fueron echas por celos. Solo que siempre que sentía que había que prescindir de algo, la opción era yo. Lo siento porque quizá me equivoco al decirlo, pero cuando las cosas te han ido mal me has alejado sin tener yo ninguna culpa. De ahí quizá mi miedo a ser prescindible. Sé que es un defecto. Pero hubiera preferido comprensión y no distancia entre los dos. 

Siento mucho de verdad no haber hecho mejor las cosas Amo. No quiero rendirme pero tampoco quiero que tú estés mal. Sabré aceptar lo que impongas aunque suponga el golpe más duro para mí. Me alejaré si es lo que pides y necesitas. Porque yo no puedo volver a escuchar de ti ciertos desprecios. No puedo Amo, me hacen daño de ti. Pero dentro de mí voy a seguir siendo tuya para siempre. He intentado pensar que era sólo un juego pero yo me siento conectada a ti aunque no sea recíproco. 

Te adoro muchísimo Amo. 
Si puedes perdonarme de verdad algún día, me esforzaré para que sirva de algo. 

martes, 25 de septiembre de 2018

Lo supe siempre

Llevo varias semanas pensando mucho en todo: la vida, las relaciones, las personas, lo que merece la pena y lo que quieres. También en los consejos que te incitan a que te rindas, a que pases página o simplemente a que dejes ir a las personas porque nada dura para siempre. 
Y por un momento, quizá por primera vez en mi vida, ambas posturas tenían el mismo peso. Yo siempre he sido muy testaruda, muy cabezota, cuando alguien me gusta o cuando creo que algo merece la pena. Precisamente por eso he escuchado también con más atención al lado contrario de mi pensamiento, ese que siempre suele estar más dormido. ¿Y si me estoy empeñando en algo que no puede ser? Algo que me hace desear aún más lo que no tengo, por lo que he llorado tanto sabiendo que no sería nunca mío. Es posible. Quizá pueda ser feliz de otra manera, aunque me resulte antinatural ahora. Una escena de una película me hizo pensar. Una sola escena contraria a la metralla de negatividad y de "Déjalo ya" que no paro de escuchar, me ha hecho caer en lo que en mi ser yo ya sabía: no puedes dejarlo. Él te puede dejar a ti, pero tú vas a seguir luchando en silencio o como te lo permita la situación por volver a verlo algún día. Porque he intentado muchas cosas: he intentado culparlo, he intentado ser egoísta de verdad y pensar en mí en todo, he intentado camuflarlo con otros, he intentado ser sumisa por mí misma... No sé, he intentado todo. Y todas esas cosas no me han hecho más felices ni más orgullosa de mis actos, ni más fuerte.  En todo caso me han hecho más desdichada porque he querido rendirme. Me han hecho revolverme y no ser todo lo buena que me hubiera gustado ser. Basta. No quiero contemplar la posibilidad de dejarlo, porque si no es mi cuerpo es mi mente la que regresa a Él. Es hora de esforzarme por lo que quiero al margen de lo que me tenga preparado Él o el futuro. Basta. No quiero más angustia por el qué pasará o por el "y si me deja de nuevo". Es hora de que batalle por conservar lo que quiero en lugar de reclamarlo.
Hay días en los que no verlo se me hace un mundo, es como si algo pesara mucho en mi cabeza y en mi garganta. Lo único que me apetece en esos momentos es dormir para no echarlo de menos. Y llorar para que mi cuerpo se alivie de algún modo. Porque correrme cada noche hasta quedarme dormida no me sirve. No me alivia. No me quedo saciada por dentro. A la mañana siguiente vuelve a fluir en mis braguitas. De verdad que intento que estos momentos no me puedan, saber que son pasajeros y que posiblemente mañana esté mejor. Sobre todo intento estar normal, que al hablar con Él no me note extraña y lo agobie. Porque es parte del castigo que creo que merezco: no molestarlo y apañarme sola. Para una persona que es sumisa y tiene tan cerca a su Amo, esto es todo un MUNDO.
¿Por qué escribo? Porque aquí me siento cerca de Él. Un poquito más al menos de lo que puedo estar sola. Quizá algún día mi vida sea la que los dos esperamos, la que podamos compartir juntos de una manera más igualitaria. Pero no está por completo en mi mano conseguirlo. Y al igual que no me frustro porque me toque la lotería, tampoco quiero hacerlo con cosas que se escapan a mi control. 
Tengo muchas ganas de verlo, muchísimas. No sabéis cuanto. Trato de estar animada por los dos, porque ahora mismo se merece todo el apoyo que pueda darle yo aunque sea separados. Pero lo extraño mucho. Estoy aprendiendo a espaciar más los tiempos. Pero no es lo mismo aguantar cuando los términos están claros que cuando hay cosas por hablar y deudas que saldar. Aunque como digo es parte de mi castigo, de las cosas que no quiero olvidar para no fallar. 
Porque yo ya sé que no lo puedo dejar, que toda mi vida lo voy a pensar. Espero tener a mi lado a una persona que me quiera y a quien yo querer con locura. Pero Él va a estar siempre conmigo, nadie le va a quitar su lugar.  

lunes, 10 de septiembre de 2018

En tus manos

Entro al baño para asearme y recuperarme. Entra Él y huelo a Él. Y me tengo que duchar para volver a la cama limpia porque lo que acaba de hacer ha roto mis esquemas, pero me ha hecho un poco más suya. Si eso era posible. 
A veces creo que no sabe de verdad lo que soy o lo que Él significa para mí. Necesito su mano dura, pero también esa calidez en su manera de actuar cuando las cosas me superan. Cuando me deja sola no sé quien soy. No sé lo que piensa de mí o si le he decepcionado tanto que ese es el motivo para negarme el hecho de hablarle. 
Echo de menos verlo cuando tanto lo necesito, cuando antes hacía algo malo y me reñía pero después hacíamos las paces. 
Sé que es algo que me debo ganar pero de verdad, ya no pido nada, no pido verlo ni pido hablar con Él. Tan sólo lo pido cuando ya me superan las ganas y la necesidad, cuando daría dinero por poder verlo. Cuando cogería miles de taxis y metros por verlo sin importar lo que costara una enculada que me pusiera en mi sitio. 
Yo siento mucho ser así, ser tan pesada muchas veces y tan lianta otras. Sólo quiero que me diga que todo está bien, que soy suya y que obedezca. No me merezco sus atenciones cuando todo lo hago mal. Pero a veces que de verdad cuando recurro a Él es porque he intentado solucionar las cosas solas y no soy capaz, y lo único que necesito es hablarlo con Él. Yo soy la responsable de solucionarlo pero hablar con Él me calma, su punto de vista siempre me ayuda a encontrar otro modo de arreglarlo. 
Me duele muchísimo defraudarlo, que me llegue a odiar o que un día no quiera volver a verme. Olvidarme de su tacto, de su cara y de su manera de follarme. No quiero dejarlo, no voy a hacerlo porque no está en mi naturaleza para con Él. Pero me da miedo perderme y que Él no quiera volver a por mí. 
Amo, yo te adoro, de verdad que intento ser mejor, y hay muchas cosas que aunque no las veas las voy superando. Pero tú eres la prueba más difícil porque es a la que más temo suspender. Porque quiero que estés orgulloso de mí. Y siento que cada vez que le pongo tanto empeño me pongo más lejos de mi objetivo y de ti. 
Y no quiero perderte. No sé como mejorar más sin tu ayuda. Me pongo en tus manos, me dejaré hacer y cumpliré lo que me mandes. Confío en ti, y espero que sepas que soy sincera, que nunca haría nada para empeorar ninguna situación a propósito.
Pero no te vayas por favor. Porque yo soy ya tuya. Siempre. Porque existo y te he conocido Amo. 
Me gusta servirte y que me uses, y no me imagino pasar los días sin notar tu peso en mi cuerpo. 
Te adoro. 

sábado, 8 de septiembre de 2018

No eres tú

Quizá llegue un día en el que pueda "dejarlo" de verdad cuando lo diga. Y no me refiero a dejar de hablarle o dejar de verlo, simplemente a dejar de buscarlo, a dejar de tener tantas ganas de verlo y necesitarlo como hoy. Es muy difícil de expresar así que no toméis literal mis palabras. No quiero pensar en ese día porque tal vez no llegue nunca, o tal vez llegue de un modo en el que no imaginaba.
Hoy por hoy lo que sé es que me gusta y necesito estar cerca de Él, sea de la manera que sea. No puedo dejarlo ahora porque el modo en que me ha educado y me ha introducido en este mundo es muy difícil de llevar en soledad. No me ha hecho suya con 18 años cuando sabes que el primer amorío es sólo eso, algo pasajero. Lo hemos hecho en un momento de cierta madurez para ambos, con un sentido y una racionalidad que no son propios de dos adolescentes. Yo me he implicado mucho más de lo que pensaba en un primer momento, he hecho des sus normas las mías y ahora mismo no puedo fingir que nada ha pasado. No quiero decir con ello que no conozca gente o me cierre a otras opciones, pero cuesta mucho decir "vamos a dejarlo y ya no soy suya", porque no funciono así. Yo he sido muy sincera con Él y conmigo misma. He superado muchas rabietas y maneras de ver las situaciones con las que antes no podía, siendo todas ellas las que me dominaban a mí. Pero lo que siento no lo puedo cambiar, puedo cambiar solo la manera de afrontarlo tal y como lo estoy intentando. 
Y no paro de pensar en lo corta que es la vida, en lo rápido que pasa el tiempo. Antes pensaba que tal vez podría de verdad intentarlo con otra persona, provocar ese cambio. Pero es que siempre que lo he intentado así ha sido en vano. Sé que me juzgaréis y me diréis que yo boicoteaba las relaciones o que en realidad no quería cambiar mi situación, pero por desgracia no era así. Ojalá haber tenido delante a la persona adecuada, pero lo único que hacía era buscar algo en ellos que no existía con mis ganas de intentar que funcionase de verdad. Pero ahora he dejado de intentarlo con cualquiera, he dejado de agarrarme al primer clavo ardiendo que aparecía en mi vida. Porque me doy cuenta que no puedo forzar algo así, y quizá tampoco Él quiera hacerlo conmigo. Pero yo siento que se me va la vida en estos momentos en que el universo nos pone en el mismo lugar, sin límites insalvables que nos impidan estar juntos. Y me duele el cuerpo y el corazón por no poder decirle lo que me apetece que me dé por culo hasta que me lo rompa. Porque la vida tarde o temprano se encargará de ponernos en lugares o situaciones que nos separen, sin embargo hoy por hoy nos permite estar juntos. 
Yo me siento tan suya que podría pasar sin sexo, sin que me sodomizara como lo hace, aunque ejerciera tan solo un dominio verbal, interior, sobre mí. Si ahora mismo me preguntaran si sería suya teniendo Él veinte años más de los que ya tiene, diría que sí. Porque es su persona y su mente lo que más adoro en el mundo, su forma de ser conmigo y nuestros roles. 
El pasado fin de semana pude estar con Él un día, y aunque no estuviéramos follando todo el tiempo, hizo cosas que me marcaron tanto o más que una rotura de culo. Y no quiero desperdiciar lo que somos por pensar en lo que es mejor o peor para un futuro que no controlamos nosotros. Porque yo me siento plena teniéndolo conmigo, me siento ubicada en el presente, sabiendo lo que debo buscar y lo que es mejor para mi futuro. Pero hasta que eso llegue y nos impida tener el regalo que tenemos hoy, quiero estar con Él. 
Sé que el hombre con el que quizá un día comparta mi vida, mis rutinas y mi casa, no va ser Él. Y es una putísima mierda ser tan consciente de ello, porque nunca me he hecho ilusiones al respecto. Y sé que los hombres que conozco y los que pueda conocer no van a ser Tú. Conectaré risas, anécdotas y experiencias a las que he vivido contigo, porque eres mucho para mí Amo. En su momento sabré dar a cada cual su lugar. Así que por favor déjame estar contigo ahora que podemos. No me prives de ti, porque yo me siento tuya. No tires por la borda lo que podemos ser. Pase lo que pase, lee bien, nunca te voy a dejar y a dejar de considerar mi dueño.