Libremente soy Tuya

Libremente soy Suya

viernes, 26 de mayo de 2017

Risas, chocolate y el azul del cielo.

Hoy toca breve relato de lo que más nos gusta ser...
Me quito la ropa delante de Él porque esta vez lo esperaba vestida, sabiendo que cada vez que estreno algo el Amo debe evaluarlo. Lo ayudo a Él a quitarse los zapatos y los calcetines, y sigo con su pantalón. Olvido decirle que las braguitas que llevo son las que llevaba cuando lo conocí y me folló por primera vez. Me pregunta si llevo braguitas de repuesto. Ante mi afrimación se sonríe, recordándome lo puta que soy. Lógicamente de mi mente desaparecen todos los recuerdos y las palabras. Ya estoy con Él y solo deseo que me dé lo que merezco.
Y esta vez no serán cositas bonitas de primeras... No me dará gusto como últimamente hacía nada más verme. Ya venía advertida, muy consciente de que no soy siempre princesa. Me encanta sentir esas expectativas y esa incertidumbre en mis muslos. Noto como las braguitas se mojan al pensar en Él de esa manera tan animal y lasciva. Cuando por fin lo tengo delante, podría desacerme en su mano al primer contacto. Me pongo en posición: hoy me pide que sea a cuatro patas. Mete su polla por mi pequeño agujerito y mi culo se abre fácil a Él. No lo entendemos. No sabemos cómo es posible que abriéndose tan fácilemente siga estando apretado. Ni tampoco entenemos que lo disfrute sin padecer. No es una entrada preparada de forma natural para recibir polla, y sin embargo en mí sí. Me embiste cuando ya ha entrado del todo, me coge del pelo y lo oigo gemir y regodearse de gusto. Me pide que me acueste del todo sin sacarme la polla del culo. Me gusta esta posición... Notar su peso y su boca en mi cara y cuello. Me hace sentir vulnerable y deseada... Sale de mí y me estiro como un gato al que acaban de despertar. Me arrastra de los tobillos hasta el borde de la cama. Él, en el suelo, comienza a bombear en mi culito. Se agarra de mis hombros para darse impulso y toca la cara como para que me quede quieta. Al salir por segunda vez de mí me relajo pensando en que ya se ha acabado, en que mi parte trasera ha cumplido por ahora. Pero soy tan ilusa... Si lo pienso ahora me mojo al recordar lo listo que es. Me folla el coño estando Él encima de mí, me mira, me escucha gemir, siento su respiración en el hueco de mi hombro. Me pone la mordaza y me dice lo bonita que estoy así. Me la vuelve a quitar para que le diga lo mucho que me gusta que me abra el coñito. Cuando me corro me aferro a su cuerpo como si me fuera a caer si lo suelto. Se separa un poco de mí, me mira con una sonrisa dulce, me besa y yo le doy lametones de cariño y satisfacción. Mi coño palpita y Él lo nota. Se queda quieto mirándome, como esperando a que me relaje. Cuando comienzo a moverme debajo de sus caderas para rozarme se separa más de mí, y sale. Alzo los brazos como una niña que quiere que su papá la coja. Pero no... El Amo me abre las piernas y me la mete por el culo. Estando boca a arriba la noto muy profunda en mi estómago, pero no es eso por lo que me revuelvo rabiosa. Estaba muy a gusto con su polla en mi coño, me daba mucho placer rozarme contra Él, y el golpe con el que entra en mi culo borra todo eso de golpe. Me pone la mordaza y gruño bajito. Sé que le da mucho placer verme así y no poder rechistar por ser Él quien tome las riendas. Y a mí me encanta... Se me olvida la sensación de placer en el coño y otra invade todo mi cuerpo. No hay luchas internas ni conflictos, tan solo el abrazo más intenso de mi esencia. De lo que soy. De lo que me hace vivir esto tan plenamente y sin clichés ni tabúes. 
Estoy muy satisfecha porque me preparé muy bien para ver al Amo, y dio sus frutos. Cuando fuimos a bañarnos juntos me sentía muy bien. Le di masajes pequeñitos por las piernas y en la cabeza. Fue muy gracioso porque me dijo que le apretase más, y yo le respondí que me daba miedo apretar mucho por la cabeza. Me dijo que no me preocupase, que tenía la cabeza muy dura. Yo me sonreí y contuve la risita, aunque el Amo estaba con los ojos cerrados y no podía ver la expresión de pilla en mi cara. Saqué valor y se lo solté: "ya, si no hace falta que me digas que tienes la cabeza dura. La tienes muy muy dura...". Me reí para que entendiera mi pique, y como es muy listo pensó que efectivamente le estaba llamando cabezota. Abrió los ojos a pesar de que yo no cesé en mi masaje y me miró con una de esas expresiones que cortan la risa. Sin embargo por dentro seguía igual de risueña. Me gusta que podamos bromear y reírnos, sabiendo por supuesto que luego mi culito puede permanecer abierto más tiempo de la cuenta... 
Al salir del baño vimos una serie los dos tirados en la cama, le pedí permiso para subir a la cama porque al entrar en la bañera lo olvidé y tuvo que recordármelo. Le llevé gominolas y chocolate para picar. Aunque en mitad de la serie picó de otras cosas también... Está claro que no podemos estar juntos mucho rato sin recurrir al contacto. Me complació dándome por el coño otro ratito, me corrí tan plena que cuando volvió a sodomizarme lo disfruté infinitamente a pesar de lo que llevaba ya mi cuerpo. Se corrió en mi cara y me mandó al baño a que me limpiase. Terminamos de ver la serie entre risas y bromas. Me sentía tan bien al salir a la calle. No sé cómo explicarlo pero era una sensación de paz conmigo misma. No era el latir nervioso de no saber lo que pasaría mañana o el mes que viene. No me sentía princesa en ese momento, tan solo su pequeña putilla. Sonreí contenta y me fijé en lo azulque estaba el cielo.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Dame calor


Estamos acostados en la cama, está inquieto y me atrae hacia Él: "ven, dame calor". Quiere aprovechar mi cuerpo para arroparse, ser yo quien espante sus pensamientos y lo calme. Así tumbados, con sus brazos rodeándome, no me importa nada más en el mundo. Alargo mi brazo hacia atrás y le acaricio la cabeza. Me dice que le gusta, que siga. Me encanta hacer algo de manera espontánea y acertar con lo que necesita en el momento. No hay nada mejor para una persona que adora complacer a otro.
Si me dieran a elegir un regalo que Él pudiera hacerme, elegiría sus palabras. Me ha educado con ellas, me ha enseñado, me han dado alegría, ganas de follar y a veces también llanto. Y las elegiría porque para mí no hay nada más bonito que el sentir. Cuando una persona te resulta indiferente, nada de lo que diga te cala demasiado. En estos momentos, para mí es imposible no pensar en el futuro. No sé lo que va a ocurrir. Ese siempre ha sido un miedo grande para mí, yo que planifico hasta el último detalle para que todo esté a su gusto y no haya imprevistos. Si falla algo que no puedo controlar me pienso responsable. Y no es mi tarea la de culparme más allá de lo que Él pueda regañarme, pero a veces lo hago. Por eso ahora más que nunca pienso en lo que podría haber hecho mejor en el pasado. 
Nunca creí que pasaría, que tendría que llegar el día. Yo quiero vivir acompañada siempre de sus palabras, ofrecerle las mías y estar ahí siempre el uno para el otro en la medida de nuestras posibilidades. Las posibilidades que han sido siempre, jugando a las cartas que la vida nos ha dado. Aceptando las particularidades del otro y no exigiendo nada. Hace mucho tiempo que abandoné ciertos pensamientos. Puede que nunca los tuviera o que siempre se hayan manifestado a modo de fantasía. No quiero recordar las palabras malintencionadas de personas ajenas que fueran el prólogo del presente.
Quiero recordar todo lo bonito que hemos vivido, esperando que algún día pueda recuperar un pedazo pequeño cuando llegue el momento de obedecer y apartarme. Quiero recordar siempre su sonrisa de cabrón cuando me rompe el culo sin avisar. Quiero recordar sus ojos cuando están a menos de un palmo de los míos. Quiero recordar esa otra sonrisa que se le dibuja cuando me ve con la mordaza, esa sonrisa que es la más pura y tierna. Quiero recordar el tacto de sus manos en mi coño, buscando mis ganas y notando esa humedad que siempre va conmigo. Quiero recordar esa otra sonrisa espontánea y sonora que surge al escuchar alguna ocurrencia ridícula mía. Quiero recordar su cuerpo entero al tacto de mis manos, no olvidarme jamás de él. Quiero recordar su olor, por favor que nunca se me olvide eso. Y quiero recordar su polla, porque para mí es tan bonita como cualquier otra parte de su cuerpo. 
Los cambios me asustan, no saber cómo nos veremos el uno al otro después, no saber si Él seguirá deseándome. Así que quiero dejar de pensar. Ser solo su perra y darle calor, aprovechar cada segundo que tenga a su lado. No me preguntéis cómo puedo saberlo, ni me digáis que no puedo estar tan segura, pero lo sé. Sé que siempre estaré ahí para el Amo mientras que Él me busque y lo desee. Solo si Él me aleja dejaré de buscarlo con acciones, dejaré que el tiempo borre la rutina de esperar o las ganas de escribirle. Sin embargo en mi interior seguirá estando Él, el instinto es imposible perderlo. Al final no sé quien ha dado más calor al otro. Mi complemento y mi mitad para muchas cosas. Tantas que se han borrado los límites de nuestro ser. 

domingo, 30 de abril de 2017

Mis normas

Estoy muy contenta de mis pequeños cambios. Poco a poco voy estabilizando mi parte sumisa con mi vida cotidiana. Me he creado para mí misma una serie de normas o de pasos que me ayudan en situaciones en las que antes le escribiría decenas de mensajes. 
Cuando surge un conflicto en mi interior trato de analizarlo una vez pasado el enfado, dejo que pase ese momento crítico y reflexiono. Lo primero para mí es identificar si es algo que Él puede solucionar y en lo que está involucrado, o si es solo una rabieta mía. Esto es importante porque si se trata de lo primero no lo puedo gestionar yo sola, puesto que al Amo también le afecta por ser mi dueño. Sin embargo, si se trata de celos infundados o de inseguridades mías, debo tratarlo yo sola. Por mucha rabia que me dé o por la razón que crea tener. Esa razón que pienso que tengo es la que me hace hablar con Él de manera exigente y reclamante. 
Os voy a enumerar de manera sencilla mis normas a lo largo del proceso que he explicado, desde que surge un problema hasta que lo soluciono. 

1. Identificar la causa de mi rabia y ser sincera con ello, si no no podré solucionarlo. 

2. Si le incumbe a Él debo explicárselo sin ser exigente, siendo lo más educada posible y sabiendo donde está mi sitio.

3. Aceptar su respuesta, sea la que sea. Esta es una parte que cuesta, pero si aceptas que lo que cuenta es su visión del problema, no te torturas culpándote a ti misma ni dándole vueltas a una situación que está zanjada para el Amo. 

4. Si no le incumbe a Él debo tratarlo yo sola. Escribo, me pongo a trabajar o hago lo que sea para no pensar. Durante unas horas el problema seguirá en mi cabeza, pero sin interferir con el Amo ni con mi vida. Al menos trataré de no exteriorizarlo. 

5. NO escribir en twitter si estoy ofuscada todavía. Puedo hacer una pequeña reflexión, pero no quejarme porque eso es exteriorizarlo aunque no me dirija a nadie en concreto. 

6. Lo que me ocurra con Él nos atañe solo a los dos, no debo involucrar a terceras personas estando triste por una situación particular. 

7. Tratar de no darle importancia, porque si lo hago al final estaré triste de verdad y todo por un drama que he montado yo sola. Y eso es lo que de verdad le molestará al Amo. 

8. Si a pesar de ello me porto mal, insisto, le escribo y hago oídos sordos a sus palabras, tendré que aceptar las consecuencias de mis actos. 

9. Valorar si vale la pena ponerse así por algo que quizá sea mejor hablar en otra ocasión, o estando juntos por ejemplo. 

10. Respetarlo. Si es mi Amo, lo es para todo. Por poner el ejemplo más recurrente, si yo quiero hablar y Él quiere que me calle, pues tendré que hacerlo y esperar a que Él me dé permiso. 

Estas normas me sirven a mí porque están sujetas digamos al carácter de ambos. Pero sí que algunas quizá se puedan generalizar a todo tipo de relaciones. 
Yo no las tengo todas dominadas, pero la rutina y la fuerza de voluntad por querer ser buena es una motivación muy grande. Lo bueno de todo esto es que haya una repercusión, y por suerte el Amo me explica las cosas para no volver a hacer mal y me premia cuando lo merezco. Y lo mejor: me explica como se siente Él. Cuando ves que tus acciones afectan a los demás, os aseguro que pensáis las cosas de otra manera. 
Aceptar tus fallos y desear cambiar es el paso más importante de todos. Por ti lo primero. Y si tienes a una persona al lado que lo valora, como es Él, pues ya es todo perfecto. Gracias Amo por enseñarme despacio. 

lunes, 24 de abril de 2017

Pérdidas

Miro sus ojos. Reflejan tan bien lo que siente por dentro. La mayoría de veces transmiten felicidad, una felicidad que no es fingida. Tiene todo: amor, cariño, una familia que la quiere, una casa... ¿Y por qué a pesar de ello no era feliz? Creo que ha aprendido, creo que nadie te puede enseñar mejor que una misma. Ella solía decírmelo, y tenía mucha razón. ¿Y por qué yo también a veces estoy triste? No tengo tanto como ella, pero en una escala del uno al diez, tengo más de la mitad de cosas que me hacen feliz. Es cierto que me faltan algunas, pero no me gusta que esas carencias se nutran de lo bueno que tengo. 
Por estas fechas, hará un año, que perdí a dos personas importantes. Me acuerdo de ellas muy a menudo. No fue culpa de nadie que se rompiese la relación, pero supongo que yo fui un poco más responsable, aunque ellas siempre me dijeron que no. Ojalá fuera de esas personas pragmáticas que cuando terminan algo son capaces de cerrar el capítulo y no volver a sentir nostalgia. Pero eran importantes para mí y a día de hoy no las olvido. Poco después perdí la relación con otra amiga. Fue una persona importante para mí también. Me vio loca de contenta cuando Él me avisaba para quedar. Me observaba planificar todo con detalle para no olvidarme nada que a Él le pudiera gustar. Me vio esforzarme por cambiar y ser mejor para el Amo. Y me veía con lágrimas en los ojos cuando discutíamos. Sabía lo importante que era para mí todo aquello y el gusto por querer agradarlo.  Por el conocimiento tan grande que tenía de mí quizá esperaba que hubiera actuado de otro modo. Cuando las perdí, yo era plenamente consciente de mis errores y de los suyos. Dos no discuten si uno no quiere, y cuando algo se rompe no es solo una persona la responsable. Me arrepiento de mi actitud y de no haber sabido manejar mejor las situaciones. Al menos ya lo he vivido y sabré cómo enfrentarlo si sucede de nuevo. Las echo de menos, con las dos primeras podía hacer bromas que con nadie más he sido capaz a día de hoy. Solo puedo hablar por mí, pero eran mis amigas y aunque no pueda hablar con ellas, las sigo considerando así. Por eso los golpes duelen más. 
Mucho he cambiado desde entonces. En cuanto a relaciones de amistad aún me queda por madurar, pero respecto al Amo noto muchos avances. Los celos que podía sentir antes, se han ido diluyendo. Y cuando los siento no se los manifiesto para recriminarle nada ni para hacerlo sentir mal. Trato de quitarles importancia. En cuanto a ir detrás de Él y necesitar continuamente de sus atenciones he modificado mi comportamiento y mi manera de expresar las cosas. Cuesta a veces, pero trato no decepcionarlo. Las expectativas es una cuestión a trabajar, pero cada vez voy mejor. En general me siento buena alumna. Creo que estoy demostrando que puedo cambiar y me gustaría recibir ese voto de confianza más directamente por su parte. De sentir que se nota mi esfuerzo. Porque cuando me da su apoyo y cree en mí, me pongo las pilas y me empleo más a fondo. No quiero que se asuste cuando me sincero con Él. Jamás le pediré más de lo que ya tengo, pero confío en Él para que me tienda esa mano cuando lo necesito. Recibir un halago por su parte es estupendo, mejor que un regalo. Sus palabras siempre me han hecho bien, sean para reñirme o para felicitarme. Para mí significan saber en qué mejorar. No busco más que crear bases seguras. Confío en Él y por eso sé que lo que me diga me servirá para aprender. Es así, eso para mí es pertenecer y obedecer las palabras de tu Amo. No solo con acciones si no con la actitud que denota que sus palabras no son aire, que tienen peso para modificar mis actos.
Y perdonad si he insistido, pero cuesta obedecer a una persona y saberte callar cuando te lo imponen, reprimir el orgullo o la soberbia, y agachar la cabeza. Parece sencillo: es tu Amo y debes obedecer. Pero no hemos nacido y sido educados con esa predisposición. Y me parece justo recalcar el trabajo que hace la parte sumisa por agradar, comprender y mejorar para que su Amo esté contento. 
No hay nada más bonito que sentir esa conexión con alguien. Cuidadla bien y recompensadla cuando sea merecida. No quiero perder a nadie más ni verme alejada de las personas a las que quiero. Ellas nunca van a perder ese hueco que tenían en mi corazón. Y a Él lo adoro, no hay día que se me quiten las ganas de decírselo. El Amo ya tiene su hueco dentro de mí. 

domingo, 16 de abril de 2017

Para Él, para nosotros

Un tuit no iba a dejar claro mi mensaje. Iba a quedarse corto para todo lo que siento y quiero escribir, de modo que voy con una entrada. Parecerá reiterativa quizá pero me parece necesario dejarlo claro para Él. 
La última vez que nos vimos yo pensaba un poco en las prácticas sexuales de las demás mujeres. En prácticas vainilla, sobre todo. Va un poco a hilo de la última entrada, pero os pondré un poco en antecedentes. Pensaba en mujeres que no necesitan entregarse, en mujeres orgullosas que no ceden por su hombre. Machista, me diréis. No voy a entrar en esos temas, porque no vienen al caso. Yo considero que si quieres a una persona, seas hombre o mujer, vale la pena "sacrificarte" un poco por él o por ella. Sin embargo es cierto que dentro de las relaciones D/s, y en el mundo que vivimos tan susceptible a la crítica, es muy fácil caer en que te dejas porque eres tonta, porque eres débil o banalidades como esas. Y no. Yo hago lo que hago porque me gusta, porque yo soy así si tengo delante a una persona que creo merecedora de respeto y admiración como es Él. No me puedo entregar así, tan alegremente, a cualquiera. Primero porque necesito sentir esa superioridad que el Amo se ha ganado. Y segundo porque no puedo confiar en cualquiera para hacer ciertas cosas. 
Cuando he compartido esos pensamientos con el Amo, su mente también bulle y piensa si es que tengo dudas o si es que me ha dejado de gustar lo que hago. Y ni lo uno ni lo otro. Él ya lo sabe, por eso a título posterior escribo esto. Algo que me he propuesto es que todo lo que escriba haya pasado antes por una conversación entre ambos. Que ni este blog, ni tuiter, sea un lugar donde descargar nada, tan solo un lugar para terminar de plasmar nuestras ideas. Cuando estoy con Él no hay otro sitio donde desee estar ni otra cosa que desee hacer. Esos pensamientos son solo comparaciones que mi mente hace pero que no condicionan ni alteran mi visión con Él. 
Nunca he dudado de Él. Nunca. Ni por un segundo. En todos estos años juntos, con sus altibajos y sus problemas incluidos, no ha habido un solo día en el que no lo deseara. No ha habido un día en el que no quisiera recorrer la distancia que fuera por unos minutos a su lado. Pienso en Él, en mi Amo, en estar juntos, en que me rompa el culito y me babosee, en sus ojos grande y profundos, en que me folle y me pida besos, en ser suya en todos los aspectos... Y qué queréis que os diga, pues se me hace el coño agua y solo querría que se parasen los relojes para estar en el mismo segundo con Él. Estoy feliz siendo su perrita. Me gusta que me eduque, que me enseñe y que comprenda que me hace muy dichosa servirlo. Y que cuando fallo nunca dejo de desearlo, que tan solo me entristece no haber demostrado estar a la altura. 
Y no sé, me parece que no me dejo nada. Tan solo que estoy deseando verlo, que me rompa el culito. Que me haga suya físicamente, que me sodomice y poder ser de nuevo pequeñita bajo Él. Me gusta ese ambiente que solo el Amo sabe crear: yo bajo su cuerpo, su polla en mi culo y sus brazos rodeandome, como si así siempre estuviera protegida de todo. 
Te adoro Amo. 

miércoles, 5 de abril de 2017

Pensamientos que cruzan tu mente cuando...

Estás ahí tumbada, Él está sobre ti. El culo abierto con su polla dentro. Su cara lo dice todo, no hay placer mayor en ese momento. En tu interior estás serena, llena, tranquila y sin que nada te pueda asustar. Por qué te gustará tanto…
En parte es dolor, es quedarte jodida como mínimo toda la tarde. No tiene ninguna explicación lógica, salvo la que sientes dentro de ti. Tu Yo anterior se zafaría de ese sometimiento, te pondrías altiva y reclamante. Y te preguntas por qué si sentías esa pizca de rabia no actúas con coherencia. Levantas la vista y lo ves. Lo comprendes todo en un segundo. Porque es Él. Porque es tu dueño y porque ese segundo de rabia, de no entender o de como queráis llamarlo, no puede nublar la felicidad que sientes al someterte. Aprietas el culo y te corres y ves su boca sobre la tuya, y lo llamas cabrón y te abrazas a Él sabiendo que no se ha terminado. Eres suya, voluntariamente entregada y feliz.

No sé si muchas de vosotras, quienes vivís una relación D/s o BDSM, habéis experimentado una sensación así. Tan ambivalente y que te sacude tan dentro. He tenido amigas a las que sé que les ocurría algo parecido así que no es algo que me atormente, ni mucho menos. Desde que empecé con el Amo, prácticamente he estado yo sola, no he tenido a casi nadie con quien compararme o con quien intercambiar relatos de mis experiencias. Así que tampoco es que necesite el respaldo de un grupo para aprobar lo que hago. El caso es que cuando ese sentimiento me nace recuerdo la rebeldía con la convivía en mi interior antes. Recuerdo lo exigente que era: ser sumisa de boca pero no de acción. Me siento orgullosa porque cuando ahora me vienen brotes de aquello, sé razonarlos. No me pongo reclamante para que me folle así, me dé un beso de esa manera o me trate de otro modo. Al contrario, he aprendido a aceptar lo que me ofrece y a agradecer cuando me consiente, que no son pocas las veces que ocurre. Pero nada se iguala a la gratitud que siento cuando me sodomiza. Claro que me gusta que me folle el coño, es algo que me vuelve loca y me hace disfrutar infinitmente. Pero el culo es algo muy nuestro, y la manera de hacerlo es lo que define las posiciones de cada uno. Por eso quizá nunca lo he rechazado ni me he rebelado en contra. La pizca de orgullo y rabia que puedes sentir o “yo me quedo jodida y Él no”, desaparece. Desaparece esa parte de ser una princesa a la que tienen que tratar entre algodones. Porque no lo quiero. Porque yo me merezco ser sometida por Él. Y lo digo orgullosa: me lo merezco porque me gusta y porque es mi naturaleza en cuanto al sexo y a mi vida con Él. Y si Él un día deja de dármelo, es de las pocas cosas que quizá podría reclamar desde mi lugar. Es mi derecho como su sumisa. No lo digo de modo imperativo, si no más bien siendo consciente de que lo que puedo exigirle se acoge a una parcela pequeña.
No quiero derechos ni privilegios más que los que Él quiera ofrecerme. Quiero ser suya siempre y olvidar con Él mis caprichos de princesa y mi tono altivo. Algún día podremos hablar como iguales, manteniendo el respeto siempre hacia Él sin que tenga que estar como un sargento para que yo guarde mi sitio. Y sé que ese día llegará porque veo una evolución en mi modo de afrontar las cosas. En mi interior. Y es en parte gracias al Amo y a su manera de explicarme las cosas cuando obro mal.
Adoro tu manera de ser Amo y tu forma de abrirme el culo.

domingo, 26 de marzo de 2017

No tengo planes, te tengo a ti

El horizonte está en blanco, no hay nada que me preocupe, ningún plan que requiera mi esfuerzo para ser perfecto, ninguna expectativa que cumplir, ningún miedo a corto plazo que superar. Y es que hoy por primera el Amo y yo hicimos planes. Íbamos a comer juntos y al parecer pasaríamos más rato juntos de lo normal. Yo estaba muy emocionada y sabiendo el trabajo que tiene últimamente se lo agradecí nada más proponerlo. Cuando la hora se acercaba miraba el móvil cada vez que me llegaba una notificación por si era Él con algún contratiempo, pero no. Llegó un punto en el que me cansé de ese estúpido ritual. Me dije a mi misma que no pasaba nada si las cosas no salían según lo planeado. Yo lo que quería era verlo y estar un rato juntos, y eso lo iba a tener.
Todo salió según lo planeado y cuando tenía todo listo llamó a la puerta de mi casa. Le abrí y, como siempre, me lo comía con la mirada. Está tan guapo que no me canso de mirarlo. Lo espero con ropa interior, camisa y medias de liga negras. No llevaba hoy falda al trabajo pero me apetecía esperarlo un poco más arreglada. Le abro la puerta sonriendo y camino a cuatro patas por el pasillo con la guía de su mano en mi pelo. "Que bien sabes caminar ya como las perritas". Me río bajito, pero tiene razón, me estoy convirtiendo en una experta. Le quito los zapatos y lo ayudo con el resto de su ropa. Después comienzo con la mía y me ordena que me quite solo la parte de arriba. Me empuja en la cama para que caiga boca arriba y me quita las bragas. Tenía muchas ganas de que esto ocurriese, ambos sabemos el significado que hay detrás. Me separa las piernas y me come el coño. Dios mío... Su boca ahí me hace dar un respingo, mi espalda se arquea y las puntas de los pies se me tensan. Sus manos acarician mis tetas y las mías su pelo. Dejo mis piernas reposar en su espalda y me muevo deseosa de fundirme con Él. No quiero que acabe pero me entran muchas ganas de correrme. Le pido permiso para ello y el como lo hago es algo que guardaré siempre para nosotros. 
"Ahora te voy a enseñar como se hacen las cosas siendo un cabrón de verdad..." Me coloca de espaldas, preparo mi culito a sabiendas de lo que viene y se hunde en mí. Su polla me roza más que la última vez, pero en el momento que rompe mi barrera me relajo por completo. Es como la rendición más absoluta, una vez superado eso ya puede usarme como quiera. Y lo sabe... Y lo aprovecha... Y me pide que le apriete el culo... Y lo hago... Se ríe, ve el fruto de su trabajo en mi obediencia. Me sodomiza a placer y yo lo aguanto sosegada agarrada a sus brazos. Cuando reposa su cabeza junto a la mía aminora el rimo hasta hacerlo desaparecer, es mi momento favorito. Él y yo, nuestros ojos marrones conectados, como si no existiese nada más en el mundo en ese preciso momento. 
Me da la embestida de gracia en el culo y me da la vuelta. Abro las piernas y lo acojo dentro de mi hueco. Rodeo su cintura con mis largas piernas y agarro su culo con una mano, mientras con la otra acaricio su cara y su pelo. "Esto ya no duele tanto ehh...". Hago mohines y pucheros contenta. Me hace muy feliz sentirlo encima de mí, estoy a salvo y protegida de todo. Ojalá nunca nos alejemos tanto como para perder mi sentido de entrega a Él y el suyo de poseedor para conmigo. Mi boca lo busca y la suya me encuentra. Lo siento en todo mi cuerpo. Si hay una manera de volar sin tener alas debe ser esta. Mi último orgasmo me lo ofrece quedándome boca abajo en la cama. Así solía correrme cuando era virgen. Movía mis caderas haciendo el amago de follar. Pero esta vez en lugar de hacerlo contra una almohada o un peluche lo hacía con su polla en mi coño. Me masturbaba. Él debía de sentirme muy prieta en el momento de correrme. 
Cuando nos ponemos a comer y a ver una serie en la cama me coloco encima de Él a sus órdenes, le acaricio la espalda hasta llegar a su culo y subo a sus hombros para terminar en su pelo. Me encanta acariciarlo, y más si Él lo pide. Pasamos así casi todo el rato en el que transcurre la serie. Bromea conmigo, me acaricia y me besa. Sus comentarios son los más ocurrentes para mis oídos, mi risa sincera y despreocupada inunda la habitación y me ovillo en el hueco de su cintura cuando recuerda mi vida antes de conocerlo. Por suerte ya pasó, por suerte Él está en mi vida y tengo la fuerza en mí para aprender y afrontar lo que venga. 
Voy a comerle la polla, a lamerlo entero y a dejar que se funda con mi mano y mi boca. Aminoro el ritmo aprovechando para mirarlo, mientras mi mano se desliza por su polla recta y dura, mi lengua y mis labios lamen y besan sus huevos. Subo lentamente hasta la punta y de nuevo comienzo a chupársela. Lo estoy disfrutando tanto como Él, mis caderas se mueven y mi culito se torna respingón. Él lo acaricia y yo gimo con su polla en mi boca. Ya no aguanta más, demasiado ha soportado las tentaciones de mi cuerpo. Me tumba, me esparce el pelo y me acomoda la cabeza. Entonces Él se coloca sobre mí, se pajea en mi cara y me lefa la cara. Su corrida me llega a los sitios donde jode de verdad y me sonrío relamiéndome. Al mirarme al espejo sonrío con el alma plena. Es un placer para mí ver el fruto de lo que provoqué. Me siento muy puta, muy mujer y poderosa desde mi posición.
Pocas mujeres que no vivan esto como yo lo entenderán, muchas lo criticarán por desconocimiento. Pero yo, pequeña e inconsciente para muchas otras cosas, lo comprendo y lo vivo a la luz de lo que es: una entrega desinteresada y la doma que merece mi natulaleza. 
Suya.