Libremente soy Tuya

Libremente soy Suya

domingo, 16 de abril de 2017

Para Él, para nosotros

Un tuit no iba a dejar claro mi mensaje. Iba a quedarse corto para todo lo que siento y quiero escribir, de modo que voy con una entrada. Parecerá reiterativa quizá pero me parece necesario dejarlo claro para Él. 
La última vez que nos vimos yo pensaba un poco en las prácticas sexuales de las demás mujeres. En prácticas vainilla, sobre todo. Va un poco a hilo de la última entrada, pero os pondré un poco en antecedentes. Pensaba en mujeres que no necesitan entregarse, en mujeres orgullosas que no ceden por su hombre. Machista, me diréis. No voy a entrar en esos temas, porque no vienen al caso. Yo considero que si quieres a una persona, seas hombre o mujer, vale la pena "sacrificarte" un poco por él o por ella. Sin embargo es cierto que dentro de las relaciones D/s, y en el mundo que vivimos tan susceptible a la crítica, es muy fácil caer en que te dejas porque eres tonta, porque eres débil o banalidades como esas. Y no. Yo hago lo que hago porque me gusta, porque yo soy así si tengo delante a una persona que creo merecedora de respeto y admiración como es Él. No me puedo entregar así, tan alegremente, a cualquiera. Primero porque necesito sentir esa superioridad que el Amo se ha ganado. Y segundo porque no puedo confiar en cualquiera para hacer ciertas cosas. 
Cuando he compartido esos pensamientos con el Amo, su mente también bulle y piensa si es que tengo dudas o si es que me ha dejado de gustar lo que hago. Y ni lo uno ni lo otro. Él ya lo sabe, por eso a título posterior escribo esto. Algo que me he propuesto es que todo lo que escriba haya pasado antes por una conversación entre ambos. Que ni este blog, ni tuiter, sea un lugar donde descargar nada, tan solo un lugar para terminar de plasmar nuestras ideas. Cuando estoy con Él no hay otro sitio donde desee estar ni otra cosa que desee hacer. Esos pensamientos son solo comparaciones que mi mente hace pero que no condicionan ni alteran mi visión con Él. 
Nunca he dudado de Él. Nunca. Ni por un segundo. En todos estos años juntos, con sus altibajos y sus problemas incluidos, no ha habido un solo día en el que no lo deseara. No ha habido un día en el que no quisiera recorrer la distancia que fuera por unos minutos a su lado. Pienso en Él, en mi Amo, en estar juntos, en que me rompa el culito y me babosee, en sus ojos grande y profundos, en que me folle y me pida besos, en ser suya en todos los aspectos... Y qué queréis que os diga, pues se me hace el coño agua y solo querría que se parasen los relojes para estar en el mismo segundo con Él. Estoy feliz siendo su perrita. Me gusta que me eduque, que me enseñe y que comprenda que me hace muy dichosa servirlo. Y que cuando fallo nunca dejo de desearlo, que tan solo me entristece no haber demostrado estar a la altura. 
Y no sé, me parece que no me dejo nada. Tan solo que estoy deseando verlo, que me rompa el culito. Que me haga suya físicamente, que me sodomice y poder ser de nuevo pequeñita bajo Él. Me gusta ese ambiente que solo el Amo sabe crear: yo bajo su cuerpo, su polla en mi culo y sus brazos rodeandome, como si así siempre estuviera protegida de todo. 
Te adoro Amo. 

miércoles, 5 de abril de 2017

Pensamientos que cruzan tu mente cuando...

Estás ahí tumbada, Él está sobre ti. El culo abierto con su polla dentro. Su cara lo dice todo, no hay placer mayor en ese momento. En tu interior estás serena, llena, tranquila y sin que nada te pueda asustar. Por qué te gustará tanto…
En parte es dolor, es quedarte jodida como mínimo toda la tarde. No tiene ninguna explicación lógica, salvo la que sientes dentro de ti. Tu Yo anterior se zafaría de ese sometimiento, te pondrías altiva y reclamante. Y te preguntas por qué si sentías esa pizca de rabia no actúas con coherencia. Levantas la vista y lo ves. Lo comprendes todo en un segundo. Porque es Él. Porque es tu dueño y porque ese segundo de rabia, de no entender o de como queráis llamarlo, no puede nublar la felicidad que sientes al someterte. Aprietas el culo y te corres y ves su boca sobre la tuya, y lo llamas cabrón y te abrazas a Él sabiendo que no se ha terminado. Eres suya, voluntariamente entregada y feliz.

No sé si muchas de vosotras, quienes vivís una relación D/s o BDSM, habéis experimentado una sensación así. Tan ambivalente y que te sacude tan dentro. He tenido amigas a las que sé que les ocurría algo parecido así que no es algo que me atormente, ni mucho menos. Desde que empecé con el Amo, prácticamente he estado yo sola, no he tenido a casi nadie con quien compararme o con quien intercambiar relatos de mis experiencias. Así que tampoco es que necesite el respaldo de un grupo para aprobar lo que hago. El caso es que cuando ese sentimiento me nace recuerdo la rebeldía con la convivía en mi interior antes. Recuerdo lo exigente que era: ser sumisa de boca pero no de acción. Me siento orgullosa porque cuando ahora me vienen brotes de aquello, sé razonarlos. No me pongo reclamante para que me folle así, me dé un beso de esa manera o me trate de otro modo. Al contrario, he aprendido a aceptar lo que me ofrece y a agradecer cuando me consiente, que no son pocas las veces que ocurre. Pero nada se iguala a la gratitud que siento cuando me sodomiza. Claro que me gusta que me folle el coño, es algo que me vuelve loca y me hace disfrutar infinitmente. Pero el culo es algo muy nuestro, y la manera de hacerlo es lo que define las posiciones de cada uno. Por eso quizá nunca lo he rechazado ni me he rebelado en contra. La pizca de orgullo y rabia que puedes sentir o “yo me quedo jodida y Él no”, desaparece. Desaparece esa parte de ser una princesa a la que tienen que tratar entre algodones. Porque no lo quiero. Porque yo me merezco ser sometida por Él. Y lo digo orgullosa: me lo merezco porque me gusta y porque es mi naturaleza en cuanto al sexo y a mi vida con Él. Y si Él un día deja de dármelo, es de las pocas cosas que quizá podría reclamar desde mi lugar. Es mi derecho como su sumisa. No lo digo de modo imperativo, si no más bien siendo consciente de que lo que puedo exigirle se acoge a una parcela pequeña.
No quiero derechos ni privilegios más que los que Él quiera ofrecerme. Quiero ser suya siempre y olvidar con Él mis caprichos de princesa y mi tono altivo. Algún día podremos hablar como iguales, manteniendo el respeto siempre hacia Él sin que tenga que estar como un sargento para que yo guarde mi sitio. Y sé que ese día llegará porque veo una evolución en mi modo de afrontar las cosas. En mi interior. Y es en parte gracias al Amo y a su manera de explicarme las cosas cuando obro mal.
Adoro tu manera de ser Amo y tu forma de abrirme el culo.

domingo, 26 de marzo de 2017

No tengo planes, te tengo a ti

El horizonte está en blanco, no hay nada que me preocupe, ningún plan que requiera mi esfuerzo para ser perfecto, ninguna expectativa que cumplir, ningún miedo a corto plazo que superar. Y es que hoy por primera el Amo y yo hicimos planes. Íbamos a comer juntos y al parecer pasaríamos más rato juntos de lo normal. Yo estaba muy emocionada y sabiendo el trabajo que tiene últimamente se lo agradecí nada más proponerlo. Cuando la hora se acercaba miraba el móvil cada vez que me llegaba una notificación por si era Él con algún contratiempo, pero no. Llegó un punto en el que me cansé de ese estúpido ritual. Me dije a mi misma que no pasaba nada si las cosas no salían según lo planeado. Yo lo que quería era verlo y estar un rato juntos, y eso lo iba a tener.
Todo salió según lo planeado y cuando tenía todo listo llamó a la puerta de mi casa. Le abrí y, como siempre, me lo comía con la mirada. Está tan guapo que no me canso de mirarlo. Lo espero con ropa interior, camisa y medias de liga negras. No llevaba hoy falda al trabajo pero me apetecía esperarlo un poco más arreglada. Le abro la puerta sonriendo y camino a cuatro patas por el pasillo con la guía de su mano en mi pelo. "Que bien sabes caminar ya como las perritas". Me río bajito, pero tiene razón, me estoy convirtiendo en una experta. Le quito los zapatos y lo ayudo con el resto de su ropa. Después comienzo con la mía y me ordena que me quite solo la parte de arriba. Me empuja en la cama para que caiga boca arriba y me quita las bragas. Tenía muchas ganas de que esto ocurriese, ambos sabemos el significado que hay detrás. Me separa las piernas y me come el coño. Dios mío... Su boca ahí me hace dar un respingo, mi espalda se arquea y las puntas de los pies se me tensan. Sus manos acarician mis tetas y las mías su pelo. Dejo mis piernas reposar en su espalda y me muevo deseosa de fundirme con Él. No quiero que acabe pero me entran muchas ganas de correrme. Le pido permiso para ello y el como lo hago es algo que guardaré siempre para nosotros. 
"Ahora te voy a enseñar como se hacen las cosas siendo un cabrón de verdad..." Me coloca de espaldas, preparo mi culito a sabiendas de lo que viene y se hunde en mí. Su polla me roza más que la última vez, pero en el momento que rompe mi barrera me relajo por completo. Es como la rendición más absoluta, una vez superado eso ya puede usarme como quiera. Y lo sabe... Y lo aprovecha... Y me pide que le apriete el culo... Y lo hago... Se ríe, ve el fruto de su trabajo en mi obediencia. Me sodomiza a placer y yo lo aguanto sosegada agarrada a sus brazos. Cuando reposa su cabeza junto a la mía aminora el rimo hasta hacerlo desaparecer, es mi momento favorito. Él y yo, nuestros ojos marrones conectados, como si no existiese nada más en el mundo en ese preciso momento. 
Me da la embestida de gracia en el culo y me da la vuelta. Abro las piernas y lo acojo dentro de mi hueco. Rodeo su cintura con mis largas piernas y agarro su culo con una mano, mientras con la otra acaricio su cara y su pelo. "Esto ya no duele tanto ehh...". Hago mohines y pucheros contenta. Me hace muy feliz sentirlo encima de mí, estoy a salvo y protegida de todo. Ojalá nunca nos alejemos tanto como para perder mi sentido de entrega a Él y el suyo de poseedor para conmigo. Mi boca lo busca y la suya me encuentra. Lo siento en todo mi cuerpo. Si hay una manera de volar sin tener alas debe ser esta. Mi último orgasmo me lo ofrece quedándome boca abajo en la cama. Así solía correrme cuando era virgen. Movía mis caderas haciendo el amago de follar. Pero esta vez en lugar de hacerlo contra una almohada o un peluche lo hacía con su polla en mi coño. Me masturbaba. Él debía de sentirme muy prieta en el momento de correrme. 
Cuando nos ponemos a comer y a ver una serie en la cama me coloco encima de Él a sus órdenes, le acaricio la espalda hasta llegar a su culo y subo a sus hombros para terminar en su pelo. Me encanta acariciarlo, y más si Él lo pide. Pasamos así casi todo el rato en el que transcurre la serie. Bromea conmigo, me acaricia y me besa. Sus comentarios son los más ocurrentes para mis oídos, mi risa sincera y despreocupada inunda la habitación y me ovillo en el hueco de su cintura cuando recuerda mi vida antes de conocerlo. Por suerte ya pasó, por suerte Él está en mi vida y tengo la fuerza en mí para aprender y afrontar lo que venga. 
Voy a comerle la polla, a lamerlo entero y a dejar que se funda con mi mano y mi boca. Aminoro el ritmo aprovechando para mirarlo, mientras mi mano se desliza por su polla recta y dura, mi lengua y mis labios lamen y besan sus huevos. Subo lentamente hasta la punta y de nuevo comienzo a chupársela. Lo estoy disfrutando tanto como Él, mis caderas se mueven y mi culito se torna respingón. Él lo acaricia y yo gimo con su polla en mi boca. Ya no aguanta más, demasiado ha soportado las tentaciones de mi cuerpo. Me tumba, me esparce el pelo y me acomoda la cabeza. Entonces Él se coloca sobre mí, se pajea en mi cara y me lefa la cara. Su corrida me llega a los sitios donde jode de verdad y me sonrío relamiéndome. Al mirarme al espejo sonrío con el alma plena. Es un placer para mí ver el fruto de lo que provoqué. Me siento muy puta, muy mujer y poderosa desde mi posición.
Pocas mujeres que no vivan esto como yo lo entenderán, muchas lo criticarán por desconocimiento. Pero yo, pequeña e inconsciente para muchas otras cosas, lo comprendo y lo vivo a la luz de lo que es: una entrega desinteresada y la doma que merece mi natulaleza. 
Suya. 

lunes, 20 de marzo de 2017

Florecer

Él ya sabe lo que significa para mí. Ya sabe lo que lo echo de menos cuando no nos vemos y lo que me gustan nuestras charlas triviales. Creo que poco a poco estoy entendiendo que pertenecerle no implica una conversación constante juntos. Sé lo mucho que significa para el Amo su espacio, tener momentos de paz y tranquilidad, y me ha enseñado que si quieres a alguien tienes que mirar también por su felicidad. Aunque a veces cueste mucho aparcar esas ganas por saltar a sus brazos y hacerme la fuerte. Pero creo que cada vez lo hago un poquito mejor. 
En muchos momentos me cuesta encontrar algo que merezca más mi atención que Él. Si el Amo me habla es un acto reflejo contestarle, sobre todo porque no son muchos los momentos que tiene para hacerlo y me gusta aprovechar cada segundo cuando se trata de Él. Cuando estamos juntos y me pide un café, un té o lo que sea, voy corriendo a preparárselo para regresar cuanto antes. Verlo beber, comer o estar sencillamente reposando en silencio a su lado me hace feliz. Llena un poquito el vacío de la semana sin Él. Antes de conocerlo pensé que sería un amigo más y punto, uno de esos a los que da igual cuando lo veas o el tiempo que pases sin él porque no lo echarás en falta, porque con saber que está ahí te vale. Y en lugar de acostumbrarme a su compañía y resultarme familiar y rutinaria, más me empezaba a gustar estar a su lado. Su manera de ser hacía que quisiera saber cada gusto suyo para complacerlo. Cada día aprendo algo nuevo y es más especial sin planificar nada, simplemente viviendo el momento juntos. 
El estar con otros hombres en los parones que tuvimos no ha hecho más que afianzar la idea de que no me sirve cualquiera. No necesito ni pretendo encontrar un hombre como Él para que viva a mi lado, es imposible. Me bastaría con sentir la ilusión que me recorre el cuerpo cuando voy a verlo a Él. Ninguno me ha demostrado una preocupación como la suya por mi persona, ninguno me ha hecho sentir especial. El sexo ni lo nombro porque eso es muy particular, cada persona es totalmente diferente en su manera de vivirlo y disfrutarlo. Y pienso que es cuestión de sentir esa conexión con la otra persona, aunque a mí personalmente me guste más mostrarme sumisa con Él.
No sé qué fin pretendo escribiendo esto, creo que solo echaba de menos pararme a escribir de nosotros. Siempre será mi manera de poder ser yo misma, de ser sincera con lo que siento. Y de comprender por que lo echo de menos o por que disfruto tanto estando con Él. Para mí es duro en ocasiones no tenerlo más cerca de mí, no poder compartir más. Mi afán por cambiar y demostrarle lo mucho que me importa me hace abandonar un poco mi egoísmo. Si Él es feliz no hay nada más. Y bueno, tal ve lo que quería transmitirme a mí misma con esto es un poco de mano izquierda y comprensión. Ser compresiva conmigo misma, con una situación que nunca he vivido y que no pensé que sería tan importante en mi desarrollo. Y por lo feliz que me siento a su lado me vale la pena el esfuerzo por ser cada día mejor. Me encanta su compañía, me encanta que me folle y me encanta estar juntos. Y quiero que siempre siempre siempre abra mi culito y me sodomice. 
Por último, solo decir que necesitaba poner un poco de distancia con mi cuenta de twitter. No la llevaba de la mejor manera y aun estaré algo desligada de ella. Trataré de escribir más seguido en el blog, pero sin presión. Espero que tengáis paciencia. Mi Amo y yo no hemos vivido una relación de estas características nunca y para mí lo más importante ahora es que Él esté bien y ser capaz de demostrarle con mi cambio lo mucho que significa para mí. 

domingo, 5 de marzo de 2017

Creciendo un poco más

El corazón me latía tan fuerte que no sabía si su presencia por si sola me calmaría. Era momento de asumir mis errores pero también de ser sinceros el uno con el otro, porque hay ocasiones en las que hacen falta las palabras. En cualquier relación las discusiones y las alegrías son fruto de dos, pero soy plenamente consciente de que me debo exigir más a mí misma que a Él.
Como su perra y su sumisa me duele fallar. Y mucho más me afecta hacerle daño a Él. Me siento muy unida a Él, sus alegrías son las mías, y cuando está triste nos alejamos. Hasta que me vuelvo a unir a Él paso muchas horas reflexionando en lo que hice, pienso en lo que le molestó y trato de asumir mi responsabilidad. Estoy ahí para el Amo, en silencio y esperando paciente. Cuando lo veo y le abro la puerta la fortaleza que he acumulado parece esfumarse. Su sonrisa y sus palabras me provocan el simple deseo de quedarme acurrucada en sus pies hasta que me acaricie y todo vuelva a ser como antes. Para mí tiene muchísimo valor conocer sus pensamientos, su opinión y lo que desea de mí. Por eso creo que me afectan las distancias. Le pertenezco y punto.
Después de hablar aún me ve cabizbaja, y es que yo cuando cometo errores soy de las personas que les cuesta perdonarse a sí mismas. Le preparo un café y mientras lo bebe me da permiso para rozarme con su pierna. Me acaricia y me alza la barbilla para darme un beso.
Mi corazón empieza a bajar el ritmo de sus latidos nerviosos, pero otros empiezan a surgir poco a poco. La excitación de tenerlo conmigo, de pertenecerle y de vivir esto con Él me hace sentir afortunada. Su cuerpo no tiene límites con el mío, su cabeza reposa junto a la mía y nos lamemos como animales felices de reencontrarse. Le pido perdón por ser caprichosa e impulsiva. Le prometo que intentaré aprender rápido y controlarme un poco más cada día. "Necesitabas hablar, ¿verdad?" Le respondo afirmativamente con la cabecita y me acaricia en señal de comprensión. Cuando me pregunta si quiero decir algo más, tan solo le respondo que sí, que lo quiero mucho. Su presencia me apacigua, su guía me hace fuerte y su comprensión me da alas para mejorar. No hay nada mejor para una persona, seas sumisa, novia, esclava o lo que sea, que crean en ti, que confíen en tu capacidad de mejora. Es como un placebo, porque te lo acabas creyendo tu misma, te convences de que puedes sin importar el antes. Y lo que es más importante para mí: tengo a una persona que valorará mi cambio, además de hacerlo por mí misma.
Cada gesto para conmigo me hace suya, pero también me hace fuerte, valiente y decidida. Siempre lo he dicho: estar con Él me hace ser capaz de cosas que veo muy complicadas estando sola, que tardaría en haber logrado. Todo lo que me ha ayudado en la vida me hace cada día más madura. Más cabal. Al haber estado un tanto alejada del mundo he perdido lecciones de vida que se aprenden por contacto y roce con las personas. Pero estoy aprendiendo y creando experiencias propias que me ayuden a asumir mejor las situaciones venideras.
Lo único que me queda por decir es gracias, gracias Amo por estar ahí, por tu paciencia y por tus ganas de aprender también junto a mí.

viernes, 24 de febrero de 2017

Necesidad vital

Somos animales, animales inteligentes pero animales al fin y al cabo. Saltamos cuando algo nos hace feliz y nos apartamos del resto cuando estamos tristes. Las cosas que más me llenan son las que satisfacen mis necesidades primarias: dormir, comer y follar. A lo mejor os parezco una simple pero me podría pasar la vida con esas tres cosas y ofreciéndoselas a Él. Aunque seamos seres inteligentes (unos más que otros), creo que al menos una de esas tres cosas están en vuestras preferencias diarias. 
¿Y por qué nos cuentas todo esto? Pues muy simple. El otro día nos vimos, se nos torció el plan original que teníamos y me preocupé por si al final no podíamos vernos. Pero me contuve, no me adelanté a la situación y esperé a ver qué ocurría. El Amo me dijo que tenía una necesidad vital, que quería correrse y quería hacerlo conmigo. No hubiera sido justo haber actuado como si yo fuera la única en desearlo. Os parecerá algo lógico y que vosotros no haríais pero yo recién estoy aprendiendo un sinfín de cosas. El caso es que gracias a haberlo aprendido por haber fallado otras veces, el Amo supo apreciar mi buen comportamiento y aunque no pudiéramos hacer el plan original se acercaría a mi casa para estar juntos un ratito. Cuando me porto bien lo animo a estar juntos. En ese momento corro y salto de alegría, literalmente además porque voy corriendo para casa a encontrarme con Él. Con Él... Me gusta Él, me gusta su furia a la hora de abrirme el culo. Me gusta su instinto de cazador, me gustan sus dientes clavándose en mi brazo, me gusta su lengua lamiendo mi cara y me gusta su boca devorando la mía. Y yo... Espero paciente bebiendo en el estanque, alerta a la señal que me haga ir con Él. Con solo recibirla mi corazón late a mil, mi coño se moja y mi boca no se puede cerrar. Permanece abierta de manera inconsciente, sabiendo lo que llega. Y es que Él es mi líder de manada. Lo que Él diga se obedece y en lo que Él piense yo creo. Es simple y sencillo, es primario y básico porque somos animales. Ellos no cuestionan nada. Siempre busco metáforas o comparaciones que expliquen mi sumisión, mi entrega a Él o el quererlo como superior a mí. Me siento liberada al hacerlo, no porque necesite sentirme integrada en algo, si no por saber de dónde pueden provenir mis deseos. 
Cualquier otra podría haber ocupado mi lugar, no soy única ni excepcional en el mundo para nadie. Pero lo puedo llegar a ser cuando me conocen y se dan cuenta de lo que poseo. El Amo me conoció del todo. Lo que yo le doy podrían dárselo otras mujeres, quizá no la misma pero sí completarse entre varias. Pero, ¿y la actitud? Podría ser similar pero eso ya no sería un calco de mí. Me he dado cuenta de que soy reemplazable y por primera vez no me asusto. No me asusto porque sé que no habrá nadie exactamente igual que yo, en lo bueno y en lo no tan bueno. Habrá hombre mejores que Él en otros aspectos, no estoy ciega, pero no son Él. No tienen sus defectos, ni su sonrisa, ni su manera de meterse conmigo. Y habrá mujeres con miles de dones mejores que los míos, más maduras y con más experiencias que las hagan más sabias para enfrentarse a los problemas. Pero de una cosa estoy muy segura: ninguna de esas mujeres lo verá con mis ojos. Esto es un instinto, algo que te une a la otra persona, no es humano ni lógico. Al menos yo no puedo explicarlo. Y sin embargo está ahí y nace cada vez que lo veo, cada vez que hablamos o cada vez que simplemente pienso en Él. 
Al igual que los animales no seleccionan, si no que encuentran, a mí me ocurrió igual. Creo que por eso con Él salió bien: no forcé nada, ni tan siquiera a mí misma. No sé quien encontró a quien, lo único que puedo decir es que a las dos semanas estaba apoyada contra una pared sabiendo que era Él por cómo reaccionaba mi cuerpo. Que me gustaba y quería cponocerlo. Desde entonces no he dejado de ser un animalito que busca su roce. 

martes, 14 de febrero de 2017

Aprendiendo contigo y de ti.

Siempre he defendido la individualidad. Eso que te hace ser diferente incluso perteneciendo a un colectivo o a un grupo. Cuando empecé a leer sobre BDSM, hace ya casi tres años y medio, lo hice buscando comprender lo que sentía. Muchas cosas encajaron y muchas otras no. El deber del amo de cuidar a su sumisa, de educarla, de proporcionarle castigos, tareas y premios me fascinaba. Sentía que eso me gustaba y que sí podía encajar con la relación que mantenía con Él. Es maravilloso sentirse propiedad. Me sentía genial, genial sin tener que decidir porque un hombre estupendo ya lo hacía por mí en lo que se refería al sexo y a otros aspectos de mi vida. Puso a prueba mi capacidad de afrontar retos, me animaba a vestir de una manera más atractiva, me hizo abierta y extrovertida en aspectos que ni sabía que podría serlo. Educó mi mente y domó mi cuerpo. Sus normas salían a relucir en actos pequeñitos de mi rutina. 
Los momentos de dudas, de conflicto conmigo misma o de miedo eran arropados por sus palabras. Y lo que he descubierto a lo largo de meses y años ya con Él es que hay cosas que tienes que resolver sola, porque para eso soy adulta. En algunas situaciones necesitaré plantearle mis dudas, porque considero que Él debe saber cómo me siento ante aspectos que compartimos. Pero en muchas otras situaciones no. En esas ocasiones soy yo la que debe afrontar las cosas sola y tirar de mí. Porque no es bueno para nadie depender de personas ajenas para resolver conflictos, sea relación BDSM, D/s o vainilla. En cierta forma los textos sobre las relaciones entre un amo y una sumisa han venido a decir un poco lo contrario. No todos por supuesto, pero hablo en términos generales. Y por supuesto que cada cual debe tener el suficiente espíritu crítico como para saber hasta donde creerse lo que lee. 
Que lleguen a tus manos cosas como esta me revolvía todo: "El Amo siempre debe preocuparse por su sumisa y enseñarla. Porque su comportamiento refleja el trabajo de su dueño". Un amo puede decir misa que si su sumisa no quiere escucharlo no va a obrar milagros. Yo me he creído frases como esas, ¿y por qué? Porque es lo sencillo y lo fácil para no lidiar con una misma. Es más sencillo escudarse en que es su trabajo que yo mejore. Y eso no es justo para Él. Y tampoco es sano ni maduro para mi creer que yo no tengo responsabilidad. Ya cometí el error de querer hacer de una doctrina ajena algo nuestro y no es algo que vaya a suceder de nuevo. 
Las reminiscencias que quedan de aquello se van borrando pero en momentos de debilidad afloran sin querer. Aunque mi perseverancia y el querer verlo feliz pueden más. No importa el obstáculo que venga porque sé que lo voy a superar. El Amo ha trabajado mucho conmigo, me ha enseñado y educado buscando la manera de que funcionase, inventando y probando castigos que me hiciesen reflexionar y cambiar. Me ha abierto a muchas cosas. Nadie mejor que Él entiende a lo que me refiero. Mientras que Él quiera estar en mi vida no habrá nadie que se pueda igualar a Él, ni tampoco nadie que pueda ocupar su lugar. Porque te dejas enseñar por quien respetas y significa algo para ti. Y porque yo lo adoro con cada parte de mi cuerpo, porque deseo que me folle con la mayor de sus fuerzas y porque cree en mí. No sería así de otro modo. Quiero seguir aprendiendo contigo y de ti Amo.