Libremente soy Tuya

Libremente soy Suya

martes, 23 de abril de 2019

Enculada en un árbol

Voy de viaje con el Amo. Estoy muy ilusionada, tanto que llevo pensando en lo que metería en la maleta desde que me lo propuso hace un mes. Ya tengo todo preparado por fin: comida, las cartas, un vestidito corto y pequeño para dormir, todas nuestras cosas, un aceite de masaje, otro conjunto de lencería... Sí, creo que lo llevo todo. Ahora lo que me falta por decidir es qué ponerme para el viaje. No es una cuestión a dejar al azar porque voy a ir con Él en su coche. Y quiero parecer madura sin perder mi toque inocente y pícaro. Me parece que lo mejor será preguntar al Amo, por si tiene alguna sugerencia. 
"Ponte lo que veas". Esa fue su contestación. No hay cosa que más me moleste como sumi que esas palabras: lo que veas. Porque significan para mí que vaya a mi aire, que no puedo contentarlo en eso. Y sé que es una tontería, sin embargo no casan con mi naturaleza. En este caso no le doy más importancia, porque lo voy a ver en una hora y la emoción me pueden más. Estoy muy contenta porque por fin después de varios años podré dormir con Él otra vez. Nunca ha sido el hecho de dormir lo que me ha importado, sino el pasar tiempo con Él sin tener que salir corriendo porque uno de los dos tiene que irse al cabo de las dos horas de estar juntos. Así que pienso disfruta este momento aunque vuelva a pasar mucho tiempo hasta el siguiente, no lo voy a pensar. 
Me recoge en mi casa. Va con unos vaqueros, una botas de ante y un jersey finito color azul marino. Me encanta como le queda el azul. Al sentarme en el asiento me quedo tan embobada mirándolo, como abstraída por su olor, que se me olvida que llevo la mochila con mis cosas encima de mis rodillas. Se queda mirándome como si fuera tonta y espera a que yo también me dé cuenta del motivo. Lo hago. Empiezo a reírme como una tonta y dejo la mochila atrás para ponerme el cinturón. Él pone los ojos en blanco y me da unas palmaditas en la mejilla. Me gusta tanto que me toque... Menos mal que me acabo de duchar porque ya me noto cerda por dentro. Durante el camino le pongo música, me pide alguna canción que quiere que escuche, me cuenta cosas, me enseña... Una de las cosas que más he valorado estando juntos es lo mucho que he aprendido. 
Aminora la velocidad y se mete por un camino que da como a una especie de bosquecillo. Dejamos atrás un merendero y sigue alejándose de la carretera. 

   -  Bájate del coche por favor.

Me lo dice muy serio, nunca lo había visto así. Menos habiéndonos estado riendo hasta hace nada. Obedezco y me aliso un poco la falda del vestido para que me vea presentable. Se baja también Él del coche. Me pide que me incline hacia delante y que me apoye en el árbol que tengo más cerca. Acto seguido me remanga el vestido y su mano cae con todo su peso y fuerza en mi culo. Una, dos y tres veces. 

   -  Quiero que empieces a deja de actuar como una niña y a desafiar mi autoridad. Las cosas las hago de un motivo concreto por algo. Si no te gusta pues te aguantas. Siempre acabo dándote lo que te mereces, y lo haría mucho antes si te lo ganaras pero a veces me lo pones difícil... 

Ha tenido que contener esa última palabra porque ya alzaba su mano para darme otro par de azotes. Tiene razón y yo lo sé. Sus palabras van cargadas de verdad. Aunque quiero escuchar y permanecer seria, ya estoy mojada. Quiero azotes, su boca baboseando mi cara, quiero que me humille para después partirme el culo y ser sólo su cosa, su objeto. Me toca la cabeza con suavidad y me da unos besitos muy suaves en la mejilla. Se baja los pantalones y mientras me sujeta la cabeza tirando de mi boca, me la mete por el culo. No sé, puede que sea el entorno, el que por primera vez me use al aire libre, pero lo noto tan grande dentro de mí... Su polla me cubre cada rincón de mi agujerito. Lo noto feliz, en este momento se regodea de que le esté poniendo el culo aunque me quede jodida. Porque justo eso es lo que nos excita. Apoyo un poco más mi cuerpo contra el árbol para poder separarme el culo mientras continúa enculándome en pie. Cuando lo noto a punto me agacha para que la chupa de rodillas, pero no aguanta mucho y se corre en mi cara.

   -  Esto era lo que quería: que fueras jodida el resto del viaje. Ahora te sonríes, pero veremos qué cara pones cuando te pida que bajes sin limpiarte en la próxima gasolinera a por un café para mí... 

No sé qué cara pondré, pero ahora mismo me siento en una nube con las bragas llenas de flujo. No puede ponerme tan perra, no debe ser normal estar tan salida cada vez que me folla, en los días previos y posteriores, realmente no podria justificar mi cerdez si un hombre me pusiera una mano encima. Dentro de una semana extrañaré todo esto, y a pesar de todo: estaría tan dispuesta a ello que no dudaría en repetir. 

Gracias Amo

jueves, 28 de marzo de 2019

Relato: Chantaje por mamada


Suena una canción triste en mi móvil, estoy tan metida en ella que no me doy cuenta de la vibración al recibir un nuevo mensaje. Lo veo al iluminarse la pantalla. Es el Amo.
Me dice que hoy pasará a recogerme al trabajo. Yo alucino bastante porque nunca lo ha hecho, siempre solemos quedar directamente en el sitio en cuestión. Segundo mensaje: “Voy a recogerte cuando acabes, a condición de lo siguiente…”. Continúa escribiendo. Una vez le conté que un compañero del trabajo tonteaba conmigo. Y como cuando el Amo quiere tiene muy buena memoria, ha venido a recordármelo ahora. Quiere comprobar si mis encantos de verdad hacen efecto y si realmente mi compañero es tan cerdo como cree.
“Vas a ir al baño y te vas a poner a mear aunque no tengas ganas. Pero deja la puerta entornada, no la cierres del todo. Cuando te subas las medias y la falda lo haces con la puerta un poco más abierta y de espaldas a ella. Te agachas un poco y sacas culo… Veremos qué pasa”.
Hago lo que me dicta. Al hacer pis noto una contracción grande, bastante profunda. Seguro que no ocurre nada y al final el Amo se tiene que retractar de su pensamiento, tampoco es que yo sea nada del otro mundo como para atraer a los tíos. En fin, ¡deja de pensar ya! Oigo pasos al otro lado. Como la puerta está entornada aprecio mejor el sonido al detenerse en el abaño. Pero siguen hasta el final de pasillo. Me levanto del váter. Abro la puerta según las instrucciones y me coloco de espaldas. Me subo las braguitas y al agacharme para recogerme las medias oigo de nuevo los pasos. No me giro todavía y continúo arreglándome la ropa, parando descaradamente en los tobillos y sin hacer nada de utilidad para aligerar mi tarea. Mi compañero está en la puerta lo veo por el rabillo del ojo. Cuando me giro veo que se está tocando la polla por encima del pantalón. Yo me quedo quita sin saber muy bien qué hacer porque el Amo no me ha dado instrucciones sobre la manera de proponerle mis “servicios”.
Hago el amago de subirme las medias pero mi compañero me coge de las muñecas.

   -  Estate quietecita anda… Ya has conseguido provocarme, ahora voy a disfrutar de las vistas y de algo más… ¿No lo has notado?

Y sí, efectivamente sí que lo he notado. Tiene la polla a reventar, le debe hasta doler ahí encerrada en el pantalón. Pobrecito... Quiero ayudarlo, pero tampoco quiero que piense que soy más puta de lo que ya cree. Así que me voy a seguir haciendo la tonta. 


   -  No sé a qué te refieres, pensaba que estaba sola y entré a hacer pis. Nunca cierro la puerta cuando estoy sola. 

   -  Déjate de historias, me oíste y sabías perfectamente que estaba. Por eso abriste más la puerta. Ponte de rodillas, obedece y no jugará en tu contra. ¿Tú no estabas aún en periodo de prueba? Ay... Qué bien lo vamos a pasar...

Y tanto que sí, cabrón. La pena va a ser cuando tu novio te haga una mamada ni la mitad de buena que la que te vas a llevar. Tiró del jersey en pico que llevaba y me dejó con el sujetador a la vista, el cual desapareció rápidamente bajo el jersey al sacarme las tetas. Me las manoseaba fuerte y me apretaba los pezones. Sus manos me agarran la cabeza y hace el gesto de follarme la boca. Todavía lleva el pantalón puesto pero se la noto grande y dura. 

   -  Sabía que en el fondo eras medio maricón. Te da miedo sacarte la polla en mi cara, porque no te atreves a usarme de verdad... Te da miedo que tu novia se entere. 

   -  No si al final resultará que eres lista y sabes de la vida. Bájame los pantalones, que yo seré medio maricón como dices, pero tú vas a tragar rabo y te vas de aquí hoy con la boca colorada y algo más.

Me sujetó la cabeza porque intenté levantarme. Quería que me quedara de rodillas, ser superior también en el espacio que ocupábamos. Le desabroché el cinturón y el botón. Le bajé la cremallera mientras lo miraba a los ojos. Cuando bajé la vista su polla ocupaba casi el largo de mi cara. Joder... Quiero comérmela ya... Por favor, pídeme que te la chupe ya, quiero mantener algo de dignidad y no lanzarme contra ella. Hace más de un mes que no cato polla y soy muy débil como para aguantar más tiempo. Entonces hace algo más que pedírmelo: coge la polla y la restriega por la cara. Como ve que no me quejo, me empieza a dar pollazos en la frente, los ojos y las mejillas. 

   -  Saca la lengua come pollas... Hija de puta, eres obediente además por lo que veo. ¿Quién te habrá enseñado? Con la cara de buena que tienes, desde luego el cabrón que te domó se merece un monumento... Dios, follarme tu boca va a ser insuficiente, lo siento por ti... Veremos qué podemos hacer hoy y qué dejamos para otro día. Sólo asiente si lo has entendido, no tienes que hablar. 

Asiento obediente. Me pide que saque la lengua y empieza a pasarme la polla para que se impregne de mi saliva. Así me la pasa por toda la cara. Me sabe más a él que a mi saliva, y me alegro. Me encanta el olor a hombre, a macho de verdad. Empiezo a comérsela sin que me obligue y gimo del gusto con su polla en mi boca... Se me están calando las bragas por su culpa. Aunque bueno, pobrecito. No tiene culpa que sea tan cerda. Me la saco de la boca y lamo por los lados con la lengua hasta llegar a los huevos. Me agacho más y llego hasta bien abajo. Le tiemblan las rodillas y se tiene que apoyar en la pared del baño. Cierra la puerta, seguro que pensando que alguien pueda aparecer y aguarle la fiesta. Echa el pestillo. Me pone contra la pared y apoya las manos para sostenerse él. No tengo manera de escaparme y me folla la boca metiendo todo lo que puede la polla. Me da alguna arcada porque el hijo de puta la tiene muy grande. Pero quiero que siga, me mojo más y más... Noto que le viene la corrida y paro. No quiero que acabe ya, hace mucho que no como polla y la echo de menos. Voy a jugar a hacerme la digna:

   -  Esto no se va a quedar así, ahora cada vez que tu novia venga a buscarte a la oficina tendrás la duda por si le cuento algo. 

   -  Pero qué boba eres, te has tragado todo mi rabo, incluso diría que con ganas, y me vienes a decir esa chorrada, sabiendo lo que tienes que perder. Si eres buena, otro día te daré algo más que esto. 

Me empuja la polla contra la boca y mi cabeza choca contra la pared del ímpetu con el que lo ha hecho. Lo dicho le debe haber puesto más cachondo porque le noto ya toda la polla cargada y los cojones llenos. Se corre en mi boca pero es tanta la cantidad que él mismo lo nota y me la saca. El resto cae por mi cara, algún resto en el pelo y algún otro desperdiciado en el suelo. Me levanto con toda la dignidad que puedo y sonrío con las mejillas llenas de lefa. La respiración ya vuelve a su ritmo normal y resopla para mirarme el culo mientras salgo.
El Amo me espera fuera, me acaba de llegar un mensaje suyo. Justo a tiempo. Menos mal que siempre llevo toallitas húmedas en el bolso. Me limpio en el ascensor, dejando algún pequeño resto a propósito, y sonrío también al portero que siempre es muy simpático conmigo. Ya ni siquiera recuerdo por qué estaba un poco triste antes de esto. Voy a ver al Amo y acabo de hacer una tarea que teníamos pendiente. No hay nada mejor para acabar el día. Subo al coche, está guapísimo siempre con la ropa del trabajo. 

   -  Qué guapa estás recién usada. Has hecho bien en no limpiarte del todo, me hubiera enfadado si sales de "trabajar" limpia como una princesa. 

   -  Gracias Amo, quería que me encontraras más apetecible cuando te cuente lo ocurrido, aunque ya ves que he cumplido... 

   -  Eres una cerda, me encanta... Ahora vas a recibir por el culo, ya que otro ha empezado el trabajo, me tocará a mí terminarlo... 

Recorrer Madrid en coche es de mis cosas favoritas. Hacerlo con Él es todavía mejor sabiendo lo que me espera al bajar. 

martes, 19 de marzo de 2019

PUNTO Y A PARTE

El curso de un blog, sobre todo cuando cuentas experiencias personales, es muy impredecible. En mi cuenta de twitter he intentado muchas veces cambiar mi manera de escribir, poder hacerlo sin carga emocional, sin vincularme a nadie. Pero cuesta bastante, de modo que opté por no escribir cuando me sintiera mal. En los momentos en que la tristeza me invade por completo, escribiría cosas muy feas y no quiero que nadie me tenga que leer así nunca más. 
Me pidió que dejara de escribir en el blog. Y lo hice, pero sin esto y sin Él cada vez tengo menos de mí. Es muy difícil de explicar y estoy cansada de intentarlo. De modo que voy a hacer el último intento por conectarme con lo que soy, evadiendo por completo la parte personal cuando plasme aquí contenido. 
Salvo tres o cuatro personas en toda mi vida, sin contar familia, no he tenido mucha suerte con las personas. Con los hombres mucho menos. Creo que estoy llegando a mi límite. Sólo el hecho de pensar en que alguien me toque me dan ganas de llorar, porque me recordará a Él, a los únicos brazos que he conocido. Y al mismo tiempo lo único que quiero es que me follen hasta que se me olvide su cara y se me vacíe el corazón. No puedo más, me siento muy perdida. Sé que nadie puede ayudarme, salvo yo misma. Pero cada vez tengo menos fuerzas. Jamás haría nada para dañarme. Creo que el castigo justo es la soledad. Hacerme a la idea de que nunca nadie ocupará su lugar, de ningún modo. 
Parece ilógico que quiera volver entonces a escribir aquí estando en las últimas. Pero es que este es el único lugar en el que puedo ser yo del modo en el que he sido con él. Sólo escribir esto me está costando mucho trabajo. Lloro por algo que sé que no puedo tener, por no poderme sentir realizada en una parte de mí, para la que necesito a un hombre a mi lado. Saber que nunca ocurrirá me destroza por dentro. Porque sé que ese hombre existe pero no es para mí. Nadie se muere de tristeza, pero tampoco me siento bien ahora mismo. Y sé que no es una situación que vaya a cambiar mañana. 
Por eso, hasta que mis recuerdos estén en mi cabeza quiero plasmar con historias lo que soy y lo que me gustaría haber compartido con él. Ni si quiera contárselo puedo, y no quiero que se me olvide. 
Siento mucho que las cosas estén así, porque me da miedo mencionar cualquier cosa a título personal con Él. Y al mismo tiempo lo echo muchísimo de menos, tanto que quisiera que volviera a ser el de siempre y olvidar todo lo malo. Me duele Él y me duele que no sea capaz de olvidar por el bien de ambos. Pero no soy nadie para pedirle nada. 
Eso es todo, es la última entrada personal que espero publicar. 

viernes, 14 de diciembre de 2018

La puerta

Estoy sentada en el cine. No he venido con nadie. No tenía ganas de nada y no quería volver a casa. Tenía que cumplir con una recomendación que me dio el Amo, así que no me parecía mejor ocasión.
Mientras espero que empiece la película, escribo y pienso en lo que soy y he hecho. Me siento vacía. He perdido o estoy perdiendo las ganas de buscar y esforzarme por encontrar ciertas cosas que me faltan y quiero en mi vida. Entre ellas: encontrar pareja. Cada vez que me meto en una app a conocer gente me abruma el hecho de empezar otra conversación de "hola qué tal" en la que un desconocido me habla con faltas de ortografía y con ganas de meter la polla. Millones de conversaciones que no llegan a nada, de las que sólo un 10% se salvan. De ese 10% quedo en una cita con un 8% y de ese porcentaje ninguno ha resultado como quería. Vuelvo a meterme en otra app, en otra y en otra, a repetir el mismo proceso. Quedar con desconocidos, saber que muy posiblemente salga mal o ir sin ilusión. Porque sé que al acabar todas esas citas, siempre suelen mostrar las cartas sobre la mesa: sólo quieren follar. Estoy agotada. La mayoría no buscan nada serio, o ni siquiera saben qué quieren, haciendo creer que cabría la posibilidad remota que ocurriera lo que yo busco. Al menos tengo la suerte, no sé si por mi franqueza, que suelen ser sinceros para decirme sus intenciones. Pero cuando me invitan a su casa, al parque, a llevarme a casa... Sé que ocurriría justo lo que no busco y que a la vez tanto deseo con mi Amo. Que me folle. Cada vez que trato de empezar algo o de conocer a alguien se me vuelve en contra, y siento que no valgo para estar con nadie porque nadie me quiere a su lado como me gustaría. Esa sensación de fracaso una detrás de otra cada vez que lo intento, me mata por dentro. Y estoy cansada de ser sólo un objeto y de no ser digna de lo que todo ser humano merece: amar y ser correspondido. 
Me hace muy infeliz que mi Amo no comprenda que yo también querría tener una pareja y esa estabilidad que me aportaría. Me he esforzado mucho en buscarlo, pero ahora mismo paso por una situación tan delicada que sentir presión, no ayuda. Entre otras cosas porque me encantaría ser madre de familia, y para las mujeres por desgracia no es algo que podamos dejar para cuando seamos muy mayores. No voy a dejar de intentar encontrar a la persona que me acepte, pero ahora mismo no puedo con más. No tengo fuerzas para soportar más decepciones. 
Sé que precisamente el no tener pareja es uno de los motivos por los que el Amo no está feliz conmigo. Comprendo muy bien que le pese la responsabilidad de estar en mi vida, y que pueda pensar que me estanco por no perderlo a Él. Pero no es así. Sé que Él siempre va a estar conmigo mientras todo vaya bien, por lo tanto no debe temer esos motivos. Pero no puedo obtener algo de un día para otro cuando ese objetivo implica a otra persona y a que ambos nos gustemos. He pasado por muchas situaciones a la hora de encontrar pareja, y todas han sido bastante malas. Ese es el único motivo por el que me da tanto hastío volver a intentarlo. Para el Amo, el hecho de no tener pareja implica que no tener objetivos, que esté pendiente demasiado de Él y que no haga por tener mi independencia. Creo que las cosas no son así, ni tan siquiera guardan relación. La mayor parte de mis días transcurren con mucho jaleo y movimiento, me gusta estar siempre ocupada. Eso no impide que me acuerde de Él y le escriba para preguntarle cualquier tontería o simplemente hablar con Él. Y creo que no me entiende, lo cual me duele mucho. Porque lo hace estar a la defensiva cuando hablo, se lo noto. El ambiente se pone muy tenso y al final acabo metiendo la pata por cualquier malentendido. Si yo soy suya y lo que más me gusta es obedecerlo, con tener un poco de mano izquierda para decirme las cosas con dureza pero entiendo que fallo porque estoy aprendiendo sería suficiente. Explicar la situación y después sancionar. Yo soy su perra, voy a obedecerlo siempre que me trate bien, sea para castigarme o para premiarme.
Pienso mucho en lo que nos pasa para tratar de solucionarlo, analizando las situaciones para ver como se generan y evitarlas en el futuro. Pero lo hago yo sola. Y cuesta mucho avanzar cuando nunca he tenido la experiencia de tener a alguien que es como parte de mi ser. Porque no quiero que ninguno de los dos sufra. Y me planteo dejarlo cuando veo que lo pasa tan mal por mi culpa. Pero es que no puedo, os juro que no puedo. El instinto animal, como el de un perro leal a su dueño, se impone en mí y no puedo ni expresar palabras para abandonarlo. Muchas veces maldigo mi vida y mi suerte, por no avanzar como Él quiere. Pero os juro que lo intento, porque nunca he querido para mi Amo otra cosa que no fuera felicidad. Siempre será un lastre el no haber tenido vida antes de conocerlo. Lo siento Amo, yo no sabía que las cosas se desarrollarían así en mi interior. Pero tú vales la pena para mí y quiero darte lo mejor de mí misma.
Por eso lo paso tan mal cuando se aleja y me aleja de Él. Estoy todo el rato detrás de una puerta imaginaria esperando que entre y me enseñe a ser como el quiere para no tener ese nudo en la garganta y el estómago que me pesa tanto. Porque yo soy su cosa, su perra siempre. Es lo que más me honra como ser humano, por contradictorio que parezca.

martes, 27 de noviembre de 2018

Desnuda

Sé que os dije en la entrada anterior que escribiría un relato en esta, pero esa temática no encaja hoy conmigo si no es para susurrársela al oído. 
Cuando salí de casa de mis padres para cambiarme de ciudad y construir mi propio futuro, lo hice llena de ilusiones. Iba a hacer el último año de estudios en Madrid, toda mi vida había estudiado en mi ciudad natal, rodeada de mi familia, escasas amistadas y la comodidad que te ofrece estar segura con todas tus necesidades cubiertas. Una vida cómoda en definitiva, pero incompleta. No había estado jamás con un chico, no sabía lo que era relacionarse verdaderamente, ni siquiera en un grupo de amigos, ni tampoco había tenido un trabajo como tal. Siempre fui la hija responsable que le gustaba estar rodeada de adultos, que odiaba el colegio y estar rodeada de niños de su edad. Ni hablar por supuesto de ir de campamento o escapadas nocturnas. Mudarme me daba mucho miedo porque todo eso eran cosas que no había hecho por decisión propia, no porque la vida me negase esas posibilidades. Y sabía que independizarme me obligaría a construir la misma estabilidad que tenía con mi familia pero sin ella, haciendo amistades que serían mi círculo cercano y de confianza. Además lo tenía a Él como la motivación más grande para avanzar y dar el paso. Él fue el detonante para lanzarme a dar el salto. Sabía que aunque me costase adaptarme tendría a una persona ya conocida en Madrid. Técnicamente aún no lo conocía, pero después de tres meses hablando sólo nos faltaba vernos en persona. 
Mi relación con Él fue evolucionando. Después de un año desde que comenzásemos a hablar, empecé a llamarle Amo. Los dos parecíamos principiantes, pero fuimos descubriendo poco a poco lo que era ser Amo y sumisa. Recuerdo sus primeras normas como algo súper complicado de retener. No por complejas, sino porque requerían cambiar hábitos y rutinas implantados en mi persona durante muchos años antes de conocernos. Me compró una mordaza y un collar, no recuerdo en que orden. Compramos juguetes y me compró mi esclava para llevarla siempre en la muñeca. De ser su sumi pasé a ser casi esclava hasta serlo totalmente en un plano muy primario y animal. La mayoría de mis comportamientos se explican mejor siendo yo su perra, algo de su propiedad. Disfruto de sus cuidados y me apena decepcionarlo. Adoro cuando me dedica pequeñas humillaciones y me recuerda cual es mi sitio. Y obviamente me encanta su manera de follarme, de sodomizarme y de regodearse cuando me lefa la cara. Se puede decir que para mí Madrid es Él. Fue la primera persona que conocí aquí y por razones obvias la más importante para mí: por su manera de enseñarme, de educarme, de darme forma y de hacerme suya. Yo antes no existía de este modo, por decirlo así. 
Todos aquellos con quienes nos cruzamos nos aportan algo, nos enseñan algo y si se establecen vínculos fuertes probablemente sean personas importantes para siempre en tu vida. Pero hay que entender que del mismo modo que existías antes de conocerlos, puedes seguir viviendo si se rompieran esos vínculos. Puedes, pero como leí una vez: es muy difícil encontrar aquello en lo que te sientes plena y realizada, dejarlo y estar feliz en la vida que llevabas previamente. Como digo es algo a lo que también te puedes adaptar como te adaptaste a una nueva situación que nunca hubieras valorado de no haber tenido la motivación o la persona que te moviera a ello. En mi caso es que no puedo adaptarme de nuevo a algo que ya no concibo como mío. He descubierto una parte de mí que no sabía que existía, o que estaba dormida, y Él despertó. Conforme a eso, mi nueva esencia me impide dejarlo, y no por miedo a estar sola o por echarlo de menos, cosa que ya asumo si ocurriera. No puedo dejarlo porque yo soy su "cosa", su perra, su animalito... Tengo tan asumido lo que soy para con Él que no soy dueña de mí para dejarlo. Por otra parte, sumo el hecho de que no querría que nunca ocurriera. Y conste que sé que no siempre podremos llevar la misma dinámica. Soy consciente de ello porque ya ha pasado y sé adaptarme a ello. Aunque lo eche de menos, eso no me entristece hasta el punto que sería dejarlo para siempre. 
En base a lo que soy, me veo en la obligación de mejorar, de superarme a mí misma y de tener una vida que permita mantener a mi Amo en ella. Aprender lo que debía haber hecho en siete años en mucho menos ahora. Si logro conciliar lo que soy con el resto de mi vida por el bien de los dos, sé que será una relación sana y duradera. Por ahora sólo he conseguido el cuarenta por ciento de mi objetivo: aceptar nuestra situación y que no me frustre el hecho de no vernos. Si un mes nos vemos tres veces y en el siguiente sólo se puede una vez, será mejor disfrutar de esos momentos que entristecerme y estropear posibles opciones por estar peleados. Quizá parezca muy poco, pero sin asentar las bases el resto es inútil construirlo. En ese proceso de construcción habrá cosas que quizá no logre encontrar, porque no dependerán sólo de mí. Pero sé que si tengo voluntad y actitud para valorar mi vida al margen de la suya, tendré más opciones de éxito en todo lo demás.
Todos los días hay algo que me recuerda a Él: una calle, la mención a su tierra, una oferta de hotel, sus palabras escritas en papel... Incluso mi manera de asearme y mantener las rutinas establecidas juntos. En esos momentos no está a mi lado, pero me basta su recuerdo para sonreír agradecida de tenerlos en mi cabeza, de haberlo conocido y de no arrepentirme de las lágrimas que me han hecho aprender. Porque las sonrisas fueron siempre más. Y la suya en mi cuello mientras me abre el culo vale por cien.  

jueves, 22 de noviembre de 2018

La esclava


Cuando me regaló la pulsera ya tenía la mordaza. Una esclava, así se llama la pulsera que llevo. Es fina pero resistente, de acero que no deja que nada la dañe. Lo único que la ha traspasado es el fuego con el que se grabó su nombre, Zo. Se llama Zo porque Él la llamó así una vez. Por detrás tiene grabada la fecha en la que la hizo suya. Su estructura recoge la muñeca de quien la porta, la que siempre será joven, bonita y con espíritu infantil para Él. El grabado se funde con su piel y son una para siempre. No se han separado desde que se tocaron.
A veces no sé quién soy, pero esa pulsera me devuelve al camino que más feliz me ha hecho y me sigue haciendo cuando estoy con mi dueño. Lamo mi muñeca antes de que esa gota salada llegue a mi muñeca. No entiendo por qué descubrí mi naturaleza en una vida que no me permite darle rienda suelta, es como si no lo hubiera conocido en la época correcta. Y cuando soy tan consciente de ello me angustio, aunque intento no pensarlo porque nunca sabré tampoco como hubiera sido en esa otra vida. La vida... La vida ha querido que yo no tenga lo que quiero. Como le ocurre a millones de personas, aunque eso no me consuele. La rebeldía que saco es la que me dice que necesito de su mano para devolverme a mi sitio, que en momentos puntuales lo busco porque sé que sólo el Amo me calma. Y así es. Temo que mi debilidad y mi actitud no me dejen conseguir ser fuerte por mí misma para ser una sumisa más autónoma en ese aspecto.
Por toda su paciencia y el afecto que me tiene, digo siempre lo mucho que le debo. Me siento tan en deuda con Él que temo decepcionarlo, sabiendo que sus críticas son las que me llegan más duramente. Porque si Él lo manifiesta es porque se siente decepcionado en cierta forma y que he de mejorar cosas que yo misma afronto cara a cara a diario. Cuando me dicen que soy fuerte por afrontar mis defectos no saben hasta qué punto me rompo cuando Él me los manifiesta. Puedo con mi regañina pero la suya me hace sentir que no mejoraré nunca, que no valgo lo suficiente. Y de sobra sé que nunca me lo ha dicho con intención de hundirme, todo lo contrario. Quizá soy yo la culpable por verlo así y creer que soy peor para Él de lo que nunca seré en realidad. Quiero ser tan perfecta a su lado que cuando hablamos de lo que hago mal todas mis esperanzas se desvanecen. Y vuelvo a buscar la esclava que me recuerda lo que soy. Quiero ser tan fuerte como ella, no dejar que nada malo me traspase y sólo el roce de su piel tenga el privilegio de hacer que se borre mi nombre. Y de olvidarme de las cosas que no entiendo de este mundo. Del por qué tengo que buscar algo que no quiere ser encontrado y no puedo disfrutar de lo que encontré y acepté con libertad. Algo que me hace tan feliz que me hace perseverar en aquello que no encuentro, que es capaz de moverme todas las montañas que no puedo escalar. Porque el Amo es esa figura que sólo el hecho de tenerla a mi lado me hace ser mejor y más completa. De la que me puedo desprender y vivir sin Él, pero sin la que no podría ser yo por completo. Lo he intentado ya, olvidarle para probarme que es sólo un humano más. Pero no es uno más para mí, para esta humana, esta perra o esta esclava. Ahora mismo deseo con muchísimas ganas abrir la puerta, quitarle los zapatos y colocarme boca abajo para sentir su peso y mi culo abriéndose.
Y sólo pido que no me obligue la vida a olvidarme de Él, que no tenga que dejarlo por no encontrar cosas que no dependen de mí. Que entienda que cuando se trata de personas no todo está bajo mi mano. Que aquí nadie es culpable de lo que la vida nos tiene preparado. Mi sumisión es sólo mía, no tengo muchas maneras de expresarla porque es difícil que alguien entienda la manera tan animal y tan primaria que tengo de ser con el Amo. Ni siquiera busco manifestarlo a quien sé que no lo va a apreciar. No puedo compartir quien soy con nadie, mis amigas no sé si lo entenderían y aunque algo les haya contado, no podré nunca presumir de lo que me duele el culo sin que piensen que me dejo hacer simplemente porque no he vivido otras cosas. Sé que Él también lo piensa. Me agoto de hacerles ver que no me voy a arrepentir nunca en la vida de lo que soy a su lado. Porque necesito ser así, necesito ser yo misma. Necesito ser feliz, porque cuando estamos juntos soy la persona más feliz del mundo. Me gusta hablar con Él de lo que somos y ser sólo nosotros los protagonistas, porque no podemos serlo en ninguna otra faceta de nuestras vidas. Quiero aprender de las desavenencias, de lo que Él también desea, de aceptar con resignación, sin frustración, y estar ahí para el otro cuando nos necesitemos. Busco disfrutar de lo que la vida sí que me ha otorgado.
La esclava me lleve de la muñeca y me enseñe siempre el camino para ser mejor a su lado. Porque la mordaza ya me enseñó a ser perra antes que sumisa.
Espero traer en la siguiente entrada un relato, real o ficticio, de los que tanto os gustan y que yo tanto disfruto escribiendo. 

Echaba mucho de menos expresarme así, sin juicios. 

martes, 30 de octubre de 2018

El viaje. Tercera parte


No quería enfrentarme a este capítulo. Pasé una noche muy mala aquel día, de las que son para olvidar. Pero de las que también tengo que recordar por los momentos buenos que me dio y las enseñanzas que me llevé.
Él tenía que viajar por trabajo cerca de Madrid, yo no tenía clases de idiomas entre semana, y todavía no había encontrado trabajo, así que me propuso ir con Él. Bueno, exactamente no fuimos juntos, porque Él marchó muy temprano por trabajo y yo salí un poco más tarde en autobús. No sabía si llevar maleta porque me resultaba más cómodo salir de la estación con una mochila. Además no llevaba tantas cosas como para llevar maleta. Compré algo de comida antes de ir al hotel donde se alojaba. Habíamos reservado una habitación para los dos, porque Él tenía la suya propia de trabajo. Era la primera vez que pasaría más de cinco o seis horas con Él, nunca habíamos dormido juntos tampoco.
Fue la primera vez que bailé delante de Él. Estaba muy nerviosa. Llevábamos aproximadamente tres meses juntos, y seis meses desde que empezamos a hablar por chat. Por si no fuera suficiente, me había desvirgado, me había visto poniéndome un tampón en la cama, me había enculado y le había enseñado su lefa en mi boca la primera vez que se había corrido en ella. Y esto último fue el primer día de conocernos. Y allí estaba yo como una niña a la que su maestro saca a la pizarra y no ha hecho bien la tarea. No puedo explicar por qué a día de hoy me sigo poniendo colorada ante cosas así o cuando tengo que preguntar en voz alta si desea que le lama los cojones. Recuerdo que era el momento del mes en el que me tenía que bajar la regla. Tenía la barriga revuelta como de costumbre y estaba con el cuerpo más tenso. Quizá por eso al darme por el culo me hice un poco de herida, por no estar totalmente relajada. Me dio una rabia enorme porque íbamos a pasar la noche juntos y sin eso quizá no iba a ser igual. Era mi culpa querer que todo saliera bien. Siempre he sabido lo que era para Él, SIEMPRE, desde el minuto cero de conocerlo en el que me desvirgó. Sabía que yo no iba a ser nunca una de sus prioridades, que me las tenía que apañar yo sola para lo que necesitara. Y era por ese motivo que quería aprovechar cada uno de sus ratos libres que quisiera pasar conmigo. Porque no iban a ser todos, lo sabía.
Al llegar las ocho de la tarde decidió que era mejor que se fuera a su habitación a dormir, lo podían llamar ahí del trabajo y le daba mucho apuro que no lo encontraran ahí. Y llevarme a mí con Él tampoco era una opción segura. Así que pasamos el tiempo que faltaba hasta las 10 que se fue viendo la televisión uno al lado del otro en la cama. Yo me acurrucaba en su costado, recibiendo todo el calor que necesitaba de su cuerpo. Llegó el momento, se vistió, me dio un beso y salió por la puerta. Al día siguiente saldría temprano por trabajo y yo me volvía de nuevo en bus. En el momento en el que salió por la puerta sabía que se había acabado. Que había hecho un viaje para estar con Él y que finalmente no había podido dormir con Él ni una sola vez desde que nos conocíamos. Tuve pesadillas esa noche de la angustia y la ansiedad que sentía, pero no le escribí. Creo que dormiría unas tres horas en intervalos de medias horas. Como me despertaba cada poco no me fue difícil madrugar para despedirme de Él. Le pedí si por favor se podía acercar a darme un beso y entró cinco segundos en la habitación para hacerlo, el tiempo que tardó en preguntarme si estaba bien. Yo asentí porque Él tenía prisa y no se podía parar a escucharme. A la media hora oí su puerta abrirse y las ruedas de su maleta. Abrí mi puerta con los ojos vidriosos, que en la distancia no los podía distinguir. Él se giró para verme pero no se paró. Pude ver en su mirada la decepción antes de que continuara por el pasillo solitario, todo por haberme atrevido a salir de la habitación así, pudiendo hacer que alguien nos viera.
Al cabo de otra media hora salí yo y dejé la llave en la recepción. Le pregunté a la recepcionista cómo podía ir a la estación de autobuses, ya que en el camino de ida cogí un taxi para no ir tan cargada con la comida. Se despidió de mí esperando que hubiera pasado una agradable estancia. En los bolsillos del abrigo llevaba el bloc de notas de cortesía del hotel desordenado en miles de hojas que había escrito por la noche y por la mañana. Eran notas que quería leerle antes de volver a casa, pero no pudo ser. Sentía mucho haberlo decepcionado, que no hubiera podido darme bien por el culo, que lo quería muchísimo y que me permitiera estar a su lado aunque no me permitiera decírselo.
Al bajar del autobús y esperar al metro le escribí y me preguntó si estaba bien. Traté de controlar las lágrimas, encarcelarlas en mis ojos, pero salieron cuando las puertas del vagón se abrieron. Le expliqué un poco lo que pasaba por mi mente y me dijo que no debía haber salido de la habitación sin avisarlo. Estaba distante ahora. No era mi intención que nada de eso pasara. No lo hubiera hecho si fuera peligroso para Él.
No lo llamaba Amo todavía, ni tan siquiera en mi mente estaba la idea de proponérselo, pero me sentía tan suya… Volvía en el metro triste por no haber conseguido lo que Él quería y haberlo hecho sentir mal. Porque el dormir con Él no era nada comparado con lo que vi en sus ojos en aquel pasillo de hotel.
Sigo arrepintiéndome después de cuatro años de haber actuado así.