Libremente soy Tuya

Libremente soy Suya

viernes, 19 de junio de 2015

Duele ser tan puta.

Ayer me dolió mucho el culo, por primera vez en lo que llevo con Él logró dejarme esa marca. Cada vez que me sentaba notaba el roce y la sensación de tenerlo aún muy abierto. Estaba contenta porque por fin sentía Su polla pasadas las horas, tal y como si aún la tuviera dentro. Hizo falta mucho, tuvo que follarme por la tarde, me usó entera, cada uno de mis agujeros. Antes de dormir me abrió el culo de nuevo, únicamente eso. Ni Él se corrió ni yo, simplemente me sodomizó como Su perra. Dormimos y a la mañana siguiente me hizo un dedo, me folló el coño y después el culo. Una vez que se corrió me preguntó si me dolía, le dije que en ese momento no pero que probablemente lo notaría en unas horas. Y así fue.
Al sentarme dejaba escapar un gemido bajito y en mi cara se reflejaba ese dolor tan dulce. Por supuesto a nadie le gusta sufrir, pero nadie es como los demás. Y yo estaba feliz por sentirme usada, me había sodomizado como a una puta. Quizá mucho peor que eso, porque ni siquiera a las putas les hacen lo que Él me hizo a mí. Pero como digo lo vivía feliz porque lo había complacido y había aguantado como una campeona, es mi logro y estoy orgullosa de mí. Es un cabrón pero también es el hombre que más se ha preocupado por mí a excepción de mi padre, y puede que en muchos aspectos incluso lo supere. Cuando me folló por la mañana podía haber continuado. En lugar de ello paró y yo le dije que siguiera. No hubo más. Esa misma tarde le dije que me dolía y que había sido un hijo de puta. Pero que lo adoraba por eso mismo. "Paré porque te notaba el culo dado de sí, imagínate si hubiera seguido como te lo habría dejado...". Os parecerá una chorrada pero me dijo eso y me sentí querida y protegida. Me usó sin importarle si sufría pero al final siempre es el más preocupón de los dos. 
Cuando había cenado me volvió a preguntar cómo estaba. Me encanta, es mi premio por haberme sometido, esas atenciones me llenan, y me gusta hablar de lo que me ha hecho y de lo que más le gustó. Pero a veces está cansado, tiene demasiadas cosas que hacer y follarme lo deja agotado. El caso es que yo tiendo a exagerar esas situaciones, pienso que no me habla por otros motivos que me hacen quedar como una pesada, que preferiría estar con otras si siguiera actuando así. De verdad no sabéis lo que me odio a mí misma por pensar eso, porque sé que no es verdad y nos hago daño a los dos. A veces me culpo por ser tan puta, por disfrutar el sexo de esta manera y por necesitarlo. Sé que a veces acarrea estas consecuencias. No es que yo haya elegido ser sumisa, es que lo soy. No puedo remediarlo. Lo peor de tener esta condición es necesitar después el apoyo de tu Amo. Es muy difícil de explicar. Es como una dependencia exclusiva del momento en el que estás con el culo tan abierto y dolorido. Yo deseo entregarme, nadie me obliga y lo hago libremente, sin embargo necesito que Él actúe después, sentirlo satisfecho, que se preocupe por mí y que valore lo que supone para mí. Esto no son condiciones para que yo sea sumisa, no es chantaje, no es algo que me deba dar para yo acceder a que me sodomice. No. Yo lo seguiría haciendo. Y ahí es donde surge el conflicto en mi cabeza. Yo seguiría actuando así porque me mojo solo de saber que lo complazco, pero me gusta tener esas atenciones después. No me gusta exigirle y cuando lo hago siento que lo agobio, pero lo hago de manera inconsciente, cuando lo machaco me siento muy culpable. Aunque esté ocupado a veces pienso que se excusa con eso para no hablarme. Fijaos a donde llegan mis inseguridades. Cuando pasa todo eso ya no sabe como calmarme, soy como una niña asustada y Él se da cuenta. Sabe que si cede siempre actuaré así para llamar Su atención. Pero hay momentos en los que lo necesito tanto... Quejarme de que me dolía y usarlo como cebo no era la manera de reclamarlo pero sí era el motivo por el que lo necesitaba.
Poco a poco voy superando mis miedos. Sé que para Él soy única y muy especial, Su putita. Ambos disfrutamos con esto y jamás me ha dado motivos para creer que me engaña en algo. Lo que más me duele es traicionarlo con esos pensamientos creyendo que se olvidará de mí, que no soy buena para Él o que no lo complazco lo suficiente. En esos momentos es en los que necesitaría una bofetada y que me callara con Su polla en mi boca. Cada vez queda menos de esas ideas y cada vez las supero más rápido, pero aún hay trabajo que hacer. Sé que Él me ayudará. 

jueves, 18 de junio de 2015

Día Porno (Parte 2)

Los mimos se acaban, mi coño deja de contraerse y me da la vuelta. Ya no hay ni rastro de amor ni de cariño, se tiene que preparar para lo que me va a hacer. Me tumba boca abajo, sin decírmelo me pongo un poco de gel en el culo y lo oigo a Él colocarse. Se tumba encima de mí y acerca la polla a la entrada de mi culito. "¿Estás bien?". A veces me hace esa pregunta cuando está a punto de abrirme. A mí me hace estar tranquila porque sé que a pesar de la brutalidad con la que me va a encular sigue siendo el mismo que se preocupa por mí después. Yo solo alcanzo a decir un "Sí" al mismo tiempo que asiento preparándome. 
Una vez encuentra el hueco con la punta la hunde y la queda dentro un rato. "Como me gusta ese momento en el que te rompo el culo y veo tu cara de dolor. Me aprietas mucho sabes...". Mi culo empieza a coger Su forma y se prepara para las embestidas. Pero antes se queda sobre mí y me aparta el pelo de la cara y me besa suave, "ya está, ya pasó lo peor, la tienes toda dentro". Uno de sus brazos me rodea el cuello y el otro lo apoya en la cama para darse impulso. Una vez que que dice la última palabra comienza a empotrarme contra el colchón. Y esta vez me hace tocarme mientras miro una foto, quiere que me corra así. Yo llevo mi mano y me noto el coño empapado. Con la corrida de antes estoy llena de jugos, huele muchísimo y estoy segura de que Él también lo nota. Me corro sin remedio y como siempre lo aviso antes. Desde el primer momento que hablé con Él sobre sexo fue algo que me dejó claro: "quiero que siempre me avises cuando te corres". Y así lo hago desde nuestra primera vez. Cada vez que me corro me besa y me mima, ahora además notaba agradecimiento por haberle ofrecido mi culo. Pero ya está. Puede que yo esté cansada pero él no. Me levanta de la cama y me pone en el suelo boca abajo y me folla de nuevo el culo. Mi cuerpo amortigua el Suyo contra el suelo, noto la dureza contra mi cuerpo y como absorbo cada embestida. Me dolería si no fuera Él quien me follara o lo viera que lo hace sin preocuparse por mi placer. En el tema de ser delicado tengo las cosas muy claras: un hombre no puede preguntarte si estás bien cuando ya tienes su polla entrando y saliendo por tu culo. Eso rompe toda la dominación. Cuando pasa el día ya te puede todo lo que quiera si estás bien.
Saca la polla y se tumba en la cama. Me voy a tumbar a su lado pero me para: "ve a prepararme un baño cerda". Obedezco y lleno la bañera comprobando la temperatura. Lo oigo entrar y se mete al agua. Tiene un cuerpo tan bonito... No es perfecto ni musculado pero me encanta observarlo. Dejo el grifo abierto para que siga llenándose y le pregunto si puedo ir a por mi móvil. Me da permiso con un azote suave en el culo, joder lo adoro tanto por esos detalles. Él jamás hizo eso con ninguna pero sabe que a mí me gusta y me premia así. Regreso y veo que se ha quedado en la parte donde están los grifos, la más incómoda y la que suelo ocupar yo. Incluso en eso me acostumbró sin saberlo a ser sumisa. Yo solía quejarme porque siempre me tocaba ahí, Él se reía y me daba largas. Y hoy me ofrecía esa comodidad. Apoyé la espalda sobre la superficie lisa de la bañera y lo vi acomodarse. Yo soy muy finita y me escurro, era incapaz de estar a gusto y menos viéndolo a Él tan mal. "Te quejabas porque nunca tenías ese lado y ahora no paras de revolverte". Es cierto pero ahora ya eso no importa. Ahora soy Suya. Mi bienestar, mi placer y mis gritos dependen de Él, y si no lo veo disfrutar yo tampoco lo hago. No sé si lo veis como algo frívolo por limitarse al sexo o como algo humillante por mi parte. Pero os aseguro que no siento ni una cosa ni la otra. Nuestra manera de vivir esto es dando placer al otro y vivirlo como si fuera el propio. Y yo soy Su sumisa, no puedo evitar preocuparme por saber si está bien. 
Salimos y se tumba en la cama, me tumbo a Su lado pero no lo rozo. A veces no sé si le molesta, no me atrevo a tocarlo por si no lo hago bien. Él es el que marca los ritmos. Me coge y pone mi cabeza en Su pecho, me gusta oirlo respirar. "Estás siendo muy buena hoy y todavía no he acabado". Me gira de nuevo y me la mete, esta vez va entera, sin ir poco a poco, yo grito y jadeo. "No grites porque me pones peor y lo vas a pasar mal". Lo noto, lejos de preocuparse luego me contó que se la ponía más gorda y con ganas de penetrarme más profundo. Siempre está pendiente del mínimo quejido por mi parte, pero sabe diferenciar cuando es de dolor y de simple impresión. Mis gritos lo hacen crecer y me pone a cuatro patas al borde de la cama y ahí me embiste como si lo estuviera haciendo por el coño. No sé como estaba tan normal al día siguiente, solo una leve molestia al ir al baño. Cuando le cuento eso al día siguiente me suele decir "estás hecha para ser sodomizada y que te enculen regularmente". Pero esta vez las embestidas fueron muchas y todas se concentraron en el culo. Me deja tirada en la cama pero no lo veo con ánimos de descansar. Todo lo contrario, me levanta las piernas boca arriba y me peta el culo así. Noto toda la polla en el estómago, me revuelve entera pero es una tortura tan deliciosa... "Me voy a correr zorra". Se tumba en la cama y me lleva la cabeza para que se la mame, lo noto muy duro y toda la lefa va directa a mi garganta. Intento controlar alguna arcada. Me encanta su sabor y cuando se corre con tantas ganas me inunda la boca, esta vez tenía más de media polla en la boca mientras descargaba. No pude controlarme y cuando las últimas contracciones pararon tragué y se la limpié. Es un acto de sumisión que Él disfruta mucho.
Cuando termino me coge con las fuerzas que le quedan y me tumba a su lado rodeándome con un brazo, me pone una pierna sobre las Suyas y me acaricia. "Hoy lo has hecho muy bien, te has portado realmente bien y has sido muy complaciente". Me gustó muchísimo que hiciera eso. Después me explicó que lo debía hacer, después de mi comportamiento rebelde merecía ser sodomizada. Esos gestos de cariño hay que ganárselos, me entregaría a Él a pesar de no recibirlos, porque soy una perra, sin embargo siempre son un premio maravilloso de recibir. Es lo que deseo durante toda mi vida, ser Suya. 

lunes, 15 de junio de 2015

Día porno (Parte 1)

¿Conocéis esa sensación de llegar a casa muerta de cansancio pero con el cuerpo pleno de satisfacción y el alma feliz? Así me siento yo ahora mismo después de haberme ofrecido a Él.
Hoy me ha follado solo el culo. Quería sodomizarme de verdad para que entendiera quien manda. Aunque a veces me pongo un poco rebelde, no lo hago nunca a propósito. Me encanta aprovechar los momento juntos. Él me complementa en ese sentido porque es mucho más calmado, sopesa las cosas y hace lo que sea mejor en cada momento. Cuando me lo explica y se esfuerza por compensarme sé que le importo y entonces soy capaz de aceptar lo que me pida. Al fin y al cabo soy Su sumisa. Pero como tal también necesito ese punto de comprensión por Su parte, que entienda mis necesidades y se preocupe por mí. Si no me diera eso no podría ser Suya y mucho menos acatar Sus ordenes. Es el más paciente conmigo y por eso estoy tan bien a su lado. Siento el paréntesis pero es importante para entender por qué soy capaz de someterme y por qué quedamos y no me quejo al recibir su polla solo por el culo. Pero por encima de todo, de cualquier sentimiento es que yo adoro que me tenga a  Su merced, cuanto más duro es más me gusta a mí. 
Antes de quedar siempre solemos planearlo todo, yo lo prefiero. Él me ha acostumbrado a eso. Es una fórmula para saber lo que puedo pedir y lo que no, porque Él tiene carta blanca para hacerme lo que quiera. "Dúchate y lávate bien el culo pero no te preocupes si tu coño huele mucho a cerda salida". Con este tipo de comentarios suelen comenzar la planificación de nuestros encuentros. "Me gusta que te asees el culo en previsión de lo que te espera", solo con esas dos frases ya me mojo. Me conoce y sabe que aunque me duche mi coñito volverá a llenarse.
Ya es costumbre que sea yo quien le habrá la puerta de nuestra habitación. Esta vez me pidió que lo esperase solo con las braguitas y que le abriese de rodillas. Pero no sé que me pasa cuando lo siento cerca que hace que me olvide de cosas. Cuando está en la habitación toda mi vida desaparece, no recuerdo lo que he hecho antes, lo que he comido, lo que pensaría mi familia y mis amigas... Da igual todo eso, porque yo no me manifiesto como soy realmente en esa chica. Yo soy ahora. La que está abriendo la puerta y ha olvidado arrodillarse.
"¿Pero qué haces de pie? Se te olvidan las cosas y así no eres obediente". No ha terminado de hablar cuando he intentado rectificar poniéndome rápidamente de rodillas. Se desabrocha el pantalón y se detiene para que siga yo. Le saco la polla y me la llevo directa a la boca, tirando del borde de su pantalón hacia mí. Noto que le gusta ese gesto. Me para y me lleva a la cama. Sin correrme sé que me abriría el coño a base de polla, pero esta vez toca culo. Y yo le tengo preparada una sorpresa. Es un vídeo porno que localicé a raíz de un clip que nos gustó mucho. Se puso muy cerdo cuando lo vio y al decirle que había localizado el vídeo entero le encantó. Así que mi primera corrida me la iba a regalar masturbándome viendo eso. Me coloco de lado para ver la pantalla y Él detrás, tumbados los dos. Me empieza a tocar y su mano queda empapada al instante, ya le dije que estaba muy puta y que necesitaba correrme con Él. Ataca mi clítoris y yo me contraigo entera. "No te corras todavía, aguanta. Si lo haces y me desobedeces terminaría lo nuestro". Cómo puede darme una consigna así y esperar que no responda como una zorra... Y así es. Mi coñito se moja más, Sus manos, toda la habitación huele a mí. Cuando llegamos al minuto que vimos en el clip me da permiso para correrme. Yo he aprendido a aguantar y ahora quiero notar más Su mano, le pido que use la mano entera para cogerme bien. No puedo más, me corro, estallo ahí mientras me lame y me muerde cuello, Termino de contraerme y se pone sobre mí para besarme. Me encanta que haga eso, es su manera de reponerme y cuidarme. Lo consigue siempre.
El problema es que enseguida quiero más...

miércoles, 10 de junio de 2015

Con cariño I



Te voy a engordar a base de lefa.


Olor a puta

Se acababa el fin de semana y simplemente estaba en casa esperando a que la rutina comenzase. Pero surgen imprevistos, imprevistos maravillosos y deliciosos que hacen que salga corriendo de casa.
Puedo ir andando hasta donde hemos quedado, así que escojo el vestido más corto que tengo, de esos que tienes que ir tirándote de vez en cuando de la falda para que no se te levante del todo y te pongan en un apuro. Ya que esta vez no me ha hecho ninguna petición acerca de mi ropa interior puedo elegir vestuario libremente. A pesar de lo corto que es siempre me gusta mantener mi imagen inocente y salgo sin apenas maquillar y con sandalias planas. Me lavo los dientes a prisa, cojo nuestras cosas, las meto en el bolso y me voy. Al principio tenía que coger un bolso más grande, cuando estaba acostumbrando mi culito a su polla e iba cargada con los productos necesarios. Ahora ya me tiene domada y prácticamente podría follarme como quisiera.

Estamos juntos. Mientras Él se ducha yo entro en el baño con la excusa de beber agua. Soy así de tonta, no puedo aguantar separada de Él cuando estamos bajo el mismo techo. Y sé que necesita sus momentos a solas así que invento cosas para que no me pueda regañar. Ya tengo la toalla en mis manos esperando a que corte el agua para ponerla sobre Su cuerpo. Sale de la ducha y lo secó por delante con toques suaves. Se da la vuelta y me apremia: “vamos, más rápido. Tienes que aprender a hacerlo bien”. Esa es Su manera de fortalecerme y la otra es la mía de devolverle mimos y cuidados. También tiene Sus momentos de delicadeza y los adoro, pero me encanta sentir Su cuerpo sobre el mío, Su peso, Su mano tirándome del pelo, Sus suaves azotes… Es un contraste que me desarma y me hace apreciar cada uno de esos extremos. Pero a Él soy incapaz de hacerle el más mínimo rasguño. Únicamente me pica para que lo use cuando vamos a practicar sexo oral y me coloco sobre su boca. “Eres muy tontita, te da miedo usarme de verdad, hacerme sufrir y joderme solo pensando en tu placer, sin importarte si lo paso mal”. Y así es, me derrite por dentro cuando me dice esas cosas.
Vamos a la cama y me tumba boca arriba y se acerca a mi coñito: “como te huele el coño zorra… Hueles a puta, toda la habitación tiene tu olor”. Sé que le encanta, nunca ha despreciado nada que viniese de mí. Lleva su boca ahí y saca su lengua, me da lametones suaves para después pegar toda su boca a mi sexo. Se para y me mira a los ojos: “lo tienes gordísmo, vienes muy cerda”. Yo solo puedo gemir y asentir agarrándole el pelo y acariciando Su cara. Verlo chupando me pone mucho, parece un chico inocente, no hay ni rastro del cabrón que me follará sin piedad en unos minutos. Y como si escuchara mis pensamientos sensibleros se levanta y se tumba a mi lado: “aprovecha que te dejo y fóllame la boca”. Él manda incluso cuando se supone que yo debo usarlo. Me corro así y me pide que lo deje con mi olor y mi corrida por toda Su cara. Obedezco y lo dejo libre, me tumbo a su lado con mi cabeza sobre Su pecho. Aprovecho para besarlo, ahora hueles a mí. Simplemente es perfecto. Nuestros gustos se complementan tan bien... Me siento Suya. Mi maestro, el que me ha hecho sentir libre, que no me avergüence de nada. Con el soy yo misma sin reservas. Me encantaría hacerlo feliz toda la vida…

Mis pensamientos se cortan cuando Él se mueve y me coloca boca abajo: “no creerías que me había olvidado de tu castigo. Parece que todavía no te das cuenta de que eres mía y de que tienes que ser buena y guardarte esas salidas de tono”. Le pedí que me castigara, que me diera en el culo y que no parase hasta que me quejara. Ahora me toca hacerme responsable de mis deseos. Cuando me castigó la última vez, como os conté en Junto a la bañera, no me lo esperaba y mi cara lo preocupó. Sé que lo hice sentir incómodo. Nunca más quiero verlo así, quiero que con total libertad lo vuelva a hacer si me lo merezco. Pero para ello necesitaba ser yo ahora la que se lo pidiera y volviese a abrir esa puerta. Y aquí estoy sometida a Su dominio. Entregada a que haga lo que quiera y lo repita cuando lo considere necesario. Después sé que me follará como un salvaje, me abrirá de piernas para hacer hueco y si soy buena me dejará ponerme sobre Él. Y es que si algo que adoro es la sensación de su polla abriéndose paso entre mi cuerpo. 

domingo, 7 de junio de 2015

Junto a la bañera

Hoy únicamente quería dejar por escrito una breve reflexión de la que me he dado cuenta gracias a una compañera.

Cuando estoy con él mi cuerpo no me pertenece. Es suyo. Lo que yo siento es gracias a lo que me provoca. Que se tumbe sobre mí me encanta, es una sensación increíble que al principio pensaba que me gustaba por desear contacto. Pero me doy cuenta de que hay una cosa más importante. Y es que cuando se coloca sobre mí me siento suya, siento que mi cuerpo es suyo para dominarme, me siento muy protegida.

A veces cuando me siento lejos de él, sea por la distancia o por alguna peleilla, solo quiero que me dé algún cachete en el culo. Si la culpable soy yo merezco lo que quiera hacerme. Sin embargo cuando él me enfada por algo, no me entiende, cree que lleva la razón y discutimos también deseo que me castigue. Para mí es la manera que tengo con él de solucionar las cosas, de saber que todo vuelve a la normalidad. Porque castigándome me vuelve a hacer suya. Mi entrega y mis gustos no tienen que ver con ningún sentimiento profundo, aunque sí es cierto que lo adoro por atreverse a ser Él mismo a mi lado. 

Recuerdo una vez que me sacudió fuerte en el culo. Yo estaba de rodillas fuera de la bañera, llenándola de agua y comprobando la temperatura para meternos juntos. Normalmente entre nosotros nos decimos lo que vamos a hacer cuando nos vemos y lo que pasó esta vez no estaba previsto. El caso es que me encontraba en esa postura cuando sin previo aviso me cogió con un brazo para sujetarme por el pecho y la mano libre fue directa a mis nalgas. Me dio sin muchos miramientos. Un “Que sea la última vez que te comportas así, que estás muy revuelta estos días” sirvió de intermedio para recibir el final. Se alejó mientras yo respiraba agitada, casi como si me acabara de follar. Ya me había dado algún azote otras veces pero porque yo se lo pedí y descubrí que lo disfrutaba. Pero esta fue la primera que lo hizo de verdad como un castigo, sumando el hecho de que lo hizo sin avisar. Yo no me lo esperaba y me sentí muy rara, sentí de verdad que había hecho algo mal, no estaba furioso pero sí que le molestó que no me comportase como su niña buena. El miedo a defraudarlo, a haberlo hecho sentir mal, a que pensara que yo era mala o que no quería cumplir sus ordenes me hizo sentir culpable. Yo no deseo nunca jamás contradecirlo o negarle una de sus órdenes. No lloré por el dolor ni mucho menos, fue algo muy suave, pero él sí que me notó afectada por haberlo decepcionado. “Si lloras no te vuelvo a castigar” me dijo. La ternura que salía de sus palabras a pesar de lo frío que pueda parecer el mensaje me hizo reconciliarme conmigo misma. Supe que no iba a dejar de tratarme como le diera la gana, que si me tenía que joder fuerte lo iba a hacer. Sin embargo en el fondo se preocupa por mí. Nunca me va a preguntar tratándome de víctima si me duele al metérmela así o por ahí. Ni él quiere decirlo ni yo escucharlo. Por eso para mí es tan importante que sepa que puede hacer conmigo lo que quiera. Tengo total confianza en él.
Los límites los marca él. 

viernes, 5 de junio de 2015

El romanticismo a su manera

Siempre decimos que los hechos son más importantes que las palabras, y así debería ser. Pero no nos engañemos, a todos nos gusta oír una palabra que muestre preocupación, interés o cariño hacía nosotros. Bien pero, ¿en qué categoría metemos esas palabras? O mejor dicho, ¿cuál es el trasfondo que deben tener para que verdaderamente nos conmuevan?

Para ciertas mujeres escuchar: “eres la luz que ilumina mis días”, es pura poesía. Les encanta, se derriten y ven al hombre que se lo dice como el ser más maravilloso del mundo. O esto otro: “he estado perdido hasta que te he encontrado”. No es que menosprecie estas muestras de afecto pero para mí no son… conmovedoras digamos. Sobre todo porque en esas palabras van implícitos muchos sentimientos de amor y la necesidad de no poder vivir sin el otro. A veces cuando una persona las dice es verdad que siente todo eso. Sin embargo en otras ocasiones se dicen de manera superficial y banal, solamente porque suenan bonitas y saben que gustará a quien las recibe. El caso es que esa persona a las que van dirigidas nunca sabrá el motivo verdadero ni los sentimientos reales de la persona que le está ofreciendo esas palabras.

En mi caso prefiero otras muestras de romanticismo. Recibir un mensaje Suyo, abrirlo y leer: “prepara el culo que te lo voy a dejar abierto para días”, o este otro: “me esperas de rodillas y me abres la puerta ya así”, me provoca mucho más que lo que mencionaba anteriormente. Para empezar al leerlo sé que ha pensado en mí. Después deduzco Sus ganas irrefrenables por follarme y para mí es más que valioso porque significa que me desea, que quiere correrse conmigo. Y por último: no hay nada oculto detrás de Sus palabras. Es un hecho que quiere hacerme eso y es algo que sí me puede demostrar, algo con lo que no me puede engañar. Para los hombres el sexo es básico en una relación y yo lo valoro de la misma manera. De modo que si lo puedo satisfacer en eso, complaciéndolo y mostrándome a su servicio, ¿pueden acaso otras palabras de amor darme más de lo que yo siento con Su manera de ser romántico? Claramente no.

Yo prefiero Su romanticismo de cabrón que quiere joderme y demostrarme así lo que significo para Él, antes que palabras que no se pueden probar. Esa es la manera en la que entiendo el afecto, con hechos que dejen marcas en mi piel.