Libremente soy Tuya

Libremente soy Suya

miércoles, 23 de marzo de 2016

Tener dueño

No quiero que sea una entrada muy larga porque ya conozco muy bien el gusto del Amo, y si algún día las lee no quiero que me lo recalque. 
Hace mucho que no escribo, así que desde hace varias semanas quería aclarar lo que es para mi tenerlo como dueño. Mientras me follaba se detuvo un segundo para volverme la cara hacia Sus ojos: "¿Te sientes propiedad mía? ¿Te sientes con dueño?". Asentí con la cabeza y la boca entreabierta. Su mirada se enterneció, como queriéndome decir, "te sientes así, pero cuanto te queda por avanzar..." Entendí su expresión y me reafirmé, le dije que sí, que Él era mi dueño. Es la verdad más verdadera del mundo entero. Puede que a veces sea una niña tonta, que no me sé comportar, que no valoro todo lo que el Amo hace por mí y que con todas esas actitudes dé la impresión de que soy libre, de que tengo la opción de elegir. De que no tengo dueño. Y no es así. Son solo mis rebeldías, mis ataquitos de boba, mis inseguridades contra las que lucho. Sin embargo, a pesar de todo ello jamás me he sentido un ser desligado de Él. Estoy en un proceso de aprendizaje, y lo bonito, aunque duela en algunos momentos es que nunca va a terminar. 
A lo que me gustaría llegar es a dejar de necesitar a mi Amo. Lo voy a explicar bien. Si yo soy Su perra tengo que dejar de ser exigente, de sentir celos, de reclamarle atenciones, de molestarme porque hable con H o con B, de preocuparme por mí antes que por Él, de ser una egoísta... Así podría seguir haciendo una lista muy larga de mis fallos. Pero también tengo virtudes muy buenas, y son las que quiero usar para apoyarme y sacar a flote mis objetivos. Comportarme de una manera tan poco racional y lógica me hace perder de vista las cosas positivas. Quedarme con lo malo es lo que alimenta toda esa lista de fallos. No hay por qué olvidarlos, ya que se trata de aprender. Lo que debo hacer es verlos con perspectiva. Aprender que aunque hoy me dé un ataquito va a ser más leve que el de hace una semana. Que aunque mañana me ponga celosa o rabiosilla por una conversación ajena a mí, nunca va a ser de la misma magnitud que la de hace un mes. A diferencia del antes, ahora tengo más herramientas. Cada vez las sé usar mejor, busco el origen de lo que me entristece o enrabieta y lo racionalizo. Y así poco a poco ir aprendiendo a ponerlo a Él por delante, a que mis problemas dejen de ser el centro, a dejar de necesitar esas palabras de aliento para recomponerme y volver a ser obediente. Yo sé que es muy difícil de conseguir, sobre todo cuando te martirizas con la idea de que lo has fallado. 
De modo que lo que quiero es ser cada día mejor. Sin dejar de ser Suya, darle cada vez más espacio, apartarme cuando lo necesite y apoyarlo en Sus problemas como Él hace con los míos. Sé que toda mi vida voy a recurrir a Él para solucionar ciertas cosas. Pero quiero hacerlo sin cargas para el Amo, sin cargas emocionales que consuman Sus ganas de verme, follarme o sodomizarme. Quiero sustituir todo por ser Su perra de verdad, estar para cuando me necesite, darle mimos, permanecer callada cuando toque, obedecer como cuando lanzas un hueso y el animal te lo trae. Porque al final de eso se trata todo: no cuestionar nada, no necesitarlo y estar ahí para cuando Él te necesite. Ahora es mi dueño, pero deseo poder decirlo orgullosa de saber que tiene la mascota que se merece.