Libremente soy Tuya

Libremente soy Suya

martes, 20 de septiembre de 2016

Cuéntame

Llevaba una semana muy extraña, muy tonta, muy con ganas de Él. Pero supongo que aún me faltan habilidades para manejar esos sentimientos de echarlo tanto de menos, porque en lugar de guardarlo como algo bonito, lo manifesté con ansiedad. Así que voy a tratar que esta sea la última entrada en la que tenga que comentar, aunque sea de pasada, que he sido una imbécil. 
El otro día estaba en el trabajo y tenía la cabeza dispersa, pensaba en qué haría cuando lo viera, cuando ocurriría y si sería capaz de perdonar mi comportamiento. Empezó a sonar "Andar Conmigo" de Julieta Venegas. La música es algo que siempre me ha gustado y me ha ayudado a desahogarme y a canalizar mis pensamientos. De modo que me centré en la letra. Me sentí como si me quitaran un peso de encima, como si me hubieran descubierto la realidad de las cosas, como si me hubieran inculcado madurez. Mañana es día 21, hará dos años desde que nos vimos en persona por primera vez. Y me he dado cuenta de que no quiero desperdiciar el tiempo con ideas e hipótesis sobre nuestro futuro. Si lo echo de menos pues lo echo de menos, es algo que no puedo controlar porque desearía verlo cada día. Pero se acabaron los pensamientos del tipo: "que hubiera pasado si...", "cómo serían las cosas si yo...", "ojalá mañana hagamos..."
Tampoco quiero promesas. Quiero vivir el tiempo que esté con Él de la manera más plena y tranquila posible. La promesa más grande que podemos hacernos es que yo soy Suya y Él es mi Amo, no quiero nada más que eso. Quiero disfrutar de Él, ser buena y aprovechar cada segundo en el que estemos juntos sin perderme ni uno solo de Sus gestos. Porque solo así, solo sabiendo que he dado lo mejor de mí, podré volver la vista atrás y estar contenta conmigo misma. Nosotros empezamos como dice la canción, contándonos el uno del otro, confesando gustos, debilidades y deseos. Hablábamos mucho y comenzamos a andar juntos. Dos historias diferentes se juntaron en una sola. La esencia de lo que eramos es la que quiero mantener, tal y como dice la letra: festejemos cada día que la vida nos unió. A la mierda los "y si...". Ya llegaremos a eso cuando nos toque. Nuestra historia no tiene final, es la que vamos construyendo, es el ahora. Él es un hombre maravilloso y estupendo, ni uno solo de mis pensamientos se ha alejado nunca de querer lo mejor para Él. No me corresponde a mí decir lo buena que soy, sin embargo me siento muy feliz cada día por haberlo conocido, y muy afortunada también. Repetiría el día en el que nos conocimos mil veces sin dudarlo, cada beso, cada caricia y cada embestida. Mi entrega no tiene fecha de caducidad. Es lo que sé. 
Comenzamos con un "¿Quieres andar conmigo?" y hemos recorrido mucho camino juntos. De modo que sí, yo sí quiero andar contigo Amo.  

jueves, 1 de septiembre de 2016

Relato: Mi jefe es un cabrón

Todos los relatos tienen para mí una fuente de inspiración, sea un vídeo o una charla, y una dedicatoria a alguna persona. En este caso es el Amo. No es una historia que me haya pedido Él para leer, pero sí que mientras la imaginaba no podía evitar relacionarla con mi dueño. Así que es para ti Amo.

 ***

Termina el verano y toca volver a la rutina, pero que pereza... El trabajo no está del todo mal, me permite darme mis caprichos y salir por ahí. Sin embargo, me da la sensación de que no vivo nada más que para eso. Mi pareja es un chico encantador: tenemos muchas cosas en común, puedo charlar con él muchas horas, está pendiente de mí, me ayuda con las tareas de casa, etc. Pero hay algo que no me termina de convencer. Me gusta que sea tierno conmigo, en cambio hay algo que no me hace entregarme o vivir la relación al cien por cien con él. 
Una tarde al salir del trabajo decido avisar a mi chico y decirle que me voy a retrasar porque hay papeleo que poner al día. Es mentira obviamente, mi jefe nos obliga a tener todo al día y nos hace trabajar como esclavos. Pero como Mario, mi pareja, jamás sospecha nada de lo que le cuento me aprovecho cuando me apetece estar sola. Así que esta vez me voy a un bar muy sofisticado y chic pero con mucho ambiente que hay cerca de la oficina. Está oscuro y amueblado con sillones de cuero y mesas bajas en el centro que los van agrupando. Sin duda es un local que invita a socializar, ya que no hay ninguna estancia íntima o creada para una pareja o una grupo pequeño. Pido una copa en la barra y cuando voy pagarla, la chica que me atiende, con unas tetas que ya quisiera yo, me dice que el hombre sentado junto a la escalera ya la ha pagado. Miro hacia la dirección que me indica y veo una espaldas anchas, un traje impecable y un culo de infarto. Joder, ojalá me acorralara en el callejón de atrás y me follara sin tacto ni respeto ninguno. Cuando se gira miro una cara de sobra conocida, la de mi queridísimo jefe que se aproxima a mí.

- Vaya, por fin se digna la novia fiel a echar una canita al aire... ¿Qué? ¿Dónde has dejado a tu marido? Seguro que está en casa deseando que vuelvas.
- Hago lo que me da la gana que para eso soy mujer, independiente y gano mi dinero. No necesito que ningún hombre me dé su permiso y no voy a rogarle nada tampoco.

Como detesto que me diga esas cosas. Mario es tan soso que ni me pregunta en qué gasto mi tiempo ni me propone planes para después del trabajo. Una mano en mi rodilla me saca de mis pensamientos. Mi jefe está jugando con mi falda para adivinar qué llevo debajo. Le aparto la mano de golpe cuando en realidad mi coño está pidiendo a gritos un alivio. Pero es un ser tan odioso, y mi jefe además, que no lo quiero ver ni en pintura. Me levanto y me coloco el vestido.

- Deja, yo te coloco por detrás. En un segundo estás lista.

Y un segundo después noto un cachete en el culo que me ahora sí que me hace mojar las bragas. No entiendo una puta mierda. Ese gesto me ha gustado, algo tan machista, de cabrón, algo que siempre he recriminado a otras mujeres por gustarles... Bueno, yo me voy ya a casa. Espero que Mario esté despierto, y si no que espabile, le pienso poner el coño en la cara para darme un gustazo. Pero al llegar a la esquina donde tengo el coche, una mano me arrastra de vuelta. Me pone contra la pared y frota su entrepierna contra mi vestido, justo a la altura de mi coño. El hijo de puta de mi jefe quiere hacerme toda una mujer... Y yo ya no me resisto más. Voy a quitarle el pantalón y me dice que no, que le pida permiso primero. Me quedo alucinada, como si fuera una niña pequeña que tiene que pedir permiso a sus padres. El caso es que me gusta mucho y le hago la pregunta. Mete la mano debajo de la falda de mi vestido y me agarra el coño. Creo que eso es un sí y sospecho que solo me ha humillado por gusto. Funciona. Me quita la chaqueta y la tira al suelo. Me dice que me ponga a cuatro patas y me levanta el vestido por la cintura. Se chupa un dedo y me lo mete por el coño. Me masturba como nunca nadie lo ha hecho. Aparta la mano y me escupe. Contraigo los muslos. Solo quiero frotarme contra algo y correrme ya.

- Por favor, fóllame ya, quiero correrme...
- Vaya, vaya, vaya... La señorita "no necesito que ningún hombre me dé su permiso y no voy a rogarle nada tampoco". Desmentir tus palabras me causa placer, puta. No rechistes a lo que te llame, porque me puedo enfadar y dejarte sin nada. Los dos sabemos que vas a darme la razón y a dejarme hacer como me dé la gana. Ponte a cuatro patas de nuevo y no mires para atrás ni preguntes nada.

Obedezco y pienso si me va a follar el culo. Mario nunca lo ha hecho y me da un poco de miedo porque nunca lo he probado. Pero no, al instante noto su polla en mi coño, me coge del pelo y me folla. Al oído me dice que no me preocupe, que para el culo aún quedan unas cuantas citas más. Me voy a correr con su polla dentro y lo aviso de ello. No aguanto más, me tiemblan las rodillas y me tumbo en el suelo. Noto todo su peso encima pero me da igual. Me gira, se coloca encima de mi de nuevo y pone su polla en mi cara. Alza una ceja en gesto de "que no te lo tenga que pedir", y le empiezo a hacer una mamada con todas las ganas de comérsela. Joder joder... Tiene una polla perfecta, ¿cómo sería por el culo? Uff, estoy pensando unas cerdadas que jamás imaginé. La empiezo a notar muy dura. Me la saca de la boca y se pajea en mi cara, madre mía... Esto es de las pocas cosas guarras de verdad que he hecho con Mario, y no es que me haga mucha ilusión. Me agarra del pelo y maneja mi cabeza como quiere. Esto es otra cosa, y no las mariconadas de Mario. Las caderas se me mueven buscando el roce pero no hay. Lo que llega es una corrida densa y copiosa de lefa. Me relamo y mi jefe gime. Pero cuando se calma empieza a reírse.

- Te dejo ya, ve con tu novio. Ya me rogarás y me buscarás pidiendo más. Y dúchate antes de meterte en la cama, que hueles a puta barata.

¡Pero será gilipollas! Me levanto enseguida y empiezo a vestirme con rabia. No encuentro mis bragas. Miro alrededor y no están. Pero al final de la calle va mi jefe con unas bragas negras en la mano.