Libremente soy Tuya

Libremente soy Suya

domingo, 30 de octubre de 2016

Verte de nuevo


Suena esa canción, voy en el coche con Él. Veo que le gusta, que mueve los dedos al volante, que gesticula como si rapease al ritmo de la música. Se me ocurre la idea de hacer una playlist con todas las canciones que le gustan y que sean la banda sonora de nuestros encuentros. Hay atasco y me encuentro ya cerca del centro así que me bajo para que Él continúe a casa. Cruzo el paso de cebra y veo su coche esperando a que se ponga en verde. Saboreo esos segundos en los que aún puedo adivinar su rostro. Cada instante con Él cuenta. Imprimo su olor en mis recuerdos y saboreo la esencia de lo que hemos hecho en mi boca. Porque ya no hay más hasta que te vea de nuevo Amo.
Nunca comprendí a aquellas mujeres que se llamaban a sí mismas sumisas, pero que no aguantaban las distancias ni las esperas a pesar de estar fines de semanas completos satisfaciendo los deseos de sus dueños. Mujeres que criticaban sus actuaciones en público, que ocultaban secretos y que cometían faltas de respeto a un hombre al que de boquilla consideraban superior. Eso no es pertenecer. Si de entrada yo no soy capaz de actuar así con una amiga, mucho menos actuaría así con el Amo. Ni en los momentos de debilidad en los que oculté verdades pude aguantar callada. Ni en los momentos separados fui capaz de mover un dedo en su contra. Si de algo puedo presumir es de sinceridad y honradez. No entiendo la pertenencia a medias que se practica por ahí, no entiendo las palabras de seguridad, ni la falta de confianza en una persona a la que entregas tu cuerpo y prácticamente tu ser. O quizá sea porque yo estoy con Él y entrego todo lo que tengo. 
Hace unos días recordaba con melancolía los primeros momentos que viví con Él. Momentos que compartíamos a distancia cuando aún no nos conocíamos en persona. Yo nunca pensé que un hombre me pudiera distraer tanto mientras veía una serie o una película. Y era gracioso, porque después resultaba que era yo la que lo distraía a Él bebiendo con lascivia de una botella de agua. Se juntaron el hambre con las ganas de comer. Nos alimentábamos el uno del otro y las ganas de vernos nos explotaban en el pecho. Cuando voy a encontrarme con Él la misma sensación me recorre el cuerpo entero. 
Ayer lo vi de nuevo después de muchas semanas. Me daba vergüenza mirarlo a la cara. Lo único que quería era abrazarme a sus pies y que me perdonase por mi inmadurez. Sin embargo traté de parecer adulta y lo esperé como siempre. Ya en la habitación mis manos lo buscaban y Él se resistía al principio. Mi boca quería la suya. Quería volver a saborearlo y beber solo de Él. Mientras me follaba por el culo mi mano encontró su cabeza y la pegó contra la mía. Quería fundirme con Él, que notase que me tenía, que era suya y de nadie más. Me dolía el culo pero daba igual. Sentía su peso de nuevo y la molestia desaparecía. En murmullos decía que lo adoraba, buscando redimir mis faltas. Quería encontrar lo que habíamos perdido por el camino. A nosotros. Dos personas que no necesitaban buscarse porque desde el momento en el que empezaron a hablar ya eran poseedor y pertenencia. Y es que yo jamás me he sentido extraña a su lado. Ninguna de sus palabras me ha sonado forastera, tuvimos todo, el mejor de los comienzos a pesar de las circunstancias. Y el primer beso de un hombre que no entendía la soledad en la que había vivido y que quería abrirme al mundo. 
Comprendo el poder de las consecuencias. No se puede regresar a la ligera y tener lo mismo de antes. Por eso lucho y por eso seguiré luchando para llegar a la vida que ambos deseamos, un proyecto en común. Y lo que me dio ayer fue esperanza. Cuando alcé mi boca y encontré la suya al fin, sentí que lo veía como al principio. Te volví a ver de nuevo Amo. Soy trabajadora y testaruda. El esfuerzo que estoy realizando para cambiar es por los dos. Porque personalmente no me veo siendo solo una amiga para Él. Quiero ser eso y la perra más fiel que nunca tuvo. Quiero verte de nuevo todas las veces del mundo. Quiero mi culo siempre abierto, con Él encima de mí, sintiéndome segura bajo su peso y viva con su boca saboreando mi cara y mi cuello. Tú serás la llave que acceda a eso, porque eres dueño de lo que has descubierto. Te adoro. Siempre. 

jueves, 6 de octubre de 2016

Nuevo Yo

Hacía mucho mucho tiempo que no escribía una entrada y tenía ganas. Además ha sido un mes muy intenso. No voy a escribir nada sobre eso porque prometí en una entrada anterior que no lo haría, y por otra parte a quien le concierne, que es a Él, ya sabe todo lo que debe. Dicho lo cual, me pongo a escribir ya.
Creo que nunca me he sentido sumisa conmigo misma. Hablo siempre de mi ser particular como parte sumisa porque no sé qué otra palabra darle. Ante todo me siento la perra del Amo, me siento Suya, siento que yo no decido nada en lo que concierne a ambos. Sin embargo nunca me he sentido así conmigo misma. Es decir, yo no me he creído de mí misma que era una perra, un ser que está en este mundo para servirlo a Él y a quien Él me quiera entregar. No es que no lo deseara, es que no disfrutaba de ello porque no me lo creía como parte del proceso. Siempre buscando excusas para librarme de cosas, siempre aprovechando cualquier hueco para colar mis exigencias y siempre pensando que lo que yo opinaba de verdad tenía que ser parte de Sus decisiones. Mi corazón trataba de romper esas ideas de mi cabeza, de borrar aquello que no se ajustaba a la meta que yo quería conseguir. Me ha hecho falta caer, arrastrarme y quedarme en lo más profundo de un pozo. Sola. Sin Él. Sin Sus palabras que me calmasen, sin mis berrinches de niña caprichosa que alentaban un comportamiento egoísta. Me he dado cuenta de que no quiero vivir rodeada de todo eso, de que soy Suya, no una niña que lo necesita solo porque sí. Si Él me faltase o se alejase para siempre de mí, ¿acaso iba a vivir compadeciéndome y negando lo que soy? No. Lo pasaría mal unas semanas, dos meses, pero yo soy una perra, lo soy por mí misma sin ayuda de nadie más. Lo soy porque me gusta sentirme pequeña, sentir que con mi carita inocente puedo hacer que un hombre disfrute de mí y de lo que ofrezco. Esas cosas deben primar por encima de todo. Es una especia de autoestima. Creerte lo que eres y ser fuerte estando por debajo de tu dueño, sirviendo y cubriendo Sus necesidades con humildad y sencillez. Y yo no me lo creía. Por eso no dejaba de rebelarme.
Ante la idea de perder a mi mitad en esto, de perderlo a Él, me encapriché sin tener en cuenta todo lo que hacía mal y lo que lo perjudicaba. Pero no aprendía de esos fallos. Con tenerlo a Él de nuevo yo ya era feliz. Y eso no es así porque no estaba siendo justa conmigo misma. No estaba haciendo un balance de lo que debía hacer para mejorar por mi misma, por ser mejor como individuo en todas mis relaciones. 
Soy perra o sumisa o lo que sea, y lo soy porque yo quiero. No importa si no tuviera a nadie con quien compartirlo, porque mejor estar sola en esto que entregarme a quien no lo valora. Pero tengo la suerte de tenerlo a Él. Y eso no se borra por dejar de pertenecerle. El tiempo que tengo en esta vida lo quiero aprovechar con el Amo, quiero que sea mi mitad. Porque Él ha evolucionado mucho desde que lo conozco, ha hecho cosas conmigo por las que yo antes rogaba y exigía. Y eso no lo he sabido apreciar ciega por la idea de perderlo. Ahora sé lo que soy, sé que yo soy la primera que debe quererse y disfrutar de lo que soy, porque es tan bonito... Pero si hay una persona que tiene la mitad de eso es Él. Es quien la merece, por quien voy a pelear de manera serena y reconociendo lo que somos cada uno. Y para cuando quiera acogerla estaré yo, parada en la puerta esperando. No me voy a ir a ningún lado Amo.