Libremente soy Tuya

Libremente soy Suya

sábado, 30 de septiembre de 2017

El collar no hace al perro

¿Cómo coño catalogo lo que somos? 
Me como la cabeza tratando de encontrar un palabra que me apacigüe. Algo que me diga: "tú eres x y Él es Y, y tienes que aceptarlo y disfrutar de lo que tienes. Porque si se va a la mierda vas a desear haber sido x aunque Él fuera Y". Entonces ya estaría todo resuelto, no habría más que añadir. Sin embargo luego me doy cuenta de que eso ya lo tengo aunque no haya una vocecita de la razón suprema que me lo haya dicho. En cierto modo, incluso el Amo me lo ha dicho ya. Lo que ocurre es que a veces me da tanto miedo perderlo que lo agarro con más fuerza. Y al apretar con fuerza a veces haces mucho daño. Y esa persona se revuelve y te araña la superficie que pensabas tan dura. Ves que duele. Que has quebrado una parte de lo que tenías. 
Hay personas en la vida que no eliges, aparecen sin más y te atrapan. Tres meses de verano hablando con una persona, con la que quieres seguir hablando y llega un punto en el que quieres conocerla, hace que generes más que roce. Y yo, que tan impermeable me creía, empiezo a mojarme. Esa persona entra poco a poco en mi interior y llega a conocerme mejor que nadie. No le da miedo decir las cosas como son, aunque duelan. No le da miedo decirte las cosas como las piensa. Cuando te das cuenta la lluvía fina que es Él te ha calado por completo. Te da igual ir mojada, no te proteges. Así es como soy a su lado, soy una niña que descubre la lluvia y quiere jugar con los charcos. 
Su presencia es lo que más me calma y me evade del mundo. Aprendes a vivir las cosas de manera más pausada, porque si por ti fuera le pedirías un día sí y otro no que te mojase. Que quieres entrar seca en la habitación y salir empapada de Él, que tarde tanto en secarse que estés muy pocos días seca hasta que lo vuelvas a ver. Pero aprendes. De cada rabieta sacas una lección. Y aunque no puedas estar siempre con Él, te tragas muchas contestaciones que solo llevarían a quebrar esa superficie. Pero llega un punto en el que todo lo que has almacenado quiere salir y gritar. Soy valiente y puedo con lo que me echen, pero también soy pequeña y asustadiza.
Me da igual lo que seamos, porque para mí cada recuerdo vivido a su lado merece la pena ser conservado. Quizá otras personas desean calar en mí como lo ha hecho Él. Y sé que la respuesta de Él será que un día quizá suceda, que me olvidaré de Él y dejaré que otro ocupe su lugar exacto. Sé muy poco de la vida, lo poco para que muchos estén seguros de que mis argumentos caerán por su propio peso. Pero hay sensaciones que conozco, básicamente porque me conozco a mí misma. Y sé que ningún otro me pondrá de rodillas como Él, que ninguno dominará mi cuerpo como Él, que ninguno me sodomizará y presumirá de ello en mi cara. Igual que sé que con voluntad todas las grietas pueden forjarse y no quebrarse. Y si para ser fuerte he de ponerme el chubasquero lo haré, pero nunca, NUNCA (Y LO DIGO TOTALMENTE EN SERIO) NUNCA, seré yo quien abandone. Da igual el tiempo que transcurra o que Él me deje, voy a mantenerme fiel a lo que soy y mis promesas. No quiero un sustituto, Él es mi dueño y no habrá otro. A lo mejor soy una cabezota, o tengo más de perro de lo que pienso por guardar esta fidelidad. Pero mientras mi Amo no me diga "se acabó" yo voy a seguir luchando por tener la vida que Él me ha pedido que tenga, por seguir mejorando y por guardar mi orgullo y mi soberbia para despojarme de ellos solamente ante Él. 
Igual que he aprendido cosas que creía imposibles aprenderé a obedecer el resto. A aceptar que el collar no hace al perro, si no la coherencia con nuestros actos. 

martes, 26 de septiembre de 2017

La liebre y la tortuga

La liebre y la tortuga nunca fueron rivales, de hecho eran bantante amigos. En las carreras siempre se picaban porque hacían sus pequeñas apuestas privadas, de las que el resto de animales del bosque no solían participar. Mejor para ellos, se decían cuando estaban a solas.
Cuando la tortuga conoció a la liebre, esta solía ser muy impulsiva. En la primera carrera juntos, la liebre corrió hasta que no pudo más, paró a descansar y volvió a hacer un último esfuerzo para llegar a la meta la primera. Pero cuando estaba lo suficientemente cerca vio que la tortuga ya había traspasado la línea, y había ganado. Lejos de enfadarse con quien debía considerar su rival, la liebre se acercó a la tortuga a pedirle consejo. La tortuga en un principio receloso de que quisiera utilizar sus trucos para barrer el polvo con él en las carreras, dio un paso adelante y confío en ella. La liebre intuía lo bueno que era la tortuga, y desde ese primer momento sintió una profunda admiración por él. Los entrenamientos que le enseñaba, ella los cumplía a rajatabla. Los días que vagueaba se sentía culpable porque no quería que la tortuga sintiera que no se tomaba las cosas en serio. Cada uno a su manera, pero la liebre quería estar al mismo nivel que la tortuga en esfuerzo y perseverancia. Aunque en su interior supiera que él siempre sería su mentor, y por tanto merecedor de un respeto superior.
La siguiente carrera que hicieron juntos fue un logro para la liebre. Gracias al potencial que tenía y a los consejos de la tortuga, logró ganar. Estaba exultante por el triunfo, todos los animales del bosque la vitorearon. No daban crédito: por fin la liebre, el animal hecho para correr, había ganado cuando ya nadie lo esperaba. Estaba muy feliz y contenta. Cuando se acercó a la tortuga para recibir los halagos de ella, las palabras que más le importaban, él tan solo le dijo: "lo has hecho bien, pero tienes que seguir esforzándote". No daba crédito. La liebre quería pasar el resto del día con él celebrándolo, compartir juntos la alegría que ella sentía y que él estuviera orgulloso. Pero por lo que había escuchado parecía más bien que no le importaba o que no era capaz de reconocer el esfuerzo que había hecho. La tortuga lo había dicho como una halago sincero, pero a estas alturas conocía muy bien a la liebre, y sabía que un premio exagerado la cegaría, se relajaría y no se esforzaría más. Y aún le quedaba mucho camino por recorrer. 
La liebre se fue rabiosa. ¿Cómo podía ser tan poco sensible? Había entrenado sola toda su vida, nadie había estado con ella. Todos los animales del bosque sentían celos, no querían entrenar con ella para no favorecerla todavía más en las carreras. Por unas cosas o por otras siempre le había tocado estar sola. Pero por fin había encontrado a un animal con quien compartir parte de lo que más le gustaba en el mundo: correr. Quizá estaba siendo injusta, no debía pagar su frustración con el animalito que la había ayudado, el único en toda su vida. Pero podría haber sido de otro modo, al fin y al cabo también era un logro suyo. Él me había entrenado y su trabajo se veía reflejado en esa primera victoria después de tantos años. 
El día de la siguiente carrera había llegado, y la liebre y la tortuga no habían intercambiado palabra aún. La tortuga era muy sabía y racional, siempre calmada. Eso enfurecía a la libre, como si no le importase que estuvieran distanciados. Era incapaz de pensar fríamente y darse cuenta que la tortuga no había hecho nada malo, y que por tanto no tenía que estar con malas caras ante el resto del bosque. Lo que la decepcionaba eran las maneras, pero supongo que ese es mi problema. No puedo obligar a que digan lo que quiero. 
Al sonar la bocina anunciando la salida, la liebre echó a correr con furia. Iba a ganar, para demostrarle a la tortuga que podía ser una ganadora, que había cambiado y que no era el animal perezosos y confiado que era antes. Cuando sus patitas la alejaron tanto del resto de competidores que ya no los podía ni ver, se detuvo a descansar. Estaba triste porque la tortuga se había acercado a hablar con ella. Era el único animal del bosque al que admiraba tanto, y con el que odiaba estar peleada. Con todos los entrenamientos que habían compartido, había desarrollado un cariño muy profundo hacía él. Por eso suponía que su rechazo le dolía más que el del resto. Cuando los demás animales la ignoraban como había hecho la tortuga, ella sacaba pecho, ponía sus orejitas erguidas y no volvía a dirigirles la palabra. Pero con la tortuga no podía, siempre le llevaba unas hojas de lechuga frescas para volver a ser amigos. Eso haría, pero esta vez además haría una promesa para sí misma: nunca más tomarse las cosas a la tremenda. En medio de todos estos pensamientos la asaltó el sueño...
Cuando se despertó, se dio cuenta que todos los animales estaban en la meta celebrando el final de la carrera. La tortuga había ganado y la liebre lo estaba viendo a solo escasos metros, justo desde el lugar donde se había parado para dar la última carrera y ganar. Todo el bosque celebraba con el ganador y daba la enhorabuena al resto por el esfuerzo. La liebre se acercó a felicitar a la tortuga, él le dio las gracias y le sonrió como siempre. Poco después, cuando todos se habían ido, la liebre se acercó para disculparse con la tortuga por su comportamiento tan estúpido. La tortuga le dijo lo siguiente: "nada de lo que yo te dijera en ese momento te iba a bastar, estabas pletórica por tu victoria y mis palabras hubieran sido pocas te dijera lo que fuera. Yo no me enfadé contigo, pero tu insistencia lo hubiera arruinado". La liebre se quedó perpleja. No se había puesto a su nivel, podría haberla insultado, menospreciarla por ser infantil y reaccionar así. Pero no estaba enfadado. La liebre habló también y dijo lo siguiente: "lo siento mucho tortuga, te admiro tanto que tus palabras significan mucho para mí. Por eso cuando me reñías por perezosa me lo tomaba en serio y me esforzaba. Y cuando me felicitas me siento tan feliz. En lugar de sentirme tonta y decepcionada por tus palabras, debí estar agradecida. Lo siento mucho". La tortuga se acercó a ella, y la liebre con sus patitas de pelo suave la abrazó. 
Desde ese momento prometieron no enfadarse más, estar siempre juntos para entrenar y animarse mutuamente en las carreras. La liebre cambió también: poco a poco dejó de tomarse todas las cosas de manera tan dramática, se fue abriendo a los demás, que dejaron de considerarla tímida y altiva. Se sentía segura con la tortuga y sabía que estuvieran donde estuvieran, siempre llevarían al otro en su interior.

lunes, 28 de agosto de 2017

Relato: Doble P

Me encantaría que ocurriese...

Estamos en mi habitación. Él está tumbado en mi cama doble y yo estoy en el suelo mientras vemos una serie. Me acaba de follar el culo y me siento plenamente sodomizada. Me hace un gesto para subir a la cama, indicando que tengo permiso ahora.
- Apága un segundo la tele, te quiero comentar una cosa... Verás, hace ya un tiempo que hemos hablado sobre la idea de entregarte a otro hombre. Sabes que me gustaría estar presente o, en todo caso, verte después de tu encuentro con él. Sobre lo que ocurra, esté o no yo presente, ya sabes también como actuar. Se debe obedecer lo pactado y tú por encima de todas las cosas mostrarte complaciente con nuestro huesped. Los dos queremos que se vaya contento... ¿Verdad que sí? Claro, pues para eso tienes que tratarlo con las mismas ganas con las que me tratas a mí. Es bueno que de vez en cuando hablemos de estas cosas, así te refresco la memoría. Nunca te viene mal una explicación extra.

Se ríe ante esa última frase. Adoro cuando se ríe por algo que los dos entendemos.Me pone la mordaza, me recuesta sobre su pecho y Él se apoya contra el cabecero. Yo no entiendo muy bien el por qué de la mordaza justo ahora. No tardo ni un segundo en dabandonar ese pensamiento porque su mano está consiguiendo que mis flujos se derritan... Me gusta, me gusta mucho. Quiero sentirme llena y correrme así. Alzo la barbilla para mirarlo, quiero besarlo para no gritar pero se me olvida que no puedo con la mordaza puesta. Aaaahh... Ya viene, mi interior quiere estallar...
LLaman a la puerta. Mi instinto es coger la sábana para que Él pueda taparse y ponerme yo algo de ropa para ir a ver quién es. Sorprendentemente el Amo está muy tranquilo. Aparro el picaporte para abrir la puerta y su voz me detiene: 
- Sea quien sea, déjalo pasar... Shhh, sin rechistar, que te veía venir.

Ahora sí que no comprendo nada. Aún llevo la mordaza al cuello y una bata lígera de verano sin nada debajo. ¿Quién será? Acciono sin preguntar la puerta del portal y espero a que la persona suba. Abro la puerta al escuchar el ascensor y veo ante mí a un hombre trajeado. No es guapo ni feo, diría que tiene una cara amable. Eso me tranquiliza, ya que voy a dejar entrar a un desconocido. Ronda los cincuenta y pocos, y aunque su cara es agraciada, su cuerpo no lo es tanto: un poco bajito, un tanto rellenito y pelo descuidado. Me aparto para que pase. No sé bien que decirle así que lo dejo que se siente en el sofá del salón. Voy a por el Amo a la habitación. Está con sus calzoncillos y una camiseta lisa.
- ¿Le has ofrecido algo de beber? -Niego con la cabeza- Bueno, ahora lo solucionas. Solo quiero que sigas mis órdenes y recuerdes lo que hemos hablado hace unos minutos. ¿Entendido? Te voy a poner la mordaza, no quiero que te la quites hasta que yo te dé permiso o el hombre que está en el salón lo haga. Tan solo asiente si lo has entendido. Muy bien, ahora vamos. Detrás de mí.

Entramos los dos en el salón y ambos se estrechan la mano.
- Perdónala Julián, a veces olvida ser una buena anfitriona y se le olvida ofrecer aunque sea un vaso de agua. Anda Zo, ve a la cocina. Con dos vasos de agua estaremos bien.

Estoy muy nerviosa y prefiero llevarlos en la mano antes que usar la bandeja. Al entrar escucho la conversación ya empezada.
- Si tú estás de acuerdo lo haremos así. Mi objetivo es que tú estés cómodo para hacer a tu modo y que me la devuelvas jodida. Ya sabes. 
- Por mí está más que bien. Como te he contado, hace mucho desde la última vez que tuve sexo. Esto creo que será mejor que bien. Así que no me des las gracias por hacerlo.
 Ambos se sonrién y me miran. Pero solo me habla el Amo.
- Bien, vamos a ir los tres a la habitación. No necesitas saber más, solo obedecer.
Al entrar me pongo de rodillas. Creo que es lo correcto aunque tengamos un invitado. Por como lo hemos recibido supongo que ya intuye más de lo que han compartido conmigo.
- Ayuda a nuestro huesped a desvertirse, ponte de pie si lo necesitas y luego de nuevo al suelo para seguir conmigo.
Sigo la orden y le cuelgo la chaqueta en la silla. Desabotono su camisa y hago lo mismo que con la chaqueta, procurando se se arrugue lo menos posible. Tiene más vello que el Amo, le cubre gran parte de la espalda y el pecho. Le desabrocho el pantalón y descubro el mismo grado de pelo en sus piernas. Por último los calozoncillos. En ese mismo momento, sin mucho detenimiento para haber visto su polla, el Amo me agarra del pelo, me quita la mordaza y me empueja en esa dirección. Abro la boca y se la chupo. Se pone muy dura al instante.
- Creo que tu zorrita me va a hacer disfrutar mucho... Quizá necesite correrme dos veces.
- Lo que tú necesites Julián, ella no tiene voz ni voto en esto. Le gusta así...
Me acaricia la cabeza y me indica para que le quite a Él el calzoncillo. Ya se ha quitado la camiseta. Como no me da vergüenza mirar al Amo, solo con un gesto ya sé lo que quiere. Le lamo los cojones y deslizo la lengua por todo su tronco. Me gusta mucho como sabe, me dan ganas de estar con su polla en la boca toda la tarde. Pero creo que ellos tienen otros planes. Julián se tumba en la cama y el Amo me apremia para que suba, para que lo monte. Apollo las rodillas al borde de sus costados y me la meto despacio. Cuando entra entera bajo hasta el fondo y me froto contra su ingle. Me doy gusto y la humedad que tenía vuelve a salir. Subo y bajo con energía. Julián me toma la cara para besarme. A mí no me gusta pero accedo y lo beso como una cerda en celo. Gimo, cada vez más fuerte. Procuro no excederme para que los vecinos no escuchen más de lo que deben. El Amo se ofrece a ayudarme y me mete toda la polla en la boca, empuza mi cabeza durante unos segundo y me libera. Acompasa mi boca y su polla al ritmo del trote que llevo. Me da golpes en las mejillas para darse más gusto y me pregunta que si estoy bien. Solo lo hace para forzarme a hablar con su polla dentro y humillarme. Me estoy mojando mucho. Pero me da vergüenza aguantar tan poco. 
Julián está colorado, pero no pierde oportunidad de sobarme las tetas y agarrarme fuerte del culo para que me la clave bien hasta el fondo. Se inclina, parece que para cambiar de postura.
- Si me lo permites Julián, le voy a abrir el culo a esta puta. Luego os dejaré disfrutar a solas -se dirije ahora a mí-. Ponte a cuatro patas perra, te voy a partir en dos. Pero prometo ir todo lo despacio que pueda, pequeñita mía.
Obedezco y lo noto buscando mi agujerito. Cuando lo tiene a tiro empueja de una tacada. No aparto los ojos de Él, se ríe y empieza a meter y sacar en un bombeo que me pone como una animal. Julián se pone de pie y me agarra la cabeza para follarme la boca. Lo veo gimiendo como un cerdo baboso. El Amo me agarra del cullo para que saque culo y esté más erguida. Me suelta varias bofetadas que van a mi culo, como si estuviera arreando a un caballo para que no pare. De repente saca su polla, me besa y me muerde el culo, como marcándolo de su propiedad, y con permiso de Julián la pasa por toda mi cara. Julián mira la escena recostado, pajeándose sin tanto pudor como cabría esperar en un principio. El Amo me lleva ahí para que lo monte de nuevo. Me da mucho gusto notar el roce en mi coño, pero cuando me abre el culo me siento sodomizada, me siento suya. Es el componente de sumisión, humillación y dominación que mi mente necesita. Como si el Amo me hubiese leído los pensamientos, me la mete por detrás. Quiero gritar. Mi mente racional, la que piensa que me están abriendo por dos agujeros y debe doler, quiere hacerme creer que sufriré. Pero me relajo, siento y noto que no es así. Para mí es lo más salvaje que he hecho y quiero más. Quiero que me usen y me destrocen, salir escocida de aquí. El Amo me agarra las tetas y me muerde el cuello. Julián quiere mis manos en su pecho, que lo agarre fuerte y lo arañe, y el aprovecha para meterme dos dedos en la boca. Sí por favor... Quiero sentirme llena, jodedme cabrones... Que hijos de puta, traerme engañada... Follaos a esta ramera... Me doy cuenta que mi coño palpita y algunas de esas palabras las he dicho en voz alta. Me corro Amo, me corro como una puta en celo. Seguid follándome por favor... ¡Me corro! El Amo sale de mí y se coloca rápido sobre delante de mí. Me folla la boca pero tres sacudidas son suficientes para que me lefe la boca. La abro y se lo muestro. Trago tranquila. El Amo me acaricia las mejillas que antes habia golpeado y me besa la frente.
- Se buena Zo, hazlo sentir cómodo. Yo me voy a dar una ducha y os espero en el salón.
Cuando sale por la puerta me sonríe de manera dulce y me da ánimos para cumplir con más esmero su tarea. Julián quiere probar también mi culo, lo sé. Desde que ha entrado por la puerta lo he visto educado, pero con la suficiente perspicacia como para entender que todo lo que el Amo le muestre, él lo podría repetir conmigo a solas. Me agarra del brazo suave para que me tumbe boca abajo, como tentando la suerte, probando a ver si me resisto. Supongo que el pobre no está acostumbrado a tal displicencia. Cuando la mete en mi culo se apoya completamente en mí. Me pesa y le da igual. Esa falta de delicadez me gusta. Me pone la mordaza de nuevo para que no comente nada. El Amo siempre me dice que así estoy preciosa, y mucho más guapa callada. 

Cuando ya salimos le digo a Julián que use él el baño primero, sorprendido de que no tenga la necesidad de ir yo corriendo por el estado en el que estoy. Yo sonrío y río para mis adentros. Con todo lo que ha visto parece que aún no intuye la magnitud de mi sometimiento.
Voy corriendo, pero a ver al Amo al salón. Me mira feliz. Mira mi cara repleta de la lefa de otro.
- Veo que lo has hecho muy bien. Julián no ha salido alarmado ni quejándose por la puerta en mitad de vuestro tiempo a solas. Es muy buena señal... Esta noche me contarás todo con detalles. Si lo que escuho me complace y demuestras haber estado a la altura, te merecerás un regalo por todos las caritas sonrientes que lleves acumuladas. 
Solo el hecho de volver a estar a su lado ya me alegra. Me hago un ovillito en sus pies y esperamos en silencio a que Julián salga. El Amo me deja despedirme de él con un gesto sencillo en el que inclino la cabeza. Los dos besos aquí no proceden, por no hablar de como le dejaría la cara de sucia.

Ahora estamos los dos juntos de nuevo, podemos ser nosotros con total libertad. 



martes, 22 de agosto de 2017

22 días y 9 días

Son los que he pasado sin verlo y los que, al menos, me quedan por pasar hasta que nos veamos. En general creo que ha sido uno de los mejores veranos desde que lo conozco, y quizá esté gafando las cosas solo por decirlo. Sin embargo quiero ser optimista, creer que podemos llegar a septiembre sin más altibajos. 
En este tiempo, he tenido horas suficientes para hacer un análisis de mi evolución como sumisa, como su perra. Me gusta ser suya, y cualquier apelativo que Él quiera añadir será querido. Me he dado cuenta de lo caprichosas que somos a veces, de lo caprichosa, pesada y egocéntrica que soy a veces. Si me castiga por algo estoy todo el rato pensando en que me levante el castigo, en que no he hecho nada realmente malo para merecerlo. Y cuando el Amo decide que ya es suficiente y me premia, me quejo porque me consiente demasiado o porque le doy pena. Creo que somos, o queremos ser, demasiado perfeccionistas. Ese afan por querer mejorar y criticarnos tan duramente no es tarea nuestra. El Amo es quien decide que premio o que castigo darte. 
También me he dado cuenta que cuando no hago montañas enormes de una cosita insignificante y actúo con normalidad, Él se acerca a mí y no me ignora ni me esquiva. Se siente relajado para hablarme con normalidad. Actúo con cautela porque no sé si puedo hablar y cuando el Amo me habla de cualquier tontería mi cuerpo entero se relaja y sé que ya hemos olvidado el asunto. He puesto todo de mi parte para que la situación entre los dos fuera estable. Ya que no nos podíamos ver, al menos estar "cerca" el uno para el otro. 
Lo que ocurre es que son muchos días, y aunque soy plenamente consciente de que Él es mi dueño, de vez en cuando me da por actuar con muchos aires de superioridad. Me creo con derechos a subir el tono, a exigir y reclamar de manera egoísta. A creer que soy solo yo la que lo echa de menos y quiere verlo. A eso le sumo el hecho de mis necesidades. Estar un mes sin que me folle, sin que me ponga en mi lugar de este modo, para mí es mucho tiempo. Es sexo me diréis. te puede demostrar que es tu Amo aunque estéis distanciados me dirán otros. Y lo sé, y probablemente tengáis razón y a vosotros os funcione aplicar esa mentalidad. Me la creo. Pero para mí el sexo es muy liberador. Cuando noto su peso y me abre el culito diciéndome que lo mire a la cara, de verdad que me siento en la gloria. Se ríe de mí por tonta, por querer algo que al día siguiente me dejará jodida, y no me siento menos que nadie por ello. Me siento muy mujer, me siento poderosa incluso caminando con las piernas un poco separadas para evitar el roce. Todas esas ganas por rememorar sensaciones y correrme con el culito apretando su polla me nublan el entendimiento. Me hace ser exigente y un poco imbécil. Bueno, bastante imbécil. Estoy orgullosa de ser un cerda y de comportarme con Él como una puta, pero me da rabia que justo por eso meta la pata de maneras tan tontas. 
Las veces que lo he razonado y lo he explicado por encima a mi mejor amiga, no me ha entendido. Se pone de mi parte aunque deje caer un "eso no lo deberías hacer". Odio que se pongan de mi parte y disculpen mi comportamiento. Porque yo sé que no he hecho las cosas bien y lo que menos necesito es que me den aires de grandeza.
Espero que sepa pulirme, que de verdad me quite la soberbia y el orgullo con los que inmerecidamente lo trato a veces. Y que sepa que no excuso mi comportamiento con echarlo de menos. Lo cierto es que lo adoro, lo respeto más que a nadie quizá, porque para mí es una persona importante. En base a todo eso, estoy más que dispuesta a aprender. Hoy me dio una orden, y aunque quería responder altiva, me callé y respeté su palabra. Hace meses esto era impensable de cumplir. Me doy cuenta de lo corta que es la vida, del tiempo que pasamos separados y de que no quiero pasar el tiempo juntos portándome mal. 
Quién sabe lo que pasará el próximo verano, pero espero ser mejor todavía, soportar mejor las distancias y por supuesto que me permita seguir siendo suya. 
Te adoro Amo, perdona mi comportamiento tonto y quédate con mis ganas de obedecer. 

domingo, 13 de agosto de 2017

Las órdenes

Me gusta recibir órdenes. Y cuando esas órdenes conllevan algo beneficioso o placentero para mí más me gustan. El Amo sabe que cuando me ordena algo no lo veo como una imposición en el plano negativo. No es algo que Él me imponga por la fuerza y que yo esté obligada a cumplir, o algo por lo que pueda culparlo después. Las relaciones de Dominación y sumisión son complicadas cuando no se han establecido ciertas bases. Está el morbo, las risas y el placer de sentirte correspondida por Él, pero no es un juego como tal. Hay que tener muy claras las implicaciones y las consecuencias que conllevan para ambas partes. Y si debe prevalecer la seguridad de ambos o una de las partes, debe ser motivo suficiente para no iniciar una práctica. Quizá así escrito pueda parecer algo lógico y en lo que nadie cometería el error de caer, sin embargo hay veces que nos confiamos más de lo que creemos. 
Justo de esto hablaba con Él. Y nos sorprendíamos los dos de lo mucho que he cambiado, puesto que yo he sido la que más tenía que aprender en ciertos aspectos. Hasta que Él no verbaliza un avance por mi parte procuro no pensar en creerme la más lista, ni confiarme con lo que sé. Y me alegro que el Amo haya apreciado ese cambio en mí. Al ordenarme hacer algo, a veces me emociono y empiezo a proponer yo también cosas en relación a ello. A diferencia de mi impulsividad en el pasado, ahora no suelo actuar por el afán del querer hacer cuanto antes. Ahora busco saber para plantear el hacer futuro. Todo este hilo de pensamiento se desarrolla ante órdenes con las que disfruto. Cuando ocurre lo contrario, no me queda otra que callar u obedecer también, según corresponda. Esto es algo que todas las personas que lean acerca de las relaciones D/s tienen que saber: la sumisa ha elegido libremente a su dueño, así debe ser al menos, no existe obligación en una relación que tú has elegido. 
A pesar de lo que he aprendido siempre hay cosas que me quedan por mejorar, soy muy consciente de mis debilidades y mis fallos. Tampoco soy una ilusa que cree que va a conseguir lo más complicado en unas semanas. Por eso me marco metas pequeñas a corto plazo, cosas que sé que puedo conseguir sin frustrarme. Una de ellas, por ejemplo, es obedecer órdenes sencillas y no hacerme la mártir, ni más sumisa de lo que Él me esté pidiendo. Hace unos días me prohibió correrme. Los primeros días lo llevaba bien, pero me entraban ganas de tocarme y aprovechaba las oportunidades que tenía para poner ojitos. Cuando me dio permiso yo pensé que lo hacía por pena y me puse en mi papel de "quiero ser buena sumisa y quiero aguantar hasta que tú quieras Amo". Ni estaba siendo buena del todo al ponerle ojitos para ablandar su carácter, ni estaba siendo buena cuando me daba permiso para correrme y no lo hacía. Creo que quizá la base de ese comportamiento está en el orgullo o la soberbia por demostrar que puedo ser mejor. Y no, no se trata de demostrar nada, tan solo de obedecer a tu dueño. Esa es la manera de demostrar el cambio. Por suerte mi actitud ante estos fallos cada vez es más positiva, de ahí el verme capaz de conseguir obedecer sin cuestionar nada. Cuento esto para aprender, porque siempre que escribo me aclara la mente, y si de paso a alguien le sirve pues mejor.
A pesar de lo mucho que nos gusta recibir órdenes, te tienes que trabajar mucho la actitud y la auto-crítica. Muchas personas ven la D/s o el BDSM como "que guay, me dan órdenes y están pendientes de mí". Eso está genial, pero cuando vengan órdenes más complejas o que simplemente choquen con tu punto de vista más convencional de una relación, lo vas a pasar regular... Por eso es importante el trabajo con una misma, no dejar toda la labor de aprendizaje a la relación y a tu dueño. Y sobre todo ser coherente con lo que has elegido, y que en cualquier momento puedes dejar si sientes que no es para ti.  
Y bueno, como siempre digo, esta es solo mi perspectiva. Vosotros podéis tener otra manera de afrontar las cosas y que os sean de mayor utilidad. 

martes, 8 de agosto de 2017

Libertad para ser Él, nosotros y yo

El otro día estaba viendo el capítulo nuevo de Juego de Tronos, y hubo una escena de Missandei que no creo que se me olvide nunca. Da igual si no seguís la serie, y si la seguís no habrá spoiler, prometido. Missandei decía que había sido liberada, la habían comprado siendo esclava y ahora era libre. Otro de los personajes con los que compartía escena le dijo que su situación actual no era diferente a la de entonces, que ahora servía a la reina igual que antes hizo con su antiguo amo. Y ella le respondió que no, ella había elegido servir a la reina. Partiendo de su libertad, sin ser obligada por figuras externos, había decido servir y eso la hacía dueña de sí misma incluso estando supeditada a una figura superior. El resto de personajes no respondieron, sabían que lo que decía tenía lógica, pero no dejaban de mirarla con extrañeza. 
Sobra explicar por qué me sentí identificada. Sentí cierto alivio al escuchar lo que yo pensaba expuesto de modo tan racional. Y también sentí un poco de pena. Difundimos la libertad individual, el derecho de libre expresión, el poder de decidir sobre nuestra vida y miles de derechos más, pero cuando alguien decide ser diferente libremente, lo juzgamos. Lo queremos rescatar y llevar de nuevo al rebaño. Nos olvidamos de lo que necesita esa persona. Quizá no es solo una decisión de vida, quizá es que es lo que necesita para vivir feliz. Las demás personas no están obligadas a aceptar y seguir su modo de vida, pero tampoco deben juzgarla. 
Yo soy suya y me encantaría compartirlo con algunas personas, pero no me hace falta, no es algo que necesite para sentirme más aceptada. Lo único que necesito y pedí fue que Él me aceptase. El Amo sabe mis defectos y mis debilidades, del mismo modo que sabe lo que necesito. Para mí el sexo es la manera de hacer patente lo que somos. En su ausencia lo soy con una conversación juntos, con una orden o con lo que Él quiera ofrecerme. No sé, quizá soy muy básica para algunos que ven la dominación y la sumisión como una relación más compleja. Pero para mí el sexo fue y sigue siendo muy liberador. Después de los primeros meses juntos, descubrimos las tendencias que teníamos cada uno, y que se complementaban. Decidimos ir un paso más allá y extrapolar nuestras inclinaciones fuera del sexo también: mi manera de dirijirme a Él, comportamientos que mantener aunque el Amo no esté presente, ordenes y tareas que seguir, incluso el modo de vestir. A las personas, quienes no entienden estas relaciones, les podrá parecer una banalidad, sin embargo para nosotros tienen su significado. Igual que Él me ayuda en mi proceso de desarrollo como sumisa, yo le recuerdo que le pertenezco, que estoy con Él porque lo respeto y Él a mí, porque me cuida y sé que no haría nunca nada que me dañase. Ha hecho más que nadie por sacarme de mí misma y abrirme al mundo. Para un amo a veces es complicado mantenerse en su papel también, tienen miedo de ser muy duros, muy exigentes o muy cabrones. Precisamente por esa imagen que se desmarca del resto de relaciones sociales. Lo mismo que nos pasa a la parte sumisa. Y esto es a lo que quería llegar al comenzar a escribir: da igual, da igual que no te entiendan ni sean como tú. Yo no voy a compartir una parte de mí con quien no la vaya a entender. Pero tampoco me voy a avergonzar. Quizá soy cobarde, pero no quiero que nadie opine sobre lo que no está dispuesto a escuchar si quiera. Me basta y me sobra con Él y con las personas más cercanas a mí. 
No quiero que tenga miedo a ser Él mismo conmigo. Porque precisamente lo que me gustó de Él fue esa valentía a desnudar sus pensamientos para mí, a contarme las fantasías que nunca había podido expresar. Yo hice lo mismo con el Amo, y no quiero que se reprima estando conmigo por miedos o juicios ajenos. Porque estando juntos solo somos Él y yo, nadie más tiene que opinar de lo que hacemos si no queremos compartirlo. 

martes, 1 de agosto de 2017

Thunder

"Venga, hoy me dices ya los perfumes que te quedan. No vamos a estar con esto toda la vida..."
Uy que nervios. Ya había perdido una oportunidad y sabía que mi naricilla no tenía mucha capacidad para almacenar olores. Cada vez que iba de compras o a hacer recados por el centro me paraba en las droguerías a oler perfumes. Era super gracioso, las dependientas trataban de ayudarme y aconsejarme el perfume ideal para regalarle a "mi amigo". Me veían pensar, pararme a olfatear una y otra vez los palitos de papel. Cuando fallé el primer intento supe lo complicado que era. De modo que estudié un poco las composiciones de los perfumes, y me hice una lista con los ocho que creía posibles ganadores. 
Él estaba tumbado en la cama, yo le pedí permiso para ir a por mi chuletilla donde estaban todos escritos y me dijo que Él no la vería, para no condicionarme si estaba escrito el nombre de su perfume. Dije el primero de mi lista y acerté. No me lo creía y el Amo tampoco. Sonreí de oreja a oreja y me hice una bolita en su costado como loca por sentirlo, como un cachorrillo con su dueño. Leyó toda la lista y dijo que algunos de los demás los había usado anteriormente. No solo había tenido buen olfato para acertar, si no que había creado un patrón con sus gustos. Y me voy a callar, porque como lea esto me va a llamar presumida. ¡Ay que guapo es!
Comimos juntos, vimos series y por supuesto me folló y me sodomizó. Los detalles me los guardo para nosotros, pero recuerdo los comienzos, cuando mi culito era aún casi virgen. Me lo follaba y aguantaba más o menos bien. Pero Él iba con más cuidado, para que al día siguiente no estuviera muy dolorida. Ahora es mi dueño y mis límites se han expandido hasta desaparecer. Me hace cosas que creo que ninguno hubiera imaginado al principio. Y lo sorprendente es que aguanto sin rechistar. Jamás, nunca, lo he apartado por comodidad o por dolor. He aprendido a apreciar algo por lo que ya sentía mucha inclinación. Desde que lo conocí me ha gustado complacerlo, y ofrecerme así, llegar a sentir una enculada tan grande, es maravilloso para mí. Ver su cara, su boca abierta, su lengua pasando por mis mejillas y cuello... Es de las cosas más placenteras de mi mundo. Cada gesto suyo es una pequeña sacudida eléctrica que recorre mi cuerpo hasta asentarse en mi coño. No importa si el tiempo juntos es mucho o poco, si me folla de esa o de aquella manera, porque mi cuerpo entero registra su paso para conservarlo siempre. 
Somos cómplices, hemos aprendido a conocer al otro. Salimos de la bañera y me da su móvil para que lo ponga en un lugar seco, y le respondo con ironía. Como no me contesta me giro para mirarlo. Tiene sus ojos fijos en mí y está serio. Pero serio con su manera pícara de decirme: "no te pases de la rayas o veremos..." Me río nerviosa y bajo la mirada. Me hace tan feliz que se sienta con esa autoridad para hacerme saber las cosas, que haya aceptado que Él manda incluso en detalles como esos. Lo seco con la toalla y nos vamos a la cama. Reposa su mano en mi espalda y con la otra me agarra el brazo. Cada ve que lo aparta, lo agarro como para llevarlo de nuevo a su sitio. Me conoce tan bien que sabe lo que me gusta el contacto, que no el agobio. Se ríe y se tumba más cerca, colocando parte de su cuerpo encima del mío. 
Me deja ver el último capítulo de Juego De Tronos. El Amo ya lo había visto, así que colocamos el portátil en la cama, a continuación me pongo yo y Él me abraza por la espalda. Me siento pequeñita y arropada por un hombre bueno. Me agarra una teta y yo echo la mano hacía atrás. Él me la agarra y me la lleva a su polla. El resultado es que tenemos que parar la serie porque mi culo tiene que recibir polla. Ni cinco minutos hemos logrado estar pegados sin ocurriese. Cuando su polla recta chocaba contra mi espalda ya imaginaba un desenlace así... 
Cada segundo con Él es bonito. Está pendiente de mí y me pregunta si necesito algo más... Me gusta porque esos detalles son los que crean el contraste más grande con lo cabrón que es después. No hay rincón de mi cuerpo que tenga reservado el derecho de uso cuando está conmigo. Noto cierto cambio en ambos. Es una sensación de haber recorrido mucho camino, de tener los pies doloridos, de no haber sabido esquivar las piedras y tragarnos todos los golpes. Y parece que poco a poco aprendemos a curarnos el uno al otro, a apoyarnos para que uno no se haga daño y el otro tenga que pasarlo mal también. Y hemos llegado. Me gusta el prado en el que descansamos y en el que entre risas me hace suya. 

jueves, 20 de julio de 2017

La grande bellezza

A menudo hablamos de fantasías y deseos por tener ciertas experiencias con otras personas. Él me cuenta las que ha vivido acompañado de mujeres muy distintas entre sí, pero con un denominador común. Sus frases a veces acaban con un: "a lo mejor te parece extraño que me gustase una persona así, quizá te parezco muy raro...". Soy la única persona a la que le cuenta ciertas vivencias, y sus motivos tendrá por supuesto. Pero me siento muy honrada y orgullosa por la parte que me toca. Soy suya y puede contarme o decirme lo que quiera, pero no quiere decir por ello que no valore lo que decide compartir conmigo. Y es que desde que lo conocí nunca lo he juzgado. Ni a Él ni a nadie. Y sospecho que Él tampoco lo ha hecho. De ahí que compartamos este gusto por lo que yo llamo belleza.
Cuando te atrae una persona, y te atrae de verdad, hay un porcentaje más alto de que te sientas atraído por su belleza interior. Me explicaré. A mí las personas me suelen gustar por como son, como hablan, como se expresan, como sienten y como me tratan. El Amo y yo tenemos unas características muy parecidas. No somos ni super guapos ni feos. Somos del montón, que es lo mejor como diría mi abuela. Pero nuestros mundos interiores coinciden. Él tiene de lo que yo carezco, tiene lo que necesito y me complementa, y viceversa. Vemos a las personas por lo que nos pueden aportar, por la afinidad que podemos llegar a tener con ellas. El envoltorio está bien, pero cuando lo quitas solo disfrutas el caramelo. Lógicamente apreciamos un buen cuerpo, un físico bonito. Pero eso no te da muchos alicientes a la larga. Los dos lo sabemos. Sin embargo estar con una persona que lo vive como tú, te hace disfrutar cada detalle. Te provoca de manera natural querer contarle tus necesidades, deseos y fantasías. Te hace no tener miedo de parecer un bicho raro. Te hace hablar con naturalidad. Y por eso supongo que estamos donde estamos.
Que el Amo me pregunte si está guapo, o si le sienta bien la ropa, el pelo o lo que sea, me hace sonreír como una tonta. Claro que sí, sí y sí. Para mí está estupendo con lo que se ponga. No le voy a mentir cuando sea de otro modo, porque me considero muy crítica, pero no ha sido el caso en casi el cien por cien de las veces. Me vuelve loca su espalda con sus imperfecciones, sus pelitos hacia donde termina y su piel tan suave. Acariciarlo es ponerme cachonda, y lo digo muy seriamente. Tocar su pelo me relaja y mirar sus ojos hacen que no haga falta decir palabra para entenderlo. Lo que tiene por dentro, todo ese caracter, ese humor y esa manera de ser tan honesta hace que lo vea como el hombre más guapo. Y sé que los hay guapísimos, pero no son como Él por dentro. Sabe leer mi cuerpo como nadie. Es más bueno conmigo de lo que merezco de vez en cuando.
Gracias por estar ahí Amo, por usarme sin miedo, por ser tú mismo conmigo, por ser la belleza que yo necesito. Supiste ver la mía cuando yo ni sabía de lo que era capaz. Te adoro por dejarme estar contigo, por enseñarme y no rendirte. Eres la fuerza cuando la mía flaquea. En mí tienes toda la ternura y el cobijo que necesites cuando sientas que te falta.

lunes, 10 de julio de 2017

Gratitud

Creo que el ser agradecidos es algo que nos cuesta en general. No digo que no lo sintamos o no seamos conscientes de lo mucho que nos alegran, nos aconsejas o nos acompañan algunas personas. Simplemente que a veces nos faltan las acciones y las palabras para hacérselo saber al otro.
Yo creo que Él sabe de sobra lo mucho que lo adoro. Lo valoro muchísimo, y no solo por su papel en mi vida, que también. Aprecio sus valores y sus actitudes, su manera de llevar problemas, su carácter y fuerza. Me gusta escucharlo más de lo que cree. Yo me apoyo mucho en Él, le cuento prácticamente todo lo que ocurre en mi vida. Él, por su carácter, es más fuerte. A pesar de eso, me gusta que sepa que estoy aquí para ser su apoyo. Y sé que es así. Parecerá una tontería, pero ese cómputo de cosas que forman su persona, a mí me sirven de modelo. Es una especie de guía silenciosa cuando siento dudas o no sé actuar en alguna situación nueva para mí. 
El sexo es tema a parte... Cada vez que me folla me siento suya. Mi cuerpo agradece el contacto con el suyo. Me calma y me centran en Él, en algo placentero que me hace olvidar todo lo demás. Disfruto del presente y no me angustia nada. Es una conexión muy grande para poder lograr todo eso. Desde el minuto uno me hizo sentir cómoda y ver el sexo como algo natural. Me hizo ser consciente de mi cuerpo y apreciarlo. No le daba reparo absolutamente ningún comportamiento o pensamiento mío. De igual manera, a mí me ocurría lo mismo: Él tenía mucha experiencia y caminos recorridos, sin embargo nunca nada de lo que me contó cambio la estima que sentía por Él. Supongo que hay cosas que no se planean, tan solo ocurren. Y nosotros nos encontramos en medio de mucha gente. Al cabo de dos semanas, sentía que lo conocí de más tiempo. 
Por etas fechas, hace tres años ya, empezamos a plantear la posibilidad de conocernos. Ninguno sabía que terminaríamos tan unidos. Pero teníamos claro que queríamos conocernos, que si eso no ocurría ambos nos quedaríamos bastante chafados. Por suerte tuvimos esa primera oportunidad, a la que siguieron muchas más. Y a día de hoy aún lo recuerdo con cariño y gratitud. Gracias Amo por cruzarte en mi camino cuando no eramos nada. Gracias por hacerme libre y a la vez tuya. Gracias por sodomizarme como lo haces. Gracias por sentir esa ternura por mí y demostrarla con besos o reposando tu cabeza sobre mi culito. Gracias por jugar conmigo y lanzarme golosinas y me encularme en el baño de tantas formas. Gracias por sorprenderme y consentirme cuando lo merezco. Por ponerme los puntos sobre las ies cuando actuaba por egoísmo. Gracias por enseñarme cosas y tus consejos. Gracias por querer conocerme y no rendirte nunca conmigo. Bien sé la paciencia que has debido de tener. Me alegra que sigas a mi lado, que cada año me hagas el mejor de los regalos de cumpleaños y que sigas disfrutando de mí. Porque cada vez que abres mi culo o cada vez que me lefas la cara, me reconoces como soy. Sabes lo que necesito y nunca me has dejado sin ello cuando lo merecía. Gracias por educarme en el esfuerzo y la perseverancia. Y gracias por hacerme más humilde y bajarme los humos. Gracias por darme la oportunidad de seguir creciendo bajo tu mirada.
Tu cerda que te adora. 

viernes, 16 de junio de 2017

Cerebro emocional

Hace mucho tiempo que quería desarrollar el por qué de mi comportamiento hacia Él, el por qué solo tengo ciertas actitudes con Él y no con nadie más. No lo quería reducir todo a "porque Él es mi Amo". Es un factor decisorio por supuesto, y seguramente sea la explicación más lógica. Pero quería encontrar el origen de ello. 
El verano pasado estudié los tipos de cerebros que hay, o las fases por las que ha pasado la evolución de nuestra especie hasta llegar al nivel de desarrollo con el que contamos actualemente. Incluso entre los distintos tipos de especie animal hay diferencias. Así por ejemplo, el cerebro más básico es el Reptiliano o la mente instintiva. A continuación estaría la formación del cerebro emocional, que es el que surge por el desarrollo del sitema límbico. Y así iríamos pasando por varias fases del desarrollo hasta llegar a la mente planificadora o metacognitiva que es la propia del ser humano. Os estaréis preguntando por qué hablo de todas estas cosas y qué tienen que ver conmigo como sumisa. Para responder me tengo que centrar en el cerebro emocional. Además de ser propio de los mamiferos primitivos, es también el primero con el que nacen los bebés y el que rige sus actos y sus sentimientos hasta bien entrada la infancia. Como su nombre indica, las emociones lo gobiernan prácticamente todo. Un niño está feliz cuando come, se pone triste si le regañas o sonríe cuando juegas con él. Prácticamente podemos transladar todo ello a un perro: responde ante su amo, lo espera paciente en casa cuando no está, le late fuerte el corazón cuando oye un ruido pensando que vuelve a buscarlo y salta de alegría cuando puede lamerle la cara agradecido de estar a su lado. Para que un niño y un perro sientan esas cosas es importante que se cree en vínculo, una relación de apego. Estas relaciones se basan sobre todo en la confianza, en la protección y en el cuidado. Cubren sobre necesidades básicas, pero también afectivas. Un perro no se pondrá triste si yo me voy, por la sencilla razón de que no soy su dueña. Pues un bebé lo mismo. Cuando somos adultos también tenemos nuestro cerebro emocional, lo que pasa que ocupa quizá una parte menor en el control y en el razonamiento de nuestras acciones. 
Sin embargo, qué ocurre en las relaciones D/s... Tu sumisa, tu perra, tu puta, es tu protegida. Cuidas de ella en los aspectos que acordáis y que se acogen a vuestro tipo de relación. La premias y la castigas cuando toca, pero también la enseñas y te decepcionas si no lo hace bien. Un Amo está ahí del mismo modo. Lo echas de menos cuando no está, tu cuerpo está más sensible, notas que te hace falta ese toque de atención y de mano dura muchas veces. Quieres límites. A lo mejor me llamáis insensata o simplista, pero creo que la parte sumisa al estar con su Amo se vuelve un animal emocional. Por supuesto no eres así con los demás, sabes pensar y razonar, tienes capacidad de autocrítica y razonas, valoras los factores antes de tomar decisiones, planificas y controlas tus instintos más básicos. Y ahora me permitiréis que hable en primera persona. Yo cuando estoy con Él me olvido de pensar más allá de nosotros. Como un perro con su amo, para el que en el momento de estar juntos solo le interesa su compañía y que jueguen con él, para mí ocurre algo parecido. Mi mente es muy simple en esos momentos. Me costaba entender por qué con Él me muestro a su servicio y con otros he sido altiva y soberbia. El Amo y yo hemos tomado unas posiciones en las que no me he visto con nadie. No puedo ser igual con el resto porque los demás nunca me han tratado como Él. Para que eso ocurriera se tendría que establecer una relación similiar en la que me gustara servir a otros, en confianza y en admiración. Por eso cuando al Amo también le costaba entender esto, olvidábamos de cierta manera nuestras posiciones. 
Cuando Él se para a razonar conmigo lo tiene que hacer sin que perdamos nuestros sitios. Cuando me da una respuesta breve o brusca y  yo no entiendo a qué viene, me pongo tonta. Si fuera un amigo cualquiera diría, hablando con él fuera de mi cerebro emocinal de perra, diría: para que me responda así, no le hablo en todo el día. Sería un orgullo lógico y normal. Pero con Él no es así, y ahora puedo entender un poco más el motivo. Al vernos me pongo muy contenta, no paro de sonreír, me gusta mirarlo e ir detrás del Amo a gatas y esperarlo fuera del baño si va a hacer pis. Me gusta que juegue conmigo y me tire una gominola. O que me dé permiso para subir a la cama. Es una relación muy básica pero muy compleja si no se mira desde esta perspectiva. Es por ello por lo que a veces un amo se enfada si somos pesadas con ellos, si montamos berrinches igual que un perro muerde calcetines... Ellos parten de un razonamiento diferente. Por suerte todos aprendemos, y poco a poco también se dan cuenta que la parte sumisa solo quiere aprender y que estén contentos con el resultado. Porque se pasa regulín cuando no puedes ver a tu Amo o cuando lo decepcionas. 
No sé, quizá solo he soltado un rollo de teoría. Pero a mí me sirve para comprenderme mejor y comprender también este tipo de relaciones.

martes, 13 de junio de 2017

Lo que a mí me hace feliz

Hace unas semanas surgió en twitter una idea muy graciosa sobre lo que somos las sumisas, o lo que deberíamos ser. Me da bastante rabia que a las sumisas se nos ponga a todas en el mismo saco. Para empezar porque a pesar de ser sumisas, cada una lleva su "vocación" como más le satisface: solo para sesionar, solo con tu Amo delante, solo en el sexo... No hay ninguna manera mejor que otra, solo la que a ti te hace más feliz. Y lo mismo ocurre con los Amos. Pero ninguno por ello debe sentirse superior a nadie.
Ante una discusión, muchas personas piensan que si tu Amo no te entiende, si no se pone en tu lugar, etc, es que no está haciendo bien su trabajo. Y estoy HARTA de ese discurso. Para empezar porque considero a mi Amo un hombre bastante paciente, y para continuar porque me educa lo mejor que sabe, dado que Él parte de la misma base que yo. Si a pesar de su trabajo y su esfuerzo me rebelo y actúo malamente, la que tendrá que ponerse las pilas sería yo. A mí me cuesta pillar ciertas cosas. Mi mente sabe lo que debe acatar, pero si tengo el día tonto o pienso que tengo la misma voz que Él para decidir, la cago, hablando claramente. Y claro que me sienta mal, claro que sé que he metido la pata. Pero en ningún caso quiero desestimar su autoridad. Es difícil a veces disociar tu parte de mujer fuerte e independiente, con esa otra parte sumisa. Porque en cuanto se descompensa ese equilibrio, te crees con el derecho de exigir. En estos casos lo que he aprendio es a asumir mi parte de responsabilidad, dejar el victimismo a un lado y ser crítica.
En ese divagar piensas miles de cosas, y pongo ese ejemplo para que entendáis cómo puede ser visto desde fuera. Estás envuelta en una sociedad que por desgracia nunca se va a poner en tu situación. Las veces que eso ocurre te respetan (con suerte), pero no te comprenden. Y aunque me rodee un pensamiento opuesto al mío, yo no me dejo llevar. Porque sencillamente su manera de ver la vida no es la que a mí me hace feliz. En un momento de bajón, si no tienes claro lo que eres y lo que te gusta, puedes ser fácilemente influenciable. Y hablo por mí, pero también por quienes compartimos este sentimiento de sumisión, porque no soy el objetivo de defensa de nadie. Me considero igual que cualquier otra persona, igual de fuerte e igual de imparcial para tomar mis decisiones. No necesito que ningún grupo me defienda. Si necesito consejo lo pediré a quien yo crea, pero no es necesario que personas ajenas usen mi situación para darse lecciones a sí mismas. Yo haré lo que quiera con mi Amo, ni soy tonta por dejarme ni me obliga a nada. Me sienta muy mal que las personas juzguen este tipo de relaciones partiendo de la base de que me tienen que defender por ser la parte "débil". Como si Él fuera malo o que sé yo. Parece que de cara a la galeria tienes que estar siempre con una sonrisa, porque si no eres vulnerable a recibir comentarios compasivos. Pasa con las relaciones D/s pero también con relaciones normales. La diferencia es que en estas últimas nunca te harán sentir mal por estar sometida a una persona. Por suerte aprendes. Te pones un impermeable para que todos los comentarios de desconocidos y personas que solo van a criticar por morbo, te resbalen. 
Sí que es cierto que dentro del BDSM hay hombres que se aprovechan de la condición sumisa de las mujeres para hacer con ellas lo que quieran. Se las follan como a ellas les gusta sí, pero no tienen en cuenta nada más allá, ni las educan ni las enseñan. Esos hombres no se merecen una entrega como la nuestra. Pero basta de criticar a todos por una situación particular, y de la que tampoco tienes conocimiento para opinar. Ni yo siendo sumisa me atrevería a dar consejo a una persona que no conozco. Ni todas las sumisas somos tontas por obedecer, ni todos los Amos son malos por ser hombres con un estatus de poder en una relación desigual que hemos elegido ambos, que he elegido YO. Quitaos la venda de las reglas de la sociedad tradicional, porque si queréis entender algo aquí no os va servir. Puedo hablar por mí situación, y os diré que gracias a Él soy mucho mas cabal, controlo cada cosa que hago y no actúo por impulsos, como era lo habitual. Quitadme todo eso si pensáis que vivir con la guía de una persona es malo y veréis que no es lo que me hace feliz, que no me ayudáis. Adoro cada cosa que hace por mí, sea para reprender un comportamiento o para premiarme. Y si estoy con Él es para ambas cosas, porque así lo dicta la relación que hemos elegido en consenso. Cuando me alecciona me da mucho valor y se lo agradezco porque me siento genial, siento que mis actos cuentan para Él. Y cuando me da un regalo reconoce mi esfuerzo y me motiva a querer ser aun mejor.
Creo que si todos hiciéramos por comprender a los demás en lugar de tan solo ayudarlos imponiendo nuestro punto de vista, haríamos un bien mayor. Hasta que eso ocurra lo mejor es que tengamos claro quienes somos, les guste a los demás o no. Porque quien tiene que estar a gusto eres tú.

viernes, 26 de mayo de 2017

Risas, chocolate y el azul del cielo.

Hoy toca breve relato de lo que más nos gusta ser...
Me quito la ropa delante de Él porque esta vez lo esperaba vestida, sabiendo que cada vez que estreno algo el Amo debe evaluarlo. Lo ayudo a Él a quitarse los zapatos y los calcetines, y sigo con su pantalón. Olvido decirle que las braguitas que llevo son las que llevaba cuando lo conocí y me folló por primera vez. Me pregunta si llevo braguitas de repuesto. Ante mi afrimación se sonríe, recordándome lo puta que soy. Lógicamente de mi mente desaparecen todos los recuerdos y las palabras. Ya estoy con Él y solo deseo que me dé lo que merezco.
Y esta vez no serán cositas bonitas de primeras... No me dará gusto como últimamente hacía nada más verme. Ya venía advertida, muy consciente de que no soy siempre princesa. Me encanta sentir esas expectativas y esa incertidumbre en mis muslos. Noto como las braguitas se mojan al pensar en Él de esa manera tan animal y lasciva. Cuando por fin lo tengo delante, podría desacerme en su mano al primer contacto. Me pongo en posición: hoy me pide que sea a cuatro patas. Mete su polla por mi pequeño agujerito y mi culo se abre fácil a Él. No lo entendemos. No sabemos cómo es posible que abriéndose tan fácilemente siga estando apretado. Ni tampoco entenemos que lo disfrute sin padecer. No es una entrada preparada de forma natural para recibir polla, y sin embargo en mí sí. Me embiste cuando ya ha entrado del todo, me coge del pelo y lo oigo gemir y regodearse de gusto. Me pide que me acueste del todo sin sacarme la polla del culo. Me gusta esta posición... Notar su peso y su boca en mi cara y cuello. Me hace sentir vulnerable y deseada... Sale de mí y me estiro como un gato al que acaban de despertar. Me arrastra de los tobillos hasta el borde de la cama. Él, en el suelo, comienza a bombear en mi culito. Se agarra de mis hombros para darse impulso y toca la cara como para que me quede quieta. Al salir por segunda vez de mí me relajo pensando en que ya se ha acabado, en que mi parte trasera ha cumplido por ahora. Pero soy tan ilusa... Si lo pienso ahora me mojo al recordar lo listo que es. Me folla el coño estando Él encima de mí, me mira, me escucha gemir, siento su respiración en el hueco de mi hombro. Me pone la mordaza y me dice lo bonita que estoy así. Me la vuelve a quitar para que le diga lo mucho que me gusta que me abra el coñito. Cuando me corro me aferro a su cuerpo como si me fuera a caer si lo suelto. Se separa un poco de mí, me mira con una sonrisa dulce, me besa y yo le doy lametones de cariño y satisfacción. Mi coño palpita y Él lo nota. Se queda quieto mirándome, como esperando a que me relaje. Cuando comienzo a moverme debajo de sus caderas para rozarme se separa más de mí, y sale. Alzo los brazos como una niña que quiere que su papá la coja. Pero no... El Amo me abre las piernas y me la mete por el culo. Estando boca a arriba la noto muy profunda en mi estómago, pero no es eso por lo que me revuelvo rabiosa. Estaba muy a gusto con su polla en mi coño, me daba mucho placer rozarme contra Él, y el golpe con el que entra en mi culo borra todo eso de golpe. Me pone la mordaza y gruño bajito. Sé que le da mucho placer verme así y no poder rechistar por ser Él quien tome las riendas. Y a mí me encanta... Se me olvida la sensación de placer en el coño y otra invade todo mi cuerpo. No hay luchas internas ni conflictos, tan solo el abrazo más intenso de mi esencia. De lo que soy. De lo que me hace vivir esto tan plenamente y sin clichés ni tabúes. 
Estoy muy satisfecha porque me preparé muy bien para ver al Amo, y dio sus frutos. Cuando fuimos a bañarnos juntos me sentía muy bien. Le di masajes pequeñitos por las piernas y en la cabeza. Fue muy gracioso porque me dijo que le apretase más, y yo le respondí que me daba miedo apretar mucho por la cabeza. Me dijo que no me preocupase, que tenía la cabeza muy dura. Yo me sonreí y contuve la risita, aunque el Amo estaba con los ojos cerrados y no podía ver la expresión de pilla en mi cara. Saqué valor y se lo solté: "ya, si no hace falta que me digas que tienes la cabeza dura. La tienes muy muy dura...". Me reí para que entendiera mi pique, y como es muy listo pensó que efectivamente le estaba llamando cabezota. Abrió los ojos a pesar de que yo no cesé en mi masaje y me miró con una de esas expresiones que cortan la risa. Sin embargo por dentro seguía igual de risueña. Me gusta que podamos bromear y reírnos, sabiendo por supuesto que luego mi culito puede permanecer abierto más tiempo de la cuenta... 
Al salir del baño vimos una serie los dos tirados en la cama, le pedí permiso para subir a la cama porque al entrar en la bañera lo olvidé y tuvo que recordármelo. Le llevé gominolas y chocolate para picar. Aunque en mitad de la serie picó de otras cosas también... Está claro que no podemos estar juntos mucho rato sin recurrir al contacto. Me complació dándome por el coño otro ratito, me corrí tan plena que cuando volvió a sodomizarme lo disfruté infinitamente a pesar de lo que llevaba ya mi cuerpo. Se corrió en mi cara y me mandó al baño a que me limpiase. Terminamos de ver la serie entre risas y bromas. Me sentía tan bien al salir a la calle. No sé cómo explicarlo pero era una sensación de paz conmigo misma. No era el latir nervioso de no saber lo que pasaría mañana o el mes que viene. No me sentía princesa en ese momento, tan solo su pequeña putilla. Sonreí contenta y me fijé en lo azulque estaba el cielo.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Dame calor


Estamos acostados en la cama, está inquieto y me atrae hacia Él: "ven, dame calor". Quiere aprovechar mi cuerpo para arroparse, ser yo quien espante sus pensamientos y lo calme. Así tumbados, con sus brazos rodeándome, no me importa nada más en el mundo. Alargo mi brazo hacia atrás y le acaricio la cabeza. Me dice que le gusta, que siga. Me encanta hacer algo de manera espontánea y acertar con lo que necesita en el momento. No hay nada mejor para una persona que adora complacer a otro.
Si me dieran a elegir un regalo que Él pudiera hacerme, elegiría sus palabras. Me ha educado con ellas, me ha enseñado, me han dado alegría, ganas de follar y a veces también llanto. Y las elegiría porque para mí no hay nada más bonito que el sentir. Cuando una persona te resulta indiferente, nada de lo que diga te cala demasiado. En estos momentos, para mí es imposible no pensar en el futuro. No sé lo que va a ocurrir. Ese siempre ha sido un miedo grande para mí, yo que planifico hasta el último detalle para que todo esté a su gusto y no haya imprevistos. Si falla algo que no puedo controlar me pienso responsable. Y no es mi tarea la de culparme más allá de lo que Él pueda regañarme, pero a veces lo hago. Por eso ahora más que nunca pienso en lo que podría haber hecho mejor en el pasado. 
Nunca creí que pasaría, que tendría que llegar el día. Yo quiero vivir acompañada siempre de sus palabras, ofrecerle las mías y estar ahí siempre el uno para el otro en la medida de nuestras posibilidades. Las posibilidades que han sido siempre, jugando a las cartas que la vida nos ha dado. Aceptando las particularidades del otro y no exigiendo nada. Hace mucho tiempo que abandoné ciertos pensamientos. Puede que nunca los tuviera o que siempre se hayan manifestado a modo de fantasía. No quiero recordar las palabras malintencionadas de personas ajenas que fueran el prólogo del presente.
Quiero recordar todo lo bonito que hemos vivido, esperando que algún día pueda recuperar un pedazo pequeño cuando llegue el momento de obedecer y apartarme. Quiero recordar siempre su sonrisa de cabrón cuando me rompe el culo sin avisar. Quiero recordar sus ojos cuando están a menos de un palmo de los míos. Quiero recordar esa otra sonrisa que se le dibuja cuando me ve con la mordaza, esa sonrisa que es la más pura y tierna. Quiero recordar el tacto de sus manos en mi coño, buscando mis ganas y notando esa humedad que siempre va conmigo. Quiero recordar esa otra sonrisa espontánea y sonora que surge al escuchar alguna ocurrencia ridícula mía. Quiero recordar su cuerpo entero al tacto de mis manos, no olvidarme jamás de él. Quiero recordar su olor, por favor que nunca se me olvide eso. Y quiero recordar su polla, porque para mí es tan bonita como cualquier otra parte de su cuerpo. 
Los cambios me asustan, no saber cómo nos veremos el uno al otro después, no saber si Él seguirá deseándome. Así que quiero dejar de pensar. Ser solo su perra y darle calor, aprovechar cada segundo que tenga a su lado. No me preguntéis cómo puedo saberlo, ni me digáis que no puedo estar tan segura, pero lo sé. Sé que siempre estaré ahí para el Amo mientras que Él me busque y lo desee. Solo si Él me aleja dejaré de buscarlo con acciones, dejaré que el tiempo borre la rutina de esperar o las ganas de escribirle. Sin embargo en mi interior seguirá estando Él, el instinto es imposible perderlo. Al final no sé quien ha dado más calor al otro. Mi complemento y mi mitad para muchas cosas. Tantas que se han borrado los límites de nuestro ser. 

domingo, 30 de abril de 2017

Mis normas

Estoy muy contenta de mis pequeños cambios. Poco a poco voy estabilizando mi parte sumisa con mi vida cotidiana. Me he creado para mí misma una serie de normas o de pasos que me ayudan en situaciones en las que antes le escribiría decenas de mensajes. 
Cuando surge un conflicto en mi interior trato de analizarlo una vez pasado el enfado, dejo que pase ese momento crítico y reflexiono. Lo primero para mí es identificar si es algo que Él puede solucionar y en lo que está involucrado, o si es solo una rabieta mía. Esto es importante porque si se trata de lo primero no lo puedo gestionar yo sola, puesto que al Amo también le afecta por ser mi dueño. Sin embargo, si se trata de celos infundados o de inseguridades mías, debo tratarlo yo sola. Por mucha rabia que me dé o por la razón que crea tener. Esa razón que pienso que tengo es la que me hace hablar con Él de manera exigente y reclamante. 
Os voy a enumerar de manera sencilla mis normas a lo largo del proceso que he explicado, desde que surge un problema hasta que lo soluciono. 

1. Identificar la causa de mi rabia y ser sincera con ello, si no no podré solucionarlo. 

2. Si le incumbe a Él debo explicárselo sin ser exigente, siendo lo más educada posible y sabiendo donde está mi sitio.

3. Aceptar su respuesta, sea la que sea. Esta es una parte que cuesta, pero si aceptas que lo que cuenta es su visión del problema, no te torturas culpándote a ti misma ni dándole vueltas a una situación que está zanjada para el Amo. 

4. Si no le incumbe a Él debo tratarlo yo sola. Escribo, me pongo a trabajar o hago lo que sea para no pensar. Durante unas horas el problema seguirá en mi cabeza, pero sin interferir con el Amo ni con mi vida. Al menos trataré de no exteriorizarlo. 

5. NO escribir en twitter si estoy ofuscada todavía. Puedo hacer una pequeña reflexión, pero no quejarme porque eso es exteriorizarlo aunque no me dirija a nadie en concreto. 

6. Lo que me ocurra con Él nos atañe solo a los dos, no debo involucrar a terceras personas estando triste por una situación particular. 

7. Tratar de no darle importancia, porque si lo hago al final estaré triste de verdad y todo por un drama que he montado yo sola. Y eso es lo que de verdad le molestará al Amo. 

8. Si a pesar de ello me porto mal, insisto, le escribo y hago oídos sordos a sus palabras, tendré que aceptar las consecuencias de mis actos. 

9. Valorar si vale la pena ponerse así por algo que quizá sea mejor hablar en otra ocasión, o estando juntos por ejemplo. 

10. Respetarlo. Si es mi Amo, lo es para todo. Por poner el ejemplo más recurrente, si yo quiero hablar y Él quiere que me calle, pues tendré que hacerlo y esperar a que Él me dé permiso. 

Estas normas me sirven a mí porque están sujetas digamos al carácter de ambos. Pero sí que algunas quizá se puedan generalizar a todo tipo de relaciones. 
Yo no las tengo todas dominadas, pero la rutina y la fuerza de voluntad por querer ser buena es una motivación muy grande. Lo bueno de todo esto es que haya una repercusión, y por suerte el Amo me explica las cosas para no volver a hacer mal y me premia cuando lo merezco. Y lo mejor: me explica como se siente Él. Cuando ves que tus acciones afectan a los demás, os aseguro que pensáis las cosas de otra manera. 
Aceptar tus fallos y desear cambiar es el paso más importante de todos. Por ti lo primero. Y si tienes a una persona al lado que lo valora, como es Él, pues ya es todo perfecto. Gracias Amo por enseñarme despacio. 

lunes, 24 de abril de 2017

Pérdidas

Miro sus ojos. Reflejan tan bien lo que siente por dentro. La mayoría de veces transmiten felicidad, una felicidad que no es fingida. Tiene todo: amor, cariño, una familia que la quiere, una casa... ¿Y por qué a pesar de ello no era feliz? Creo que ha aprendido, creo que nadie te puede enseñar mejor que una misma. Ella solía decírmelo, y tenía mucha razón. ¿Y por qué yo también a veces estoy triste? No tengo tanto como ella, pero en una escala del uno al diez, tengo más de la mitad de cosas que me hacen feliz. Es cierto que me faltan algunas, pero no me gusta que esas carencias se nutran de lo bueno que tengo. 
Por estas fechas, hará un año, que perdí a dos personas importantes. Me acuerdo de ellas muy a menudo. No fue culpa de nadie que se rompiese la relación, pero supongo que yo fui un poco más responsable, aunque ellas siempre me dijeron que no. Ojalá fuera de esas personas pragmáticas que cuando terminan algo son capaces de cerrar el capítulo y no volver a sentir nostalgia. Pero eran importantes para mí y a día de hoy no las olvido. Poco después perdí la relación con otra amiga. Fue una persona importante para mí también. Me vio loca de contenta cuando Él me avisaba para quedar. Me observaba planificar todo con detalle para no olvidarme nada que a Él le pudiera gustar. Me vio esforzarme por cambiar y ser mejor para el Amo. Y me veía con lágrimas en los ojos cuando discutíamos. Sabía lo importante que era para mí todo aquello y el gusto por querer agradarlo.  Por el conocimiento tan grande que tenía de mí quizá esperaba que hubiera actuado de otro modo. Cuando las perdí, yo era plenamente consciente de mis errores y de los suyos. Dos no discuten si uno no quiere, y cuando algo se rompe no es solo una persona la responsable. Me arrepiento de mi actitud y de no haber sabido manejar mejor las situaciones. Al menos ya lo he vivido y sabré cómo enfrentarlo si sucede de nuevo. Las echo de menos, con las dos primeras podía hacer bromas que con nadie más he sido capaz a día de hoy. Solo puedo hablar por mí, pero eran mis amigas y aunque no pueda hablar con ellas, las sigo considerando así. Por eso los golpes duelen más. 
Mucho he cambiado desde entonces. En cuanto a relaciones de amistad aún me queda por madurar, pero respecto al Amo noto muchos avances. Los celos que podía sentir antes, se han ido diluyendo. Y cuando los siento no se los manifiesto para recriminarle nada ni para hacerlo sentir mal. Trato de quitarles importancia. En cuanto a ir detrás de Él y necesitar continuamente de sus atenciones he modificado mi comportamiento y mi manera de expresar las cosas. Cuesta a veces, pero trato no decepcionarlo. Las expectativas es una cuestión a trabajar, pero cada vez voy mejor. En general me siento buena alumna. Creo que estoy demostrando que puedo cambiar y me gustaría recibir ese voto de confianza más directamente por su parte. De sentir que se nota mi esfuerzo. Porque cuando me da su apoyo y cree en mí, me pongo las pilas y me empleo más a fondo. No quiero que se asuste cuando me sincero con Él. Jamás le pediré más de lo que ya tengo, pero confío en Él para que me tienda esa mano cuando lo necesito. Recibir un halago por su parte es estupendo, mejor que un regalo. Sus palabras siempre me han hecho bien, sean para reñirme o para felicitarme. Para mí significan saber en qué mejorar. No busco más que crear bases seguras. Confío en Él y por eso sé que lo que me diga me servirá para aprender. Es así, eso para mí es pertenecer y obedecer las palabras de tu Amo. No solo con acciones si no con la actitud que denota que sus palabras no son aire, que tienen peso para modificar mis actos.
Y perdonad si he insistido, pero cuesta obedecer a una persona y saberte callar cuando te lo imponen, reprimir el orgullo o la soberbia, y agachar la cabeza. Parece sencillo: es tu Amo y debes obedecer. Pero no hemos nacido y sido educados con esa predisposición. Y me parece justo recalcar el trabajo que hace la parte sumisa por agradar, comprender y mejorar para que su Amo esté contento. 
No hay nada más bonito que sentir esa conexión con alguien. Cuidadla bien y recompensadla cuando sea merecida. No quiero perder a nadie más ni verme alejada de las personas a las que quiero. Ellas nunca van a perder ese hueco que tenían en mi corazón. Y a Él lo adoro, no hay día que se me quiten las ganas de decírselo. El Amo ya tiene su hueco dentro de mí. 

domingo, 16 de abril de 2017

Para Él, para nosotros

Un tuit no iba a dejar claro mi mensaje. Iba a quedarse corto para todo lo que siento y quiero escribir, de modo que voy con una entrada. Parecerá reiterativa quizá pero me parece necesario dejarlo claro para Él. 
La última vez que nos vimos yo pensaba un poco en las prácticas sexuales de las demás mujeres. En prácticas vainilla, sobre todo. Va un poco a hilo de la última entrada, pero os pondré un poco en antecedentes. Pensaba en mujeres que no necesitan entregarse, en mujeres orgullosas que no ceden por su hombre. Machista, me diréis. No voy a entrar en esos temas, porque no vienen al caso. Yo considero que si quieres a una persona, seas hombre o mujer, vale la pena "sacrificarte" un poco por él o por ella. Sin embargo es cierto que dentro de las relaciones D/s, y en el mundo que vivimos tan susceptible a la crítica, es muy fácil caer en que te dejas porque eres tonta, porque eres débil o banalidades como esas. Y no. Yo hago lo que hago porque me gusta, porque yo soy así si tengo delante a una persona que creo merecedora de respeto y admiración como es Él. No me puedo entregar así, tan alegremente, a cualquiera. Primero porque necesito sentir esa superioridad que el Amo se ha ganado. Y segundo porque no puedo confiar en cualquiera para hacer ciertas cosas. 
Cuando he compartido esos pensamientos con el Amo, su mente también bulle y piensa si es que tengo dudas o si es que me ha dejado de gustar lo que hago. Y ni lo uno ni lo otro. Él ya lo sabe, por eso a título posterior escribo esto. Algo que me he propuesto es que todo lo que escriba haya pasado antes por una conversación entre ambos. Que ni este blog, ni tuiter, sea un lugar donde descargar nada, tan solo un lugar para terminar de plasmar nuestras ideas. Cuando estoy con Él no hay otro sitio donde desee estar ni otra cosa que desee hacer. Esos pensamientos son solo comparaciones que mi mente hace pero que no condicionan ni alteran mi visión con Él. 
Nunca he dudado de Él. Nunca. Ni por un segundo. En todos estos años juntos, con sus altibajos y sus problemas incluidos, no ha habido un solo día en el que no lo deseara. No ha habido un día en el que no quisiera recorrer la distancia que fuera por unos minutos a su lado. Pienso en Él, en mi Amo, en estar juntos, en que me rompa el culito y me babosee, en sus ojos grande y profundos, en que me folle y me pida besos, en ser suya en todos los aspectos... Y qué queréis que os diga, pues se me hace el coño agua y solo querría que se parasen los relojes para estar en el mismo segundo con Él. Estoy feliz siendo su perrita. Me gusta que me eduque, que me enseñe y que comprenda que me hace muy dichosa servirlo. Y que cuando fallo nunca dejo de desearlo, que tan solo me entristece no haber demostrado estar a la altura. 
Y no sé, me parece que no me dejo nada. Tan solo que estoy deseando verlo, que me rompa el culito. Que me haga suya físicamente, que me sodomice y poder ser de nuevo pequeñita bajo Él. Me gusta ese ambiente que solo el Amo sabe crear: yo bajo su cuerpo, su polla en mi culo y sus brazos rodeandome, como si así siempre estuviera protegida de todo. 
Te adoro Amo. 

miércoles, 5 de abril de 2017

Pensamientos que cruzan tu mente cuando...

Estás ahí tumbada, Él está sobre ti. El culo abierto con su polla dentro. Su cara lo dice todo, no hay placer mayor en ese momento. En tu interior estás serena, llena, tranquila y sin que nada te pueda asustar. Por qué te gustará tanto…
En parte es dolor, es quedarte jodida como mínimo toda la tarde. No tiene ninguna explicación lógica, salvo la que sientes dentro de ti. Tu Yo anterior se zafaría de ese sometimiento, te pondrías altiva y reclamante. Y te preguntas por qué si sentías esa pizca de rabia no actúas con coherencia. Levantas la vista y lo ves. Lo comprendes todo en un segundo. Porque es Él. Porque es tu dueño y porque ese segundo de rabia, de no entender o de como queráis llamarlo, no puede nublar la felicidad que sientes al someterte. Aprietas el culo y te corres y ves su boca sobre la tuya, y lo llamas cabrón y te abrazas a Él sabiendo que no se ha terminado. Eres suya, voluntariamente entregada y feliz.

No sé si muchas de vosotras, quienes vivís una relación D/s o BDSM, habéis experimentado una sensación así. Tan ambivalente y que te sacude tan dentro. He tenido amigas a las que sé que les ocurría algo parecido así que no es algo que me atormente, ni mucho menos. Desde que empecé con el Amo, prácticamente he estado yo sola, no he tenido a casi nadie con quien compararme o con quien intercambiar relatos de mis experiencias. Así que tampoco es que necesite el respaldo de un grupo para aprobar lo que hago. El caso es que cuando ese sentimiento me nace recuerdo la rebeldía con la convivía en mi interior antes. Recuerdo lo exigente que era: ser sumisa de boca pero no de acción. Me siento orgullosa porque cuando ahora me vienen brotes de aquello, sé razonarlos. No me pongo reclamante para que me folle así, me dé un beso de esa manera o me trate de otro modo. Al contrario, he aprendido a aceptar lo que me ofrece y a agradecer cuando me consiente, que no son pocas las veces que ocurre. Pero nada se iguala a la gratitud que siento cuando me sodomiza. Claro que me gusta que me folle el coño, es algo que me vuelve loca y me hace disfrutar infinitmente. Pero el culo es algo muy nuestro, y la manera de hacerlo es lo que define las posiciones de cada uno. Por eso quizá nunca lo he rechazado ni me he rebelado en contra. La pizca de orgullo y rabia que puedes sentir o “yo me quedo jodida y Él no”, desaparece. Desaparece esa parte de ser una princesa a la que tienen que tratar entre algodones. Porque no lo quiero. Porque yo me merezco ser sometida por Él. Y lo digo orgullosa: me lo merezco porque me gusta y porque es mi naturaleza en cuanto al sexo y a mi vida con Él. Y si Él un día deja de dármelo, es de las pocas cosas que quizá podría reclamar desde mi lugar. Es mi derecho como su sumisa. No lo digo de modo imperativo, si no más bien siendo consciente de que lo que puedo exigirle se acoge a una parcela pequeña.
No quiero derechos ni privilegios más que los que Él quiera ofrecerme. Quiero ser suya siempre y olvidar con Él mis caprichos de princesa y mi tono altivo. Algún día podremos hablar como iguales, manteniendo el respeto siempre hacia Él sin que tenga que estar como un sargento para que yo guarde mi sitio. Y sé que ese día llegará porque veo una evolución en mi modo de afrontar las cosas. En mi interior. Y es en parte gracias al Amo y a su manera de explicarme las cosas cuando obro mal.
Adoro tu manera de ser Amo y tu forma de abrirme el culo.

domingo, 26 de marzo de 2017

No tengo planes, te tengo a ti

El horizonte está en blanco, no hay nada que me preocupe, ningún plan que requiera mi esfuerzo para ser perfecto, ninguna expectativa que cumplir, ningún miedo a corto plazo que superar. Y es que hoy por primera el Amo y yo hicimos planes. Íbamos a comer juntos y al parecer pasaríamos más rato juntos de lo normal. Yo estaba muy emocionada y sabiendo el trabajo que tiene últimamente se lo agradecí nada más proponerlo. Cuando la hora se acercaba miraba el móvil cada vez que me llegaba una notificación por si era Él con algún contratiempo, pero no. Llegó un punto en el que me cansé de ese estúpido ritual. Me dije a mi misma que no pasaba nada si las cosas no salían según lo planeado. Yo lo que quería era verlo y estar un rato juntos, y eso lo iba a tener.
Todo salió según lo planeado y cuando tenía todo listo llamó a la puerta de mi casa. Le abrí y, como siempre, me lo comía con la mirada. Está tan guapo que no me canso de mirarlo. Lo espero con ropa interior, camisa y medias de liga negras. No llevaba hoy falda al trabajo pero me apetecía esperarlo un poco más arreglada. Le abro la puerta sonriendo y camino a cuatro patas por el pasillo con la guía de su mano en mi pelo. "Que bien sabes caminar ya como las perritas". Me río bajito, pero tiene razón, me estoy convirtiendo en una experta. Le quito los zapatos y lo ayudo con el resto de su ropa. Después comienzo con la mía y me ordena que me quite solo la parte de arriba. Me empuja en la cama para que caiga boca arriba y me quita las bragas. Tenía muchas ganas de que esto ocurriese, ambos sabemos el significado que hay detrás. Me separa las piernas y me come el coño. Dios mío... Su boca ahí me hace dar un respingo, mi espalda se arquea y las puntas de los pies se me tensan. Sus manos acarician mis tetas y las mías su pelo. Dejo mis piernas reposar en su espalda y me muevo deseosa de fundirme con Él. No quiero que acabe pero me entran muchas ganas de correrme. Le pido permiso para ello y el como lo hago es algo que guardaré siempre para nosotros. 
"Ahora te voy a enseñar como se hacen las cosas siendo un cabrón de verdad..." Me coloca de espaldas, preparo mi culito a sabiendas de lo que viene y se hunde en mí. Su polla me roza más que la última vez, pero en el momento que rompe mi barrera me relajo por completo. Es como la rendición más absoluta, una vez superado eso ya puede usarme como quiera. Y lo sabe... Y lo aprovecha... Y me pide que le apriete el culo... Y lo hago... Se ríe, ve el fruto de su trabajo en mi obediencia. Me sodomiza a placer y yo lo aguanto sosegada agarrada a sus brazos. Cuando reposa su cabeza junto a la mía aminora el rimo hasta hacerlo desaparecer, es mi momento favorito. Él y yo, nuestros ojos marrones conectados, como si no existiese nada más en el mundo en ese preciso momento. 
Me da la embestida de gracia en el culo y me da la vuelta. Abro las piernas y lo acojo dentro de mi hueco. Rodeo su cintura con mis largas piernas y agarro su culo con una mano, mientras con la otra acaricio su cara y su pelo. "Esto ya no duele tanto ehh...". Hago mohines y pucheros contenta. Me hace muy feliz sentirlo encima de mí, estoy a salvo y protegida de todo. Ojalá nunca nos alejemos tanto como para perder mi sentido de entrega a Él y el suyo de poseedor para conmigo. Mi boca lo busca y la suya me encuentra. Lo siento en todo mi cuerpo. Si hay una manera de volar sin tener alas debe ser esta. Mi último orgasmo me lo ofrece quedándome boca abajo en la cama. Así solía correrme cuando era virgen. Movía mis caderas haciendo el amago de follar. Pero esta vez en lugar de hacerlo contra una almohada o un peluche lo hacía con su polla en mi coño. Me masturbaba. Él debía de sentirme muy prieta en el momento de correrme. 
Cuando nos ponemos a comer y a ver una serie en la cama me coloco encima de Él a sus órdenes, le acaricio la espalda hasta llegar a su culo y subo a sus hombros para terminar en su pelo. Me encanta acariciarlo, y más si Él lo pide. Pasamos así casi todo el rato en el que transcurre la serie. Bromea conmigo, me acaricia y me besa. Sus comentarios son los más ocurrentes para mis oídos, mi risa sincera y despreocupada inunda la habitación y me ovillo en el hueco de su cintura cuando recuerda mi vida antes de conocerlo. Por suerte ya pasó, por suerte Él está en mi vida y tengo la fuerza en mí para aprender y afrontar lo que venga. 
Voy a comerle la polla, a lamerlo entero y a dejar que se funda con mi mano y mi boca. Aminoro el ritmo aprovechando para mirarlo, mientras mi mano se desliza por su polla recta y dura, mi lengua y mis labios lamen y besan sus huevos. Subo lentamente hasta la punta y de nuevo comienzo a chupársela. Lo estoy disfrutando tanto como Él, mis caderas se mueven y mi culito se torna respingón. Él lo acaricia y yo gimo con su polla en mi boca. Ya no aguanta más, demasiado ha soportado las tentaciones de mi cuerpo. Me tumba, me esparce el pelo y me acomoda la cabeza. Entonces Él se coloca sobre mí, se pajea en mi cara y me lefa la cara. Su corrida me llega a los sitios donde jode de verdad y me sonrío relamiéndome. Al mirarme al espejo sonrío con el alma plena. Es un placer para mí ver el fruto de lo que provoqué. Me siento muy puta, muy mujer y poderosa desde mi posición.
Pocas mujeres que no vivan esto como yo lo entenderán, muchas lo criticarán por desconocimiento. Pero yo, pequeña e inconsciente para muchas otras cosas, lo comprendo y lo vivo a la luz de lo que es: una entrega desinteresada y la doma que merece mi natulaleza. 
Suya. 

lunes, 20 de marzo de 2017

Florecer

Él ya sabe lo que significa para mí. Ya sabe lo que lo echo de menos cuando no nos vemos y lo que me gustan nuestras charlas triviales. Creo que poco a poco estoy entendiendo que pertenecerle no implica una conversación constante juntos. Sé lo mucho que significa para el Amo su espacio, tener momentos de paz y tranquilidad, y me ha enseñado que si quieres a alguien tienes que mirar también por su felicidad. Aunque a veces cueste mucho aparcar esas ganas por saltar a sus brazos y hacerme la fuerte. Pero creo que cada vez lo hago un poquito mejor. 
En muchos momentos me cuesta encontrar algo que merezca más mi atención que Él. Si el Amo me habla es un acto reflejo contestarle, sobre todo porque no son muchos los momentos que tiene para hacerlo y me gusta aprovechar cada segundo cuando se trata de Él. Cuando estamos juntos y me pide un café, un té o lo que sea, voy corriendo a preparárselo para regresar cuanto antes. Verlo beber, comer o estar sencillamente reposando en silencio a su lado me hace feliz. Llena un poquito el vacío de la semana sin Él. Antes de conocerlo pensé que sería un amigo más y punto, uno de esos a los que da igual cuando lo veas o el tiempo que pases sin él porque no lo echarás en falta, porque con saber que está ahí te vale. Y en lugar de acostumbrarme a su compañía y resultarme familiar y rutinaria, más me empezaba a gustar estar a su lado. Su manera de ser hacía que quisiera saber cada gusto suyo para complacerlo. Cada día aprendo algo nuevo y es más especial sin planificar nada, simplemente viviendo el momento juntos. 
El estar con otros hombres en los parones que tuvimos no ha hecho más que afianzar la idea de que no me sirve cualquiera. No necesito ni pretendo encontrar un hombre como Él para que viva a mi lado, es imposible. Me bastaría con sentir la ilusión que me recorre el cuerpo cuando voy a verlo a Él. Ninguno me ha demostrado una preocupación como la suya por mi persona, ninguno me ha hecho sentir especial. El sexo ni lo nombro porque eso es muy particular, cada persona es totalmente diferente en su manera de vivirlo y disfrutarlo. Y pienso que es cuestión de sentir esa conexión con la otra persona, aunque a mí personalmente me guste más mostrarme sumisa con Él.
No sé qué fin pretendo escribiendo esto, creo que solo echaba de menos pararme a escribir de nosotros. Siempre será mi manera de poder ser yo misma, de ser sincera con lo que siento. Y de comprender por que lo echo de menos o por que disfruto tanto estando con Él. Para mí es duro en ocasiones no tenerlo más cerca de mí, no poder compartir más. Mi afán por cambiar y demostrarle lo mucho que me importa me hace abandonar un poco mi egoísmo. Si Él es feliz no hay nada más. Y bueno, tal ve lo que quería transmitirme a mí misma con esto es un poco de mano izquierda y comprensión. Ser compresiva conmigo misma, con una situación que nunca he vivido y que no pensé que sería tan importante en mi desarrollo. Y por lo feliz que me siento a su lado me vale la pena el esfuerzo por ser cada día mejor. Me encanta su compañía, me encanta que me folle y me encanta estar juntos. Y quiero que siempre siempre siempre abra mi culito y me sodomice. 
Por último, solo decir que necesitaba poner un poco de distancia con mi cuenta de twitter. No la llevaba de la mejor manera y aun estaré algo desligada de ella. Trataré de escribir más seguido en el blog, pero sin presión. Espero que tengáis paciencia. Mi Amo y yo no hemos vivido una relación de estas características nunca y para mí lo más importante ahora es que Él esté bien y ser capaz de demostrarle con mi cambio lo mucho que significa para mí. 

domingo, 5 de marzo de 2017

Creciendo un poco más

El corazón me latía tan fuerte que no sabía si su presencia por si sola me calmaría. Era momento de asumir mis errores pero también de ser sinceros el uno con el otro, porque hay ocasiones en las que hacen falta las palabras. En cualquier relación las discusiones y las alegrías son fruto de dos, pero soy plenamente consciente de que me debo exigir más a mí misma que a Él.
Como su perra y su sumisa me duele fallar. Y mucho más me afecta hacerle daño a Él. Me siento muy unida a Él, sus alegrías son las mías, y cuando está triste nos alejamos. Hasta que me vuelvo a unir a Él paso muchas horas reflexionando en lo que hice, pienso en lo que le molestó y trato de asumir mi responsabilidad. Estoy ahí para el Amo, en silencio y esperando paciente. Cuando lo veo y le abro la puerta la fortaleza que he acumulado parece esfumarse. Su sonrisa y sus palabras me provocan el simple deseo de quedarme acurrucada en sus pies hasta que me acaricie y todo vuelva a ser como antes. Para mí tiene muchísimo valor conocer sus pensamientos, su opinión y lo que desea de mí. Por eso creo que me afectan las distancias. Le pertenezco y punto.
Después de hablar aún me ve cabizbaja, y es que yo cuando cometo errores soy de las personas que les cuesta perdonarse a sí mismas. Le preparo un café y mientras lo bebe me da permiso para rozarme con su pierna. Me acaricia y me alza la barbilla para darme un beso.
Mi corazón empieza a bajar el ritmo de sus latidos nerviosos, pero otros empiezan a surgir poco a poco. La excitación de tenerlo conmigo, de pertenecerle y de vivir esto con Él me hace sentir afortunada. Su cuerpo no tiene límites con el mío, su cabeza reposa junto a la mía y nos lamemos como animales felices de reencontrarse. Le pido perdón por ser caprichosa e impulsiva. Le prometo que intentaré aprender rápido y controlarme un poco más cada día. "Necesitabas hablar, ¿verdad?" Le respondo afirmativamente con la cabecita y me acaricia en señal de comprensión. Cuando me pregunta si quiero decir algo más, tan solo le respondo que sí, que lo quiero mucho. Su presencia me apacigua, su guía me hace fuerte y su comprensión me da alas para mejorar. No hay nada mejor para una persona, seas sumisa, novia, esclava o lo que sea, que crean en ti, que confíen en tu capacidad de mejora. Es como un placebo, porque te lo acabas creyendo tu misma, te convences de que puedes sin importar el antes. Y lo que es más importante para mí: tengo a una persona que valorará mi cambio, además de hacerlo por mí misma.
Cada gesto para conmigo me hace suya, pero también me hace fuerte, valiente y decidida. Siempre lo he dicho: estar con Él me hace ser capaz de cosas que veo muy complicadas estando sola, que tardaría en haber logrado. Todo lo que me ha ayudado en la vida me hace cada día más madura. Más cabal. Al haber estado un tanto alejada del mundo he perdido lecciones de vida que se aprenden por contacto y roce con las personas. Pero estoy aprendiendo y creando experiencias propias que me ayuden a asumir mejor las situaciones venideras.
Lo único que me queda por decir es gracias, gracias Amo por estar ahí, por tu paciencia y por tus ganas de aprender también junto a mí.

viernes, 24 de febrero de 2017

Necesidad vital

Somos animales, animales inteligentes pero animales al fin y al cabo. Saltamos cuando algo nos hace feliz y nos apartamos del resto cuando estamos tristes. Las cosas que más me llenan son las que satisfacen mis necesidades primarias: dormir, comer y follar. A lo mejor os parezco una simple pero me podría pasar la vida con esas tres cosas y ofreciéndoselas a Él. Aunque seamos seres inteligentes (unos más que otros), creo que al menos una de esas tres cosas están en vuestras preferencias diarias. 
¿Y por qué nos cuentas todo esto? Pues muy simple. El otro día nos vimos, se nos torció el plan original que teníamos y me preocupé por si al final no podíamos vernos. Pero me contuve, no me adelanté a la situación y esperé a ver qué ocurría. El Amo me dijo que tenía una necesidad vital, que quería correrse y quería hacerlo conmigo. No hubiera sido justo haber actuado como si yo fuera la única en desearlo. Os parecerá algo lógico y que vosotros no haríais pero yo recién estoy aprendiendo un sinfín de cosas. El caso es que gracias a haberlo aprendido por haber fallado otras veces, el Amo supo apreciar mi buen comportamiento y aunque no pudiéramos hacer el plan original se acercaría a mi casa para estar juntos un ratito. Cuando me porto bien lo animo a estar juntos. En ese momento corro y salto de alegría, literalmente además porque voy corriendo para casa a encontrarme con Él. Con Él... Me gusta Él, me gusta su furia a la hora de abrirme el culo. Me gusta su instinto de cazador, me gustan sus dientes clavándose en mi brazo, me gusta su lengua lamiendo mi cara y me gusta su boca devorando la mía. Y yo... Espero paciente bebiendo en el estanque, alerta a la señal que me haga ir con Él. Con solo recibirla mi corazón late a mil, mi coño se moja y mi boca no se puede cerrar. Permanece abierta de manera inconsciente, sabiendo lo que llega. Y es que Él es mi líder de manada. Lo que Él diga se obedece y en lo que Él piense yo creo. Es simple y sencillo, es primario y básico porque somos animales. Ellos no cuestionan nada. Siempre busco metáforas o comparaciones que expliquen mi sumisión, mi entrega a Él o el quererlo como superior a mí. Me siento liberada al hacerlo, no porque necesite sentirme integrada en algo, si no por saber de dónde pueden provenir mis deseos. 
Cualquier otra podría haber ocupado mi lugar, no soy única ni excepcional en el mundo para nadie. Pero lo puedo llegar a ser cuando me conocen y se dan cuenta de lo que poseo. El Amo me conoció del todo. Lo que yo le doy podrían dárselo otras mujeres, quizá no la misma pero sí completarse entre varias. Pero, ¿y la actitud? Podría ser similar pero eso ya no sería un calco de mí. Me he dado cuenta de que soy reemplazable y por primera vez no me asusto. No me asusto porque sé que no habrá nadie exactamente igual que yo, en lo bueno y en lo no tan bueno. Habrá hombre mejores que Él en otros aspectos, no estoy ciega, pero no son Él. No tienen sus defectos, ni su sonrisa, ni su manera de meterse conmigo. Y habrá mujeres con miles de dones mejores que los míos, más maduras y con más experiencias que las hagan más sabias para enfrentarse a los problemas. Pero de una cosa estoy muy segura: ninguna de esas mujeres lo verá con mis ojos. Esto es un instinto, algo que te une a la otra persona, no es humano ni lógico. Al menos yo no puedo explicarlo. Y sin embargo está ahí y nace cada vez que lo veo, cada vez que hablamos o cada vez que simplemente pienso en Él. 
Al igual que los animales no seleccionan, si no que encuentran, a mí me ocurrió igual. Creo que por eso con Él salió bien: no forcé nada, ni tan siquiera a mí misma. No sé quien encontró a quien, lo único que puedo decir es que a las dos semanas estaba apoyada contra una pared sabiendo que era Él por cómo reaccionaba mi cuerpo. Que me gustaba y quería cponocerlo. Desde entonces no he dejado de ser un animalito que busca su roce.