Libremente soy Tuya

Libremente soy Suya

domingo, 26 de marzo de 2017

No tengo planes, te tengo a ti

El horizonte está en blanco, no hay nada que me preocupe, ningún plan que requiera mi esfuerzo para ser perfecto, ninguna expectativa que cumplir, ningún miedo a corto plazo que superar. Y es que hoy por primera el Amo y yo hicimos planes. Íbamos a comer juntos y al parecer pasaríamos más rato juntos de lo normal. Yo estaba muy emocionada y sabiendo el trabajo que tiene últimamente se lo agradecí nada más proponerlo. Cuando la hora se acercaba miraba el móvil cada vez que me llegaba una notificación por si era Él con algún contratiempo, pero no. Llegó un punto en el que me cansé de ese estúpido ritual. Me dije a mi misma que no pasaba nada si las cosas no salían según lo planeado. Yo lo que quería era verlo y estar un rato juntos, y eso lo iba a tener.
Todo salió según lo planeado y cuando tenía todo listo llamó a la puerta de mi casa. Le abrí y, como siempre, me lo comía con la mirada. Está tan guapo que no me canso de mirarlo. Lo espero con ropa interior, camisa y medias de liga negras. No llevaba hoy falda al trabajo pero me apetecía esperarlo un poco más arreglada. Le abro la puerta sonriendo y camino a cuatro patas por el pasillo con la guía de su mano en mi pelo. "Que bien sabes caminar ya como las perritas". Me río bajito, pero tiene razón, me estoy convirtiendo en una experta. Le quito los zapatos y lo ayudo con el resto de su ropa. Después comienzo con la mía y me ordena que me quite solo la parte de arriba. Me empuja en la cama para que caiga boca arriba y me quita las bragas. Tenía muchas ganas de que esto ocurriese, ambos sabemos el significado que hay detrás. Me separa las piernas y me come el coño. Dios mío... Su boca ahí me hace dar un respingo, mi espalda se arquea y las puntas de los pies se me tensan. Sus manos acarician mis tetas y las mías su pelo. Dejo mis piernas reposar en su espalda y me muevo deseosa de fundirme con Él. No quiero que acabe pero me entran muchas ganas de correrme. Le pido permiso para ello y el como lo hago es algo que guardaré siempre para nosotros. 
"Ahora te voy a enseñar como se hacen las cosas siendo un cabrón de verdad..." Me coloca de espaldas, preparo mi culito a sabiendas de lo que viene y se hunde en mí. Su polla me roza más que la última vez, pero en el momento que rompe mi barrera me relajo por completo. Es como la rendición más absoluta, una vez superado eso ya puede usarme como quiera. Y lo sabe... Y lo aprovecha... Y me pide que le apriete el culo... Y lo hago... Se ríe, ve el fruto de su trabajo en mi obediencia. Me sodomiza a placer y yo lo aguanto sosegada agarrada a sus brazos. Cuando reposa su cabeza junto a la mía aminora el rimo hasta hacerlo desaparecer, es mi momento favorito. Él y yo, nuestros ojos marrones conectados, como si no existiese nada más en el mundo en ese preciso momento. 
Me da la embestida de gracia en el culo y me da la vuelta. Abro las piernas y lo acojo dentro de mi hueco. Rodeo su cintura con mis largas piernas y agarro su culo con una mano, mientras con la otra acaricio su cara y su pelo. "Esto ya no duele tanto ehh...". Hago mohines y pucheros contenta. Me hace muy feliz sentirlo encima de mí, estoy a salvo y protegida de todo. Ojalá nunca nos alejemos tanto como para perder mi sentido de entrega a Él y el suyo de poseedor para conmigo. Mi boca lo busca y la suya me encuentra. Lo siento en todo mi cuerpo. Si hay una manera de volar sin tener alas debe ser esta. Mi último orgasmo me lo ofrece quedándome boca abajo en la cama. Así solía correrme cuando era virgen. Movía mis caderas haciendo el amago de follar. Pero esta vez en lugar de hacerlo contra una almohada o un peluche lo hacía con su polla en mi coño. Me masturbaba. Él debía de sentirme muy prieta en el momento de correrme. 
Cuando nos ponemos a comer y a ver una serie en la cama me coloco encima de Él a sus órdenes, le acaricio la espalda hasta llegar a su culo y subo a sus hombros para terminar en su pelo. Me encanta acariciarlo, y más si Él lo pide. Pasamos así casi todo el rato en el que transcurre la serie. Bromea conmigo, me acaricia y me besa. Sus comentarios son los más ocurrentes para mis oídos, mi risa sincera y despreocupada inunda la habitación y me ovillo en el hueco de su cintura cuando recuerda mi vida antes de conocerlo. Por suerte ya pasó, por suerte Él está en mi vida y tengo la fuerza en mí para aprender y afrontar lo que venga. 
Voy a comerle la polla, a lamerlo entero y a dejar que se funda con mi mano y mi boca. Aminoro el ritmo aprovechando para mirarlo, mientras mi mano se desliza por su polla recta y dura, mi lengua y mis labios lamen y besan sus huevos. Subo lentamente hasta la punta y de nuevo comienzo a chupársela. Lo estoy disfrutando tanto como Él, mis caderas se mueven y mi culito se torna respingón. Él lo acaricia y yo gimo con su polla en mi boca. Ya no aguanta más, demasiado ha soportado las tentaciones de mi cuerpo. Me tumba, me esparce el pelo y me acomoda la cabeza. Entonces Él se coloca sobre mí, se pajea en mi cara y me lefa la cara. Su corrida me llega a los sitios donde jode de verdad y me sonrío relamiéndome. Al mirarme al espejo sonrío con el alma plena. Es un placer para mí ver el fruto de lo que provoqué. Me siento muy puta, muy mujer y poderosa desde mi posición.
Pocas mujeres que no vivan esto como yo lo entenderán, muchas lo criticarán por desconocimiento. Pero yo, pequeña e inconsciente para muchas otras cosas, lo comprendo y lo vivo a la luz de lo que es: una entrega desinteresada y la doma que merece mi natulaleza. 
Suya. 

lunes, 20 de marzo de 2017

Florecer

Él ya sabe lo que significa para mí. Ya sabe lo que lo echo de menos cuando no nos vemos y lo que me gustan nuestras charlas triviales. Creo que poco a poco estoy entendiendo que pertenecerle no implica una conversación constante juntos. Sé lo mucho que significa para el Amo su espacio, tener momentos de paz y tranquilidad, y me ha enseñado que si quieres a alguien tienes que mirar también por su felicidad. Aunque a veces cueste mucho aparcar esas ganas por saltar a sus brazos y hacerme la fuerte. Pero creo que cada vez lo hago un poquito mejor. 
En muchos momentos me cuesta encontrar algo que merezca más mi atención que Él. Si el Amo me habla es un acto reflejo contestarle, sobre todo porque no son muchos los momentos que tiene para hacerlo y me gusta aprovechar cada segundo cuando se trata de Él. Cuando estamos juntos y me pide un café, un té o lo que sea, voy corriendo a preparárselo para regresar cuanto antes. Verlo beber, comer o estar sencillamente reposando en silencio a su lado me hace feliz. Llena un poquito el vacío de la semana sin Él. Antes de conocerlo pensé que sería un amigo más y punto, uno de esos a los que da igual cuando lo veas o el tiempo que pases sin él porque no lo echarás en falta, porque con saber que está ahí te vale. Y en lugar de acostumbrarme a su compañía y resultarme familiar y rutinaria, más me empezaba a gustar estar a su lado. Su manera de ser hacía que quisiera saber cada gusto suyo para complacerlo. Cada día aprendo algo nuevo y es más especial sin planificar nada, simplemente viviendo el momento juntos. 
El estar con otros hombres en los parones que tuvimos no ha hecho más que afianzar la idea de que no me sirve cualquiera. No necesito ni pretendo encontrar un hombre como Él para que viva a mi lado, es imposible. Me bastaría con sentir la ilusión que me recorre el cuerpo cuando voy a verlo a Él. Ninguno me ha demostrado una preocupación como la suya por mi persona, ninguno me ha hecho sentir especial. El sexo ni lo nombro porque eso es muy particular, cada persona es totalmente diferente en su manera de vivirlo y disfrutarlo. Y pienso que es cuestión de sentir esa conexión con la otra persona, aunque a mí personalmente me guste más mostrarme sumisa con Él.
No sé qué fin pretendo escribiendo esto, creo que solo echaba de menos pararme a escribir de nosotros. Siempre será mi manera de poder ser yo misma, de ser sincera con lo que siento. Y de comprender por que lo echo de menos o por que disfruto tanto estando con Él. Para mí es duro en ocasiones no tenerlo más cerca de mí, no poder compartir más. Mi afán por cambiar y demostrarle lo mucho que me importa me hace abandonar un poco mi egoísmo. Si Él es feliz no hay nada más. Y bueno, tal ve lo que quería transmitirme a mí misma con esto es un poco de mano izquierda y comprensión. Ser compresiva conmigo misma, con una situación que nunca he vivido y que no pensé que sería tan importante en mi desarrollo. Y por lo feliz que me siento a su lado me vale la pena el esfuerzo por ser cada día mejor. Me encanta su compañía, me encanta que me folle y me encanta estar juntos. Y quiero que siempre siempre siempre abra mi culito y me sodomice. 
Por último, solo decir que necesitaba poner un poco de distancia con mi cuenta de twitter. No la llevaba de la mejor manera y aun estaré algo desligada de ella. Trataré de escribir más seguido en el blog, pero sin presión. Espero que tengáis paciencia. Mi Amo y yo no hemos vivido una relación de estas características nunca y para mí lo más importante ahora es que Él esté bien y ser capaz de demostrarle con mi cambio lo mucho que significa para mí. 

domingo, 5 de marzo de 2017

Creciendo un poco más

El corazón me latía tan fuerte que no sabía si su presencia por si sola me calmaría. Era momento de asumir mis errores pero también de ser sinceros el uno con el otro, porque hay ocasiones en las que hacen falta las palabras. En cualquier relación las discusiones y las alegrías son fruto de dos, pero soy plenamente consciente de que me debo exigir más a mí misma que a Él.
Como su perra y su sumisa me duele fallar. Y mucho más me afecta hacerle daño a Él. Me siento muy unida a Él, sus alegrías son las mías, y cuando está triste nos alejamos. Hasta que me vuelvo a unir a Él paso muchas horas reflexionando en lo que hice, pienso en lo que le molestó y trato de asumir mi responsabilidad. Estoy ahí para el Amo, en silencio y esperando paciente. Cuando lo veo y le abro la puerta la fortaleza que he acumulado parece esfumarse. Su sonrisa y sus palabras me provocan el simple deseo de quedarme acurrucada en sus pies hasta que me acaricie y todo vuelva a ser como antes. Para mí tiene muchísimo valor conocer sus pensamientos, su opinión y lo que desea de mí. Por eso creo que me afectan las distancias. Le pertenezco y punto.
Después de hablar aún me ve cabizbaja, y es que yo cuando cometo errores soy de las personas que les cuesta perdonarse a sí mismas. Le preparo un café y mientras lo bebe me da permiso para rozarme con su pierna. Me acaricia y me alza la barbilla para darme un beso.
Mi corazón empieza a bajar el ritmo de sus latidos nerviosos, pero otros empiezan a surgir poco a poco. La excitación de tenerlo conmigo, de pertenecerle y de vivir esto con Él me hace sentir afortunada. Su cuerpo no tiene límites con el mío, su cabeza reposa junto a la mía y nos lamemos como animales felices de reencontrarse. Le pido perdón por ser caprichosa e impulsiva. Le prometo que intentaré aprender rápido y controlarme un poco más cada día. "Necesitabas hablar, ¿verdad?" Le respondo afirmativamente con la cabecita y me acaricia en señal de comprensión. Cuando me pregunta si quiero decir algo más, tan solo le respondo que sí, que lo quiero mucho. Su presencia me apacigua, su guía me hace fuerte y su comprensión me da alas para mejorar. No hay nada mejor para una persona, seas sumisa, novia, esclava o lo que sea, que crean en ti, que confíen en tu capacidad de mejora. Es como un placebo, porque te lo acabas creyendo tu misma, te convences de que puedes sin importar el antes. Y lo que es más importante para mí: tengo a una persona que valorará mi cambio, además de hacerlo por mí misma.
Cada gesto para conmigo me hace suya, pero también me hace fuerte, valiente y decidida. Siempre lo he dicho: estar con Él me hace ser capaz de cosas que veo muy complicadas estando sola, que tardaría en haber logrado. Todo lo que me ha ayudado en la vida me hace cada día más madura. Más cabal. Al haber estado un tanto alejada del mundo he perdido lecciones de vida que se aprenden por contacto y roce con las personas. Pero estoy aprendiendo y creando experiencias propias que me ayuden a asumir mejor las situaciones venideras.
Lo único que me queda por decir es gracias, gracias Amo por estar ahí, por tu paciencia y por tus ganas de aprender también junto a mí.