Libremente soy Tuya

Libremente soy Suya

viernes, 16 de junio de 2017

Cerebro emocional

Hace mucho tiempo que quería desarrollar el por qué de mi comportamiento hacia Él, el por qué solo tengo ciertas actitudes con Él y no con nadie más. No lo quería reducir todo a "porque Él es mi Amo". Es un factor decisorio por supuesto, y seguramente sea la explicación más lógica. Pero quería encontrar el origen de ello. 
El verano pasado estudié los tipos de cerebros que hay, o las fases por las que ha pasado la evolución de nuestra especie hasta llegar al nivel de desarrollo con el que contamos actualemente. Incluso entre los distintos tipos de especie animal hay diferencias. Así por ejemplo, el cerebro más básico es el Reptiliano o la mente instintiva. A continuación estaría la formación del cerebro emocional, que es el que surge por el desarrollo del sitema límbico. Y así iríamos pasando por varias fases del desarrollo hasta llegar a la mente planificadora o metacognitiva que es la propia del ser humano. Os estaréis preguntando por qué hablo de todas estas cosas y qué tienen que ver conmigo como sumisa. Para responder me tengo que centrar en el cerebro emocional. Además de ser propio de los mamiferos primitivos, es también el primero con el que nacen los bebés y el que rige sus actos y sus sentimientos hasta bien entrada la infancia. Como su nombre indica, las emociones lo gobiernan prácticamente todo. Un niño está feliz cuando come, se pone triste si le regañas o sonríe cuando juegas con él. Prácticamente podemos transladar todo ello a un perro: responde ante su amo, lo espera paciente en casa cuando no está, le late fuerte el corazón cuando oye un ruido pensando que vuelve a buscarlo y salta de alegría cuando puede lamerle la cara agradecido de estar a su lado. Para que un niño y un perro sientan esas cosas es importante que se cree en vínculo, una relación de apego. Estas relaciones se basan sobre todo en la confianza, en la protección y en el cuidado. Cubren sobre necesidades básicas, pero también afectivas. Un perro no se pondrá triste si yo me voy, por la sencilla razón de que no soy su dueña. Pues un bebé lo mismo. Cuando somos adultos también tenemos nuestro cerebro emocional, lo que pasa que ocupa quizá una parte menor en el control y en el razonamiento de nuestras acciones. 
Sin embargo, qué ocurre en las relaciones D/s... Tu sumisa, tu perra, tu puta, es tu protegida. Cuidas de ella en los aspectos que acordáis y que se acogen a vuestro tipo de relación. La premias y la castigas cuando toca, pero también la enseñas y te decepcionas si no lo hace bien. Un Amo está ahí del mismo modo. Lo echas de menos cuando no está, tu cuerpo está más sensible, notas que te hace falta ese toque de atención y de mano dura muchas veces. Quieres límites. A lo mejor me llamáis insensata o simplista, pero creo que la parte sumisa al estar con su Amo se vuelve un animal emocional. Por supuesto no eres así con los demás, sabes pensar y razonar, tienes capacidad de autocrítica y razonas, valoras los factores antes de tomar decisiones, planificas y controlas tus instintos más básicos. Y ahora me permitiréis que hable en primera persona. Yo cuando estoy con Él me olvido de pensar más allá de nosotros. Como un perro con su amo, para el que en el momento de estar juntos solo le interesa su compañía y que jueguen con él, para mí ocurre algo parecido. Mi mente es muy simple en esos momentos. Me costaba entender por qué con Él me muestro a su servicio y con otros he sido altiva y soberbia. El Amo y yo hemos tomado unas posiciones en las que no me he visto con nadie. No puedo ser igual con el resto porque los demás nunca me han tratado como Él. Para que eso ocurriera se tendría que establecer una relación similiar en la que me gustara servir a otros, en confianza y en admiración. Por eso cuando al Amo también le costaba entender esto, olvidábamos de cierta manera nuestras posiciones. 
Cuando Él se para a razonar conmigo lo tiene que hacer sin que perdamos nuestros sitios. Cuando me da una respuesta breve o brusca y  yo no entiendo a qué viene, me pongo tonta. Si fuera un amigo cualquiera diría, hablando con él fuera de mi cerebro emocinal de perra, diría: para que me responda así, no le hablo en todo el día. Sería un orgullo lógico y normal. Pero con Él no es así, y ahora puedo entender un poco más el motivo. Al vernos me pongo muy contenta, no paro de sonreír, me gusta mirarlo e ir detrás del Amo a gatas y esperarlo fuera del baño si va a hacer pis. Me gusta que juegue conmigo y me tire una gominola. O que me dé permiso para subir a la cama. Es una relación muy básica pero muy compleja si no se mira desde esta perspectiva. Es por ello por lo que a veces un amo se enfada si somos pesadas con ellos, si montamos berrinches igual que un perro muerde calcetines... Ellos parten de un razonamiento diferente. Por suerte todos aprendemos, y poco a poco también se dan cuenta que la parte sumisa solo quiere aprender y que estén contentos con el resultado. Porque se pasa regulín cuando no puedes ver a tu Amo o cuando lo decepcionas. 
No sé, quizá solo he soltado un rollo de teoría. Pero a mí me sirve para comprenderme mejor y comprender también este tipo de relaciones.

martes, 13 de junio de 2017

Lo que a mí me hace feliz

Hace unas semanas surgió en twitter una idea muy graciosa sobre lo que somos las sumisas, o lo que deberíamos ser. Me da bastante rabia que a las sumisas se nos ponga a todas en el mismo saco. Para empezar porque a pesar de ser sumisas, cada una lleva su "vocación" como más le satisface: solo para sesionar, solo con tu Amo delante, solo en el sexo... No hay ninguna manera mejor que otra, solo la que a ti te hace más feliz. Y lo mismo ocurre con los Amos. Pero ninguno por ello debe sentirse superior a nadie.
Ante una discusión, muchas personas piensan que si tu Amo no te entiende, si no se pone en tu lugar, etc, es que no está haciendo bien su trabajo. Y estoy HARTA de ese discurso. Para empezar porque considero a mi Amo un hombre bastante paciente, y para continuar porque me educa lo mejor que sabe, dado que Él parte de la misma base que yo. Si a pesar de su trabajo y su esfuerzo me rebelo y actúo malamente, la que tendrá que ponerse las pilas sería yo. A mí me cuesta pillar ciertas cosas. Mi mente sabe lo que debe acatar, pero si tengo el día tonto o pienso que tengo la misma voz que Él para decidir, la cago, hablando claramente. Y claro que me sienta mal, claro que sé que he metido la pata. Pero en ningún caso quiero desestimar su autoridad. Es difícil a veces disociar tu parte de mujer fuerte e independiente, con esa otra parte sumisa. Porque en cuanto se descompensa ese equilibrio, te crees con el derecho de exigir. En estos casos lo que he aprendio es a asumir mi parte de responsabilidad, dejar el victimismo a un lado y ser crítica.
En ese divagar piensas miles de cosas, y pongo ese ejemplo para que entendáis cómo puede ser visto desde fuera. Estás envuelta en una sociedad que por desgracia nunca se va a poner en tu situación. Las veces que eso ocurre te respetan (con suerte), pero no te comprenden. Y aunque me rodee un pensamiento opuesto al mío, yo no me dejo llevar. Porque sencillamente su manera de ver la vida no es la que a mí me hace feliz. En un momento de bajón, si no tienes claro lo que eres y lo que te gusta, puedes ser fácilemente influenciable. Y hablo por mí, pero también por quienes compartimos este sentimiento de sumisión, porque no soy el objetivo de defensa de nadie. Me considero igual que cualquier otra persona, igual de fuerte e igual de imparcial para tomar mis decisiones. No necesito que ningún grupo me defienda. Si necesito consejo lo pediré a quien yo crea, pero no es necesario que personas ajenas usen mi situación para darse lecciones a sí mismas. Yo haré lo que quiera con mi Amo, ni soy tonta por dejarme ni me obliga a nada. Me sienta muy mal que las personas juzguen este tipo de relaciones partiendo de la base de que me tienen que defender por ser la parte "débil". Como si Él fuera malo o que sé yo. Parece que de cara a la galeria tienes que estar siempre con una sonrisa, porque si no eres vulnerable a recibir comentarios compasivos. Pasa con las relaciones D/s pero también con relaciones normales. La diferencia es que en estas últimas nunca te harán sentir mal por estar sometida a una persona. Por suerte aprendes. Te pones un impermeable para que todos los comentarios de desconocidos y personas que solo van a criticar por morbo, te resbalen. 
Sí que es cierto que dentro del BDSM hay hombres que se aprovechan de la condición sumisa de las mujeres para hacer con ellas lo que quieran. Se las follan como a ellas les gusta sí, pero no tienen en cuenta nada más allá, ni las educan ni las enseñan. Esos hombres no se merecen una entrega como la nuestra. Pero basta de criticar a todos por una situación particular, y de la que tampoco tienes conocimiento para opinar. Ni yo siendo sumisa me atrevería a dar consejo a una persona que no conozco. Ni todas las sumisas somos tontas por obedecer, ni todos los Amos son malos por ser hombres con un estatus de poder en una relación desigual que hemos elegido ambos, que he elegido YO. Quitaos la venda de las reglas de la sociedad tradicional, porque si queréis entender algo aquí no os va servir. Puedo hablar por mí situación, y os diré que gracias a Él soy mucho mas cabal, controlo cada cosa que hago y no actúo por impulsos, como era lo habitual. Quitadme todo eso si pensáis que vivir con la guía de una persona es malo y veréis que no es lo que me hace feliz, que no me ayudáis. Adoro cada cosa que hace por mí, sea para reprender un comportamiento o para premiarme. Y si estoy con Él es para ambas cosas, porque así lo dicta la relación que hemos elegido en consenso. Cuando me alecciona me da mucho valor y se lo agradezco porque me siento genial, siento que mis actos cuentan para Él. Y cuando me da un regalo reconoce mi esfuerzo y me motiva a querer ser aun mejor.
Creo que si todos hiciéramos por comprender a los demás en lugar de tan solo ayudarlos imponiendo nuestro punto de vista, haríamos un bien mayor. Hasta que eso ocurra lo mejor es que tengamos claro quienes somos, les guste a los demás o no. Porque quien tiene que estar a gusto eres tú.