Libremente soy Tuya

Libremente soy Suya

domingo, 13 de agosto de 2017

Las órdenes

Me gusta recibir órdenes. Y cuando esas órdenes conllevan algo beneficioso o placentero para mí más me gustan. El Amo sabe que cuando me ordena algo no lo veo como una imposición en el plano negativo. No es algo que Él me imponga por la fuerza y que yo esté obligada a cumplir, o algo por lo que pueda culparlo después. Las relaciones de Dominación y sumisión son complicadas cuando no se han establecido ciertas bases. Está el morbo, las risas y el placer de sentirte correspondida por Él, pero no es un juego como tal. Hay que tener muy claras las implicaciones y las consecuencias que conllevan para ambas partes. Y si debe prevalecer la seguridad de ambos o una de las partes, debe ser motivo suficiente para no iniciar una práctica. Quizá así escrito pueda parecer algo lógico y en lo que nadie cometería el error de caer, sin embargo hay veces que nos confiamos más de lo que creemos. 
Justo de esto hablaba con Él. Y nos sorprendíamos los dos de lo mucho que he cambiado, puesto que yo he sido la que más tenía que aprender en ciertos aspectos. Hasta que Él no verbaliza un avance por mi parte procuro no pensar en creerme la más lista, ni confiarme con lo que sé. Y me alegro que el Amo haya apreciado ese cambio en mí. Al ordenarme hacer algo, a veces me emociono y empiezo a proponer yo también cosas en relación a ello. A diferencia de mi impulsividad en el pasado, ahora no suelo actuar por el afán del querer hacer cuanto antes. Ahora busco saber para plantear el hacer futuro. Todo este hilo de pensamiento se desarrolla ante órdenes con las que disfruto. Cuando ocurre lo contrario, no me queda otra que callar u obedecer también, según corresponda. Esto es algo que todas las personas que lean acerca de las relaciones D/s tienen que saber: la sumisa ha elegido libremente a su dueño, así debe ser al menos, no existe obligación en una relación que tú has elegido. 
A pesar de lo que he aprendido siempre hay cosas que me quedan por mejorar, soy muy consciente de mis debilidades y mis fallos. Tampoco soy una ilusa que cree que va a conseguir lo más complicado en unas semanas. Por eso me marco metas pequeñas a corto plazo, cosas que sé que puedo conseguir sin frustrarme. Una de ellas, por ejemplo, es obedecer órdenes sencillas y no hacerme la mártir, ni más sumisa de lo que Él me esté pidiendo. Hace unos días me prohibió correrme. Los primeros días lo llevaba bien, pero me entraban ganas de tocarme y aprovechaba las oportunidades que tenía para poner ojitos. Cuando me dio permiso yo pensé que lo hacía por pena y me puse en mi papel de "quiero ser buena sumisa y quiero aguantar hasta que tú quieras Amo". Ni estaba siendo buena del todo al ponerle ojitos para ablandar su carácter, ni estaba siendo buena cuando me daba permiso para correrme y no lo hacía. Creo que quizá la base de ese comportamiento está en el orgullo o la soberbia por demostrar que puedo ser mejor. Y no, no se trata de demostrar nada, tan solo de obedecer a tu dueño. Esa es la manera de demostrar el cambio. Por suerte mi actitud ante estos fallos cada vez es más positiva, de ahí el verme capaz de conseguir obedecer sin cuestionar nada. Cuento esto para aprender, porque siempre que escribo me aclara la mente, y si de paso a alguien le sirve pues mejor.
A pesar de lo mucho que nos gusta recibir órdenes, te tienes que trabajar mucho la actitud y la auto-crítica. Muchas personas ven la D/s o el BDSM como "que guay, me dan órdenes y están pendientes de mí". Eso está genial, pero cuando vengan órdenes más complejas o que simplemente choquen con tu punto de vista más convencional de una relación, lo vas a pasar regular... Por eso es importante el trabajo con una misma, no dejar toda la labor de aprendizaje a la relación y a tu dueño. Y sobre todo ser coherente con lo que has elegido, y que en cualquier momento puedes dejar si sientes que no es para ti.  
Y bueno, como siempre digo, esta es solo mi perspectiva. Vosotros podéis tener otra manera de afrontar las cosas y que os sean de mayor utilidad. 

martes, 8 de agosto de 2017

Libertad para ser Él, nosotros y yo

El otro día estaba viendo el capítulo nuevo de Juego de Tronos, y hubo una escena de Missandei que no creo que se me olvide nunca. Da igual si no seguís la serie, y si la seguís no habrá spoiler, prometido. Missandei decía que había sido liberada, la habían comprado siendo esclava y ahora era libre. Otro de los personajes con los que compartía escena le dijo que su situación actual no era diferente a la de entonces, que ahora servía a la reina igual que antes hizo con su antiguo amo. Y ella le respondió que no, ella había elegido servir a la reina. Partiendo de su libertad, sin ser obligada por figuras externos, había decido servir y eso la hacía dueña de sí misma incluso estando supeditada a una figura superior. El resto de personajes no respondieron, sabían que lo que decía tenía lógica, pero no dejaban de mirarla con extrañeza. 
Sobra explicar por qué me sentí identificada. Sentí cierto alivio al escuchar lo que yo pensaba expuesto de modo tan racional. Y también sentí un poco de pena. Difundimos la libertad individual, el derecho de libre expresión, el poder de decidir sobre nuestra vida y miles de derechos más, pero cuando alguien decide ser diferente libremente, lo juzgamos. Lo queremos rescatar y llevar de nuevo al rebaño. Nos olvidamos de lo que necesita esa persona. Quizá no es solo una decisión de vida, quizá es que es lo que necesita para vivir feliz. Las demás personas no están obligadas a aceptar y seguir su modo de vida, pero tampoco deben juzgarla. 
Yo soy suya y me encantaría compartirlo con algunas personas, pero no me hace falta, no es algo que necesite para sentirme más aceptada. Lo único que necesito y pedí fue que Él me aceptase. El Amo sabe mis defectos y mis debilidades, del mismo modo que sabe lo que necesito. Para mí el sexo es la manera de hacer patente lo que somos. En su ausencia lo soy con una conversación juntos, con una orden o con lo que Él quiera ofrecerme. No sé, quizá soy muy básica para algunos que ven la dominación y la sumisión como una relación más compleja. Pero para mí el sexo fue y sigue siendo muy liberador. Después de los primeros meses juntos, descubrimos las tendencias que teníamos cada uno, y que se complementaban. Decidimos ir un paso más allá y extrapolar nuestras inclinaciones fuera del sexo también: mi manera de dirijirme a Él, comportamientos que mantener aunque el Amo no esté presente, ordenes y tareas que seguir, incluso el modo de vestir. A las personas, quienes no entienden estas relaciones, les podrá parecer una banalidad, sin embargo para nosotros tienen su significado. Igual que Él me ayuda en mi proceso de desarrollo como sumisa, yo le recuerdo que le pertenezco, que estoy con Él porque lo respeto y Él a mí, porque me cuida y sé que no haría nunca nada que me dañase. Ha hecho más que nadie por sacarme de mí misma y abrirme al mundo. Para un amo a veces es complicado mantenerse en su papel también, tienen miedo de ser muy duros, muy exigentes o muy cabrones. Precisamente por esa imagen que se desmarca del resto de relaciones sociales. Lo mismo que nos pasa a la parte sumisa. Y esto es a lo que quería llegar al comenzar a escribir: da igual, da igual que no te entiendan ni sean como tú. Yo no voy a compartir una parte de mí con quien no la vaya a entender. Pero tampoco me voy a avergonzar. Quizá soy cobarde, pero no quiero que nadie opine sobre lo que no está dispuesto a escuchar si quiera. Me basta y me sobra con Él y con las personas más cercanas a mí. 
No quiero que tenga miedo a ser Él mismo conmigo. Porque precisamente lo que me gustó de Él fue esa valentía a desnudar sus pensamientos para mí, a contarme las fantasías que nunca había podido expresar. Yo hice lo mismo con el Amo, y no quiero que se reprima estando conmigo por miedos o juicios ajenos. Porque estando juntos solo somos Él y yo, nadie más tiene que opinar de lo que hacemos si no queremos compartirlo. 

martes, 1 de agosto de 2017

Thunder

"Venga, hoy me dices ya los perfumes que te quedan. No vamos a estar con esto toda la vida..."
Uy que nervios. Ya había perdido una oportunidad y sabía que mi naricilla no tenía mucha capacidad para almacenar olores. Cada vez que iba de compras o a hacer recados por el centro me paraba en las droguerías a oler perfumes. Era super gracioso, las dependientas trataban de ayudarme y aconsejarme el perfume ideal para regalarle a "mi amigo". Me veían pensar, pararme a olfatear una y otra vez los palitos de papel. Cuando fallé el primer intento supe lo complicado que era. De modo que estudié un poco las composiciones de los perfumes, y me hice una lista con los ocho que creía posibles ganadores. 
Él estaba tumbado en la cama, yo le pedí permiso para ir a por mi chuletilla donde estaban todos escritos y me dijo que Él no la vería, para no condicionarme si estaba escrito el nombre de su perfume. Dije el primero de mi lista y acerté. No me lo creía y el Amo tampoco. Sonreí de oreja a oreja y me hice una bolita en su costado como loca por sentirlo, como un cachorrillo con su dueño. Leyó toda la lista y dijo que algunos de los demás los había usado anteriormente. No solo había tenido buen olfato para acertar, si no que había creado un patrón con sus gustos. Y me voy a callar, porque como lea esto me va a llamar presumida. ¡Ay que guapo es!
Comimos juntos, vimos series y por supuesto me folló y me sodomizó. Los detalles me los guardo para nosotros, pero recuerdo los comienzos, cuando mi culito era aún casi virgen. Me lo follaba y aguantaba más o menos bien. Pero Él iba con más cuidado, para que al día siguiente no estuviera muy dolorida. Ahora es mi dueño y mis límites se han expandido hasta desaparecer. Me hace cosas que creo que ninguno hubiera imaginado al principio. Y lo sorprendente es que aguanto sin rechistar. Jamás, nunca, lo he apartado por comodidad o por dolor. He aprendido a apreciar algo por lo que ya sentía mucha inclinación. Desde que lo conocí me ha gustado complacerlo, y ofrecerme así, llegar a sentir una enculada tan grande, es maravilloso para mí. Ver su cara, su boca abierta, su lengua pasando por mis mejillas y cuello... Es de las cosas más placenteras de mi mundo. Cada gesto suyo es una pequeña sacudida eléctrica que recorre mi cuerpo hasta asentarse en mi coño. No importa si el tiempo juntos es mucho o poco, si me folla de esa o de aquella manera, porque mi cuerpo entero registra su paso para conservarlo siempre. 
Somos cómplices, hemos aprendido a conocer al otro. Salimos de la bañera y me da su móvil para que lo ponga en un lugar seco, y le respondo con ironía. Como no me contesta me giro para mirarlo. Tiene sus ojos fijos en mí y está serio. Pero serio con su manera pícara de decirme: "no te pases de la rayas o veremos..." Me río nerviosa y bajo la mirada. Me hace tan feliz que se sienta con esa autoridad para hacerme saber las cosas, que haya aceptado que Él manda incluso en detalles como esos. Lo seco con la toalla y nos vamos a la cama. Reposa su mano en mi espalda y con la otra me agarra el brazo. Cada ve que lo aparta, lo agarro como para llevarlo de nuevo a su sitio. Me conoce tan bien que sabe lo que me gusta el contacto, que no el agobio. Se ríe y se tumba más cerca, colocando parte de su cuerpo encima del mío. 
Me deja ver el último capítulo de Juego De Tronos. El Amo ya lo había visto, así que colocamos el portátil en la cama, a continuación me pongo yo y Él me abraza por la espalda. Me siento pequeñita y arropada por un hombre bueno. Me agarra una teta y yo echo la mano hacía atrás. Él me la agarra y me la lleva a su polla. El resultado es que tenemos que parar la serie porque mi culo tiene que recibir polla. Ni cinco minutos hemos logrado estar pegados sin ocurriese. Cuando su polla recta chocaba contra mi espalda ya imaginaba un desenlace así... 
Cada segundo con Él es bonito. Está pendiente de mí y me pregunta si necesito algo más... Me gusta porque esos detalles son los que crean el contraste más grande con lo cabrón que es después. No hay rincón de mi cuerpo que tenga reservado el derecho de uso cuando está conmigo. Noto cierto cambio en ambos. Es una sensación de haber recorrido mucho camino, de tener los pies doloridos, de no haber sabido esquivar las piedras y tragarnos todos los golpes. Y parece que poco a poco aprendemos a curarnos el uno al otro, a apoyarnos para que uno no se haga daño y el otro tenga que pasarlo mal también. Y hemos llegado. Me gusta el prado en el que descansamos y en el que entre risas me hace suya.