Libremente soy Tuya

Libremente soy Suya

lunes, 28 de agosto de 2017

Relato: Doble P

Me encantaría que ocurriese...

Estamos en mi habitación. Él está tumbado en mi cama doble y yo estoy en el suelo mientras vemos una serie. Me acaba de follar el culo y me siento plenamente sodomizada. Me hace un gesto para subir a la cama, indicando que tengo permiso ahora.
- Apága un segundo la tele, te quiero comentar una cosa... Verás, hace ya un tiempo que hemos hablado sobre la idea de entregarte a otro hombre. Sabes que me gustaría estar presente o, en todo caso, verte después de tu encuentro con él. Sobre lo que ocurra, esté o no yo presente, ya sabes también como actuar. Se debe obedecer lo pactado y tú por encima de todas las cosas mostrarte complaciente con nuestro huesped. Los dos queremos que se vaya contento... ¿Verdad que sí? Claro, pues para eso tienes que tratarlo con las mismas ganas con las que me tratas a mí. Es bueno que de vez en cuando hablemos de estas cosas, así te refresco la memoría. Nunca te viene mal una explicación extra.

Se ríe ante esa última frase. Adoro cuando se ríe por algo que los dos entendemos.Me pone la mordaza, me recuesta sobre su pecho y Él se apoya contra el cabecero. Yo no entiendo muy bien el por qué de la mordaza justo ahora. No tardo ni un segundo en dabandonar ese pensamiento porque su mano está consiguiendo que mis flujos se derritan... Me gusta, me gusta mucho. Quiero sentirme llena y correrme así. Alzo la barbilla para mirarlo, quiero besarlo para no gritar pero se me olvida que no puedo con la mordaza puesta. Aaaahh... Ya viene, mi interior quiere estallar...
LLaman a la puerta. Mi instinto es coger la sábana para que Él pueda taparse y ponerme yo algo de ropa para ir a ver quién es. Sorprendentemente el Amo está muy tranquilo. Aparro el picaporte para abrir la puerta y su voz me detiene: 
- Sea quien sea, déjalo pasar... Shhh, sin rechistar, que te veía venir.

Ahora sí que no comprendo nada. Aún llevo la mordaza al cuello y una bata lígera de verano sin nada debajo. ¿Quién será? Acciono sin preguntar la puerta del portal y espero a que la persona suba. Abro la puerta al escuchar el ascensor y veo ante mí a un hombre trajeado. No es guapo ni feo, diría que tiene una cara amable. Eso me tranquiliza, ya que voy a dejar entrar a un desconocido. Ronda los cincuenta y pocos, y aunque su cara es agraciada, su cuerpo no lo es tanto: un poco bajito, un tanto rellenito y pelo descuidado. Me aparto para que pase. No sé bien que decirle así que lo dejo que se siente en el sofá del salón. Voy a por el Amo a la habitación. Está con sus calzoncillos y una camiseta lisa.
- ¿Le has ofrecido algo de beber? -Niego con la cabeza- Bueno, ahora lo solucionas. Solo quiero que sigas mis órdenes y recuerdes lo que hemos hablado hace unos minutos. ¿Entendido? Te voy a poner la mordaza, no quiero que te la quites hasta que yo te dé permiso o el hombre que está en el salón lo haga. Tan solo asiente si lo has entendido. Muy bien, ahora vamos. Detrás de mí.

Entramos los dos en el salón y ambos se estrechan la mano.
- Perdónala Julián, a veces olvida ser una buena anfitriona y se le olvida ofrecer aunque sea un vaso de agua. Anda Zo, ve a la cocina. Con dos vasos de agua estaremos bien.

Estoy muy nerviosa y prefiero llevarlos en la mano antes que usar la bandeja. Al entrar escucho la conversación ya empezada.
- Si tú estás de acuerdo lo haremos así. Mi objetivo es que tú estés cómodo para hacer a tu modo y que me la devuelvas jodida. Ya sabes. 
- Por mí está más que bien. Como te he contado, hace mucho desde la última vez que tuve sexo. Esto creo que será mejor que bien. Así que no me des las gracias por hacerlo.
 Ambos se sonrién y me miran. Pero solo me habla el Amo.
- Bien, vamos a ir los tres a la habitación. No necesitas saber más, solo obedecer.
Al entrar me pongo de rodillas. Creo que es lo correcto aunque tengamos un invitado. Por como lo hemos recibido supongo que ya intuye más de lo que han compartido conmigo.
- Ayuda a nuestro huesped a desvertirse, ponte de pie si lo necesitas y luego de nuevo al suelo para seguir conmigo.
Sigo la orden y le cuelgo la chaqueta en la silla. Desabotono su camisa y hago lo mismo que con la chaqueta, procurando se se arrugue lo menos posible. Tiene más vello que el Amo, le cubre gran parte de la espalda y el pecho. Le desabrocho el pantalón y descubro el mismo grado de pelo en sus piernas. Por último los calozoncillos. En ese mismo momento, sin mucho detenimiento para haber visto su polla, el Amo me agarra del pelo, me quita la mordaza y me empueja en esa dirección. Abro la boca y se la chupo. Se pone muy dura al instante.
- Creo que tu zorrita me va a hacer disfrutar mucho... Quizá necesite correrme dos veces.
- Lo que tú necesites Julián, ella no tiene voz ni voto en esto. Le gusta así...
Me acaricia la cabeza y me indica para que le quite a Él el calzoncillo. Ya se ha quitado la camiseta. Como no me da vergüenza mirar al Amo, solo con un gesto ya sé lo que quiere. Le lamo los cojones y deslizo la lengua por todo su tronco. Me gusta mucho como sabe, me dan ganas de estar con su polla en la boca toda la tarde. Pero creo que ellos tienen otros planes. Julián se tumba en la cama y el Amo me apremia para que suba, para que lo monte. Apollo las rodillas al borde de sus costados y me la meto despacio. Cuando entra entera bajo hasta el fondo y me froto contra su ingle. Me doy gusto y la humedad que tenía vuelve a salir. Subo y bajo con energía. Julián me toma la cara para besarme. A mí no me gusta pero accedo y lo beso como una cerda en celo. Gimo, cada vez más fuerte. Procuro no excederme para que los vecinos no escuchen más de lo que deben. El Amo se ofrece a ayudarme y me mete toda la polla en la boca, empuza mi cabeza durante unos segundo y me libera. Acompasa mi boca y su polla al ritmo del trote que llevo. Me da golpes en las mejillas para darse más gusto y me pregunta que si estoy bien. Solo lo hace para forzarme a hablar con su polla dentro y humillarme. Me estoy mojando mucho. Pero me da vergüenza aguantar tan poco. 
Julián está colorado, pero no pierde oportunidad de sobarme las tetas y agarrarme fuerte del culo para que me la clave bien hasta el fondo. Se inclina, parece que para cambiar de postura.
- Si me lo permites Julián, le voy a abrir el culo a esta puta. Luego os dejaré disfrutar a solas -se dirije ahora a mí-. Ponte a cuatro patas perra, te voy a partir en dos. Pero prometo ir todo lo despacio que pueda, pequeñita mía.
Obedezco y lo noto buscando mi agujerito. Cuando lo tiene a tiro empueja de una tacada. No aparto los ojos de Él, se ríe y empieza a meter y sacar en un bombeo que me pone como una animal. Julián se pone de pie y me agarra la cabeza para follarme la boca. Lo veo gimiendo como un cerdo baboso. El Amo me agarra del cullo para que saque culo y esté más erguida. Me suelta varias bofetadas que van a mi culo, como si estuviera arreando a un caballo para que no pare. De repente saca su polla, me besa y me muerde el culo, como marcándolo de su propiedad, y con permiso de Julián la pasa por toda mi cara. Julián mira la escena recostado, pajeándose sin tanto pudor como cabría esperar en un principio. El Amo me lleva ahí para que lo monte de nuevo. Me da mucho gusto notar el roce en mi coño, pero cuando me abre el culo me siento sodomizada, me siento suya. Es el componente de sumisión, humillación y dominación que mi mente necesita. Como si el Amo me hubiese leído los pensamientos, me la mete por detrás. Quiero gritar. Mi mente racional, la que piensa que me están abriendo por dos agujeros y debe doler, quiere hacerme creer que sufriré. Pero me relajo, siento y noto que no es así. Para mí es lo más salvaje que he hecho y quiero más. Quiero que me usen y me destrocen, salir escocida de aquí. El Amo me agarra las tetas y me muerde el cuello. Julián quiere mis manos en su pecho, que lo agarre fuerte y lo arañe, y el aprovecha para meterme dos dedos en la boca. Sí por favor... Quiero sentirme llena, jodedme cabrones... Que hijos de puta, traerme engañada... Follaos a esta ramera... Me doy cuenta que mi coño palpita y algunas de esas palabras las he dicho en voz alta. Me corro Amo, me corro como una puta en celo. Seguid follándome por favor... ¡Me corro! El Amo sale de mí y se coloca rápido sobre delante de mí. Me folla la boca pero tres sacudidas son suficientes para que me lefe la boca. La abro y se lo muestro. Trago tranquila. El Amo me acaricia las mejillas que antes habia golpeado y me besa la frente.
- Se buena Zo, hazlo sentir cómodo. Yo me voy a dar una ducha y os espero en el salón.
Cuando sale por la puerta me sonríe de manera dulce y me da ánimos para cumplir con más esmero su tarea. Julián quiere probar también mi culo, lo sé. Desde que ha entrado por la puerta lo he visto educado, pero con la suficiente perspicacia como para entender que todo lo que el Amo le muestre, él lo podría repetir conmigo a solas. Me agarra del brazo suave para que me tumbe boca abajo, como tentando la suerte, probando a ver si me resisto. Supongo que el pobre no está acostumbrado a tal displicencia. Cuando la mete en mi culo se apoya completamente en mí. Me pesa y le da igual. Esa falta de delicadez me gusta. Me pone la mordaza de nuevo para que no comente nada. El Amo siempre me dice que así estoy preciosa, y mucho más guapa callada. 

Cuando ya salimos le digo a Julián que use él el baño primero, sorprendido de que no tenga la necesidad de ir yo corriendo por el estado en el que estoy. Yo sonrío y río para mis adentros. Con todo lo que ha visto parece que aún no intuye la magnitud de mi sometimiento.
Voy corriendo, pero a ver al Amo al salón. Me mira feliz. Mira mi cara repleta de la lefa de otro.
- Veo que lo has hecho muy bien. Julián no ha salido alarmado ni quejándose por la puerta en mitad de vuestro tiempo a solas. Es muy buena señal... Esta noche me contarás todo con detalles. Si lo que escuho me complace y demuestras haber estado a la altura, te merecerás un regalo por todos las caritas sonrientes que lleves acumuladas. 
Solo el hecho de volver a estar a su lado ya me alegra. Me hago un ovillito en sus pies y esperamos en silencio a que Julián salga. El Amo me deja despedirme de él con un gesto sencillo en el que inclino la cabeza. Los dos besos aquí no proceden, por no hablar de como le dejaría la cara de sucia.

Ahora estamos los dos juntos de nuevo, podemos ser nosotros con total libertad. 



martes, 22 de agosto de 2017

22 días y 9 días

Son los que he pasado sin verlo y los que, al menos, me quedan por pasar hasta que nos veamos. En general creo que ha sido uno de los mejores veranos desde que lo conozco, y quizá esté gafando las cosas solo por decirlo. Sin embargo quiero ser optimista, creer que podemos llegar a septiembre sin más altibajos. 
En este tiempo, he tenido horas suficientes para hacer un análisis de mi evolución como sumisa, como su perra. Me gusta ser suya, y cualquier apelativo que Él quiera añadir será querido. Me he dado cuenta de lo caprichosas que somos a veces, de lo caprichosa, pesada y egocéntrica que soy a veces. Si me castiga por algo estoy todo el rato pensando en que me levante el castigo, en que no he hecho nada realmente malo para merecerlo. Y cuando el Amo decide que ya es suficiente y me premia, me quejo porque me consiente demasiado o porque le doy pena. Creo que somos, o queremos ser, demasiado perfeccionistas. Ese afan por querer mejorar y criticarnos tan duramente no es tarea nuestra. El Amo es quien decide que premio o que castigo darte. 
También me he dado cuenta que cuando no hago montañas enormes de una cosita insignificante y actúo con normalidad, Él se acerca a mí y no me ignora ni me esquiva. Se siente relajado para hablarme con normalidad. Actúo con cautela porque no sé si puedo hablar y cuando el Amo me habla de cualquier tontería mi cuerpo entero se relaja y sé que ya hemos olvidado el asunto. He puesto todo de mi parte para que la situación entre los dos fuera estable. Ya que no nos podíamos ver, al menos estar "cerca" el uno para el otro. 
Lo que ocurre es que son muchos días, y aunque soy plenamente consciente de que Él es mi dueño, de vez en cuando me da por actuar con muchos aires de superioridad. Me creo con derechos a subir el tono, a exigir y reclamar de manera egoísta. A creer que soy solo yo la que lo echa de menos y quiere verlo. A eso le sumo el hecho de mis necesidades. Estar un mes sin que me folle, sin que me ponga en mi lugar de este modo, para mí es mucho tiempo. Es sexo me diréis. te puede demostrar que es tu Amo aunque estéis distanciados me dirán otros. Y lo sé, y probablemente tengáis razón y a vosotros os funcione aplicar esa mentalidad. Me la creo. Pero para mí el sexo es muy liberador. Cuando noto su peso y me abre el culito diciéndome que lo mire a la cara, de verdad que me siento en la gloria. Se ríe de mí por tonta, por querer algo que al día siguiente me dejará jodida, y no me siento menos que nadie por ello. Me siento muy mujer, me siento poderosa incluso caminando con las piernas un poco separadas para evitar el roce. Todas esas ganas por rememorar sensaciones y correrme con el culito apretando su polla me nublan el entendimiento. Me hace ser exigente y un poco imbécil. Bueno, bastante imbécil. Estoy orgullosa de ser un cerda y de comportarme con Él como una puta, pero me da rabia que justo por eso meta la pata de maneras tan tontas. 
Las veces que lo he razonado y lo he explicado por encima a mi mejor amiga, no me ha entendido. Se pone de mi parte aunque deje caer un "eso no lo deberías hacer". Odio que se pongan de mi parte y disculpen mi comportamiento. Porque yo sé que no he hecho las cosas bien y lo que menos necesito es que me den aires de grandeza.
Espero que sepa pulirme, que de verdad me quite la soberbia y el orgullo con los que inmerecidamente lo trato a veces. Y que sepa que no excuso mi comportamiento con echarlo de menos. Lo cierto es que lo adoro, lo respeto más que a nadie quizá, porque para mí es una persona importante. En base a todo eso, estoy más que dispuesta a aprender. Hoy me dio una orden, y aunque quería responder altiva, me callé y respeté su palabra. Hace meses esto era impensable de cumplir. Me doy cuenta de lo corta que es la vida, del tiempo que pasamos separados y de que no quiero pasar el tiempo juntos portándome mal. 
Quién sabe lo que pasará el próximo verano, pero espero ser mejor todavía, soportar mejor las distancias y por supuesto que me permita seguir siendo suya. 
Te adoro Amo, perdona mi comportamiento tonto y quédate con mis ganas de obedecer. 

domingo, 13 de agosto de 2017

Las órdenes

Me gusta recibir órdenes. Y cuando esas órdenes conllevan algo beneficioso o placentero para mí más me gustan. El Amo sabe que cuando me ordena algo no lo veo como una imposición en el plano negativo. No es algo que Él me imponga por la fuerza y que yo esté obligada a cumplir, o algo por lo que pueda culparlo después. Las relaciones de Dominación y sumisión son complicadas cuando no se han establecido ciertas bases. Está el morbo, las risas y el placer de sentirte correspondida por Él, pero no es un juego como tal. Hay que tener muy claras las implicaciones y las consecuencias que conllevan para ambas partes. Y si debe prevalecer la seguridad de ambos o una de las partes, debe ser motivo suficiente para no iniciar una práctica. Quizá así escrito pueda parecer algo lógico y en lo que nadie cometería el error de caer, sin embargo hay veces que nos confiamos más de lo que creemos. 
Justo de esto hablaba con Él. Y nos sorprendíamos los dos de lo mucho que he cambiado, puesto que yo he sido la que más tenía que aprender en ciertos aspectos. Hasta que Él no verbaliza un avance por mi parte procuro no pensar en creerme la más lista, ni confiarme con lo que sé. Y me alegro que el Amo haya apreciado ese cambio en mí. Al ordenarme hacer algo, a veces me emociono y empiezo a proponer yo también cosas en relación a ello. A diferencia de mi impulsividad en el pasado, ahora no suelo actuar por el afán del querer hacer cuanto antes. Ahora busco saber para plantear el hacer futuro. Todo este hilo de pensamiento se desarrolla ante órdenes con las que disfruto. Cuando ocurre lo contrario, no me queda otra que callar u obedecer también, según corresponda. Esto es algo que todas las personas que lean acerca de las relaciones D/s tienen que saber: la sumisa ha elegido libremente a su dueño, así debe ser al menos, no existe obligación en una relación que tú has elegido. 
A pesar de lo que he aprendido siempre hay cosas que me quedan por mejorar, soy muy consciente de mis debilidades y mis fallos. Tampoco soy una ilusa que cree que va a conseguir lo más complicado en unas semanas. Por eso me marco metas pequeñas a corto plazo, cosas que sé que puedo conseguir sin frustrarme. Una de ellas, por ejemplo, es obedecer órdenes sencillas y no hacerme la mártir, ni más sumisa de lo que Él me esté pidiendo. Hace unos días me prohibió correrme. Los primeros días lo llevaba bien, pero me entraban ganas de tocarme y aprovechaba las oportunidades que tenía para poner ojitos. Cuando me dio permiso yo pensé que lo hacía por pena y me puse en mi papel de "quiero ser buena sumisa y quiero aguantar hasta que tú quieras Amo". Ni estaba siendo buena del todo al ponerle ojitos para ablandar su carácter, ni estaba siendo buena cuando me daba permiso para correrme y no lo hacía. Creo que quizá la base de ese comportamiento está en el orgullo o la soberbia por demostrar que puedo ser mejor. Y no, no se trata de demostrar nada, tan solo de obedecer a tu dueño. Esa es la manera de demostrar el cambio. Por suerte mi actitud ante estos fallos cada vez es más positiva, de ahí el verme capaz de conseguir obedecer sin cuestionar nada. Cuento esto para aprender, porque siempre que escribo me aclara la mente, y si de paso a alguien le sirve pues mejor.
A pesar de lo mucho que nos gusta recibir órdenes, te tienes que trabajar mucho la actitud y la auto-crítica. Muchas personas ven la D/s o el BDSM como "que guay, me dan órdenes y están pendientes de mí". Eso está genial, pero cuando vengan órdenes más complejas o que simplemente choquen con tu punto de vista más convencional de una relación, lo vas a pasar regular... Por eso es importante el trabajo con una misma, no dejar toda la labor de aprendizaje a la relación y a tu dueño. Y sobre todo ser coherente con lo que has elegido, y que en cualquier momento puedes dejar si sientes que no es para ti.  
Y bueno, como siempre digo, esta es solo mi perspectiva. Vosotros podéis tener otra manera de afrontar las cosas y que os sean de mayor utilidad. 

martes, 8 de agosto de 2017

Libertad para ser Él, nosotros y yo

El otro día estaba viendo el capítulo nuevo de Juego de Tronos, y hubo una escena de Missandei que no creo que se me olvide nunca. Da igual si no seguís la serie, y si la seguís no habrá spoiler, prometido. Missandei decía que había sido liberada, la habían comprado siendo esclava y ahora era libre. Otro de los personajes con los que compartía escena le dijo que su situación actual no era diferente a la de entonces, que ahora servía a la reina igual que antes hizo con su antiguo amo. Y ella le respondió que no, ella había elegido servir a la reina. Partiendo de su libertad, sin ser obligada por figuras externos, había decido servir y eso la hacía dueña de sí misma incluso estando supeditada a una figura superior. El resto de personajes no respondieron, sabían que lo que decía tenía lógica, pero no dejaban de mirarla con extrañeza. 
Sobra explicar por qué me sentí identificada. Sentí cierto alivio al escuchar lo que yo pensaba expuesto de modo tan racional. Y también sentí un poco de pena. Difundimos la libertad individual, el derecho de libre expresión, el poder de decidir sobre nuestra vida y miles de derechos más, pero cuando alguien decide ser diferente libremente, lo juzgamos. Lo queremos rescatar y llevar de nuevo al rebaño. Nos olvidamos de lo que necesita esa persona. Quizá no es solo una decisión de vida, quizá es que es lo que necesita para vivir feliz. Las demás personas no están obligadas a aceptar y seguir su modo de vida, pero tampoco deben juzgarla. 
Yo soy suya y me encantaría compartirlo con algunas personas, pero no me hace falta, no es algo que necesite para sentirme más aceptada. Lo único que necesito y pedí fue que Él me aceptase. El Amo sabe mis defectos y mis debilidades, del mismo modo que sabe lo que necesito. Para mí el sexo es la manera de hacer patente lo que somos. En su ausencia lo soy con una conversación juntos, con una orden o con lo que Él quiera ofrecerme. No sé, quizá soy muy básica para algunos que ven la dominación y la sumisión como una relación más compleja. Pero para mí el sexo fue y sigue siendo muy liberador. Después de los primeros meses juntos, descubrimos las tendencias que teníamos cada uno, y que se complementaban. Decidimos ir un paso más allá y extrapolar nuestras inclinaciones fuera del sexo también: mi manera de dirijirme a Él, comportamientos que mantener aunque el Amo no esté presente, ordenes y tareas que seguir, incluso el modo de vestir. A las personas, quienes no entienden estas relaciones, les podrá parecer una banalidad, sin embargo para nosotros tienen su significado. Igual que Él me ayuda en mi proceso de desarrollo como sumisa, yo le recuerdo que le pertenezco, que estoy con Él porque lo respeto y Él a mí, porque me cuida y sé que no haría nunca nada que me dañase. Ha hecho más que nadie por sacarme de mí misma y abrirme al mundo. Para un amo a veces es complicado mantenerse en su papel también, tienen miedo de ser muy duros, muy exigentes o muy cabrones. Precisamente por esa imagen que se desmarca del resto de relaciones sociales. Lo mismo que nos pasa a la parte sumisa. Y esto es a lo que quería llegar al comenzar a escribir: da igual, da igual que no te entiendan ni sean como tú. Yo no voy a compartir una parte de mí con quien no la vaya a entender. Pero tampoco me voy a avergonzar. Quizá soy cobarde, pero no quiero que nadie opine sobre lo que no está dispuesto a escuchar si quiera. Me basta y me sobra con Él y con las personas más cercanas a mí. 
No quiero que tenga miedo a ser Él mismo conmigo. Porque precisamente lo que me gustó de Él fue esa valentía a desnudar sus pensamientos para mí, a contarme las fantasías que nunca había podido expresar. Yo hice lo mismo con el Amo, y no quiero que se reprima estando conmigo por miedos o juicios ajenos. Porque estando juntos solo somos Él y yo, nadie más tiene que opinar de lo que hacemos si no queremos compartirlo. 

martes, 1 de agosto de 2017

Thunder

"Venga, hoy me dices ya los perfumes que te quedan. No vamos a estar con esto toda la vida..."
Uy que nervios. Ya había perdido una oportunidad y sabía que mi naricilla no tenía mucha capacidad para almacenar olores. Cada vez que iba de compras o a hacer recados por el centro me paraba en las droguerías a oler perfumes. Era super gracioso, las dependientas trataban de ayudarme y aconsejarme el perfume ideal para regalarle a "mi amigo". Me veían pensar, pararme a olfatear una y otra vez los palitos de papel. Cuando fallé el primer intento supe lo complicado que era. De modo que estudié un poco las composiciones de los perfumes, y me hice una lista con los ocho que creía posibles ganadores. 
Él estaba tumbado en la cama, yo le pedí permiso para ir a por mi chuletilla donde estaban todos escritos y me dijo que Él no la vería, para no condicionarme si estaba escrito el nombre de su perfume. Dije el primero de mi lista y acerté. No me lo creía y el Amo tampoco. Sonreí de oreja a oreja y me hice una bolita en su costado como loca por sentirlo, como un cachorrillo con su dueño. Leyó toda la lista y dijo que algunos de los demás los había usado anteriormente. No solo había tenido buen olfato para acertar, si no que había creado un patrón con sus gustos. Y me voy a callar, porque como lea esto me va a llamar presumida. ¡Ay que guapo es!
Comimos juntos, vimos series y por supuesto me folló y me sodomizó. Los detalles me los guardo para nosotros, pero recuerdo los comienzos, cuando mi culito era aún casi virgen. Me lo follaba y aguantaba más o menos bien. Pero Él iba con más cuidado, para que al día siguiente no estuviera muy dolorida. Ahora es mi dueño y mis límites se han expandido hasta desaparecer. Me hace cosas que creo que ninguno hubiera imaginado al principio. Y lo sorprendente es que aguanto sin rechistar. Jamás, nunca, lo he apartado por comodidad o por dolor. He aprendido a apreciar algo por lo que ya sentía mucha inclinación. Desde que lo conocí me ha gustado complacerlo, y ofrecerme así, llegar a sentir una enculada tan grande, es maravilloso para mí. Ver su cara, su boca abierta, su lengua pasando por mis mejillas y cuello... Es de las cosas más placenteras de mi mundo. Cada gesto suyo es una pequeña sacudida eléctrica que recorre mi cuerpo hasta asentarse en mi coño. No importa si el tiempo juntos es mucho o poco, si me folla de esa o de aquella manera, porque mi cuerpo entero registra su paso para conservarlo siempre. 
Somos cómplices, hemos aprendido a conocer al otro. Salimos de la bañera y me da su móvil para que lo ponga en un lugar seco, y le respondo con ironía. Como no me contesta me giro para mirarlo. Tiene sus ojos fijos en mí y está serio. Pero serio con su manera pícara de decirme: "no te pases de la rayas o veremos..." Me río nerviosa y bajo la mirada. Me hace tan feliz que se sienta con esa autoridad para hacerme saber las cosas, que haya aceptado que Él manda incluso en detalles como esos. Lo seco con la toalla y nos vamos a la cama. Reposa su mano en mi espalda y con la otra me agarra el brazo. Cada ve que lo aparta, lo agarro como para llevarlo de nuevo a su sitio. Me conoce tan bien que sabe lo que me gusta el contacto, que no el agobio. Se ríe y se tumba más cerca, colocando parte de su cuerpo encima del mío. 
Me deja ver el último capítulo de Juego De Tronos. El Amo ya lo había visto, así que colocamos el portátil en la cama, a continuación me pongo yo y Él me abraza por la espalda. Me siento pequeñita y arropada por un hombre bueno. Me agarra una teta y yo echo la mano hacía atrás. Él me la agarra y me la lleva a su polla. El resultado es que tenemos que parar la serie porque mi culo tiene que recibir polla. Ni cinco minutos hemos logrado estar pegados sin ocurriese. Cuando su polla recta chocaba contra mi espalda ya imaginaba un desenlace así... 
Cada segundo con Él es bonito. Está pendiente de mí y me pregunta si necesito algo más... Me gusta porque esos detalles son los que crean el contraste más grande con lo cabrón que es después. No hay rincón de mi cuerpo que tenga reservado el derecho de uso cuando está conmigo. Noto cierto cambio en ambos. Es una sensación de haber recorrido mucho camino, de tener los pies doloridos, de no haber sabido esquivar las piedras y tragarnos todos los golpes. Y parece que poco a poco aprendemos a curarnos el uno al otro, a apoyarnos para que uno no se haga daño y el otro tenga que pasarlo mal también. Y hemos llegado. Me gusta el prado en el que descansamos y en el que entre risas me hace suya.