Libremente soy Tuya

Libremente soy Suya

lunes, 28 de agosto de 2017

Relato: Doble P

Me encantaría que ocurriese...

Estamos en mi habitación. Él está tumbado en mi cama doble y yo estoy en el suelo mientras vemos una serie. Me acaba de follar el culo y me siento plenamente sodomizada. Me hace un gesto para subir a la cama, indicando que tengo permiso ahora.
- Apága un segundo la tele, te quiero comentar una cosa... Verás, hace ya un tiempo que hemos hablado sobre la idea de entregarte a otro hombre. Sabes que me gustaría estar presente o, en todo caso, verte después de tu encuentro con él. Sobre lo que ocurra, esté o no yo presente, ya sabes también como actuar. Se debe obedecer lo pactado y tú por encima de todas las cosas mostrarte complaciente con nuestro huesped. Los dos queremos que se vaya contento... ¿Verdad que sí? Claro, pues para eso tienes que tratarlo con las mismas ganas con las que me tratas a mí. Es bueno que de vez en cuando hablemos de estas cosas, así te refresco la memoría. Nunca te viene mal una explicación extra.

Se ríe ante esa última frase. Adoro cuando se ríe por algo que los dos entendemos.Me pone la mordaza, me recuesta sobre su pecho y Él se apoya contra el cabecero. Yo no entiendo muy bien el por qué de la mordaza justo ahora. No tardo ni un segundo en dabandonar ese pensamiento porque su mano está consiguiendo que mis flujos se derritan... Me gusta, me gusta mucho. Quiero sentirme llena y correrme así. Alzo la barbilla para mirarlo, quiero besarlo para no gritar pero se me olvida que no puedo con la mordaza puesta. Aaaahh... Ya viene, mi interior quiere estallar...
LLaman a la puerta. Mi instinto es coger la sábana para que Él pueda taparse y ponerme yo algo de ropa para ir a ver quién es. Sorprendentemente el Amo está muy tranquilo. Aparro el picaporte para abrir la puerta y su voz me detiene: 
- Sea quien sea, déjalo pasar... Shhh, sin rechistar, que te veía venir.

Ahora sí que no comprendo nada. Aún llevo la mordaza al cuello y una bata lígera de verano sin nada debajo. ¿Quién será? Acciono sin preguntar la puerta del portal y espero a que la persona suba. Abro la puerta al escuchar el ascensor y veo ante mí a un hombre trajeado. No es guapo ni feo, diría que tiene una cara amable. Eso me tranquiliza, ya que voy a dejar entrar a un desconocido. Ronda los cincuenta y pocos, y aunque su cara es agraciada, su cuerpo no lo es tanto: un poco bajito, un tanto rellenito y pelo descuidado. Me aparto para que pase. No sé bien que decirle así que lo dejo que se siente en el sofá del salón. Voy a por el Amo a la habitación. Está con sus calzoncillos y una camiseta lisa.
- ¿Le has ofrecido algo de beber? -Niego con la cabeza- Bueno, ahora lo solucionas. Solo quiero que sigas mis órdenes y recuerdes lo que hemos hablado hace unos minutos. ¿Entendido? Te voy a poner la mordaza, no quiero que te la quites hasta que yo te dé permiso o el hombre que está en el salón lo haga. Tan solo asiente si lo has entendido. Muy bien, ahora vamos. Detrás de mí.

Entramos los dos en el salón y ambos se estrechan la mano.
- Perdónala Julián, a veces olvida ser una buena anfitriona y se le olvida ofrecer aunque sea un vaso de agua. Anda Zo, ve a la cocina. Con dos vasos de agua estaremos bien.

Estoy muy nerviosa y prefiero llevarlos en la mano antes que usar la bandeja. Al entrar escucho la conversación ya empezada.
- Si tú estás de acuerdo lo haremos así. Mi objetivo es que tú estés cómodo para hacer a tu modo y que me la devuelvas jodida. Ya sabes. 
- Por mí está más que bien. Como te he contado, hace mucho desde la última vez que tuve sexo. Esto creo que será mejor que bien. Así que no me des las gracias por hacerlo.
 Ambos se sonrién y me miran. Pero solo me habla el Amo.
- Bien, vamos a ir los tres a la habitación. No necesitas saber más, solo obedecer.
Al entrar me pongo de rodillas. Creo que es lo correcto aunque tengamos un invitado. Por como lo hemos recibido supongo que ya intuye más de lo que han compartido conmigo.
- Ayuda a nuestro huesped a desvertirse, ponte de pie si lo necesitas y luego de nuevo al suelo para seguir conmigo.
Sigo la orden y le cuelgo la chaqueta en la silla. Desabotono su camisa y hago lo mismo que con la chaqueta, procurando se se arrugue lo menos posible. Tiene más vello que el Amo, le cubre gran parte de la espalda y el pecho. Le desabrocho el pantalón y descubro el mismo grado de pelo en sus piernas. Por último los calozoncillos. En ese mismo momento, sin mucho detenimiento para haber visto su polla, el Amo me agarra del pelo, me quita la mordaza y me empueja en esa dirección. Abro la boca y se la chupo. Se pone muy dura al instante.
- Creo que tu zorrita me va a hacer disfrutar mucho... Quizá necesite correrme dos veces.
- Lo que tú necesites Julián, ella no tiene voz ni voto en esto. Le gusta así...
Me acaricia la cabeza y me indica para que le quite a Él el calzoncillo. Ya se ha quitado la camiseta. Como no me da vergüenza mirar al Amo, solo con un gesto ya sé lo que quiere. Le lamo los cojones y deslizo la lengua por todo su tronco. Me gusta mucho como sabe, me dan ganas de estar con su polla en la boca toda la tarde. Pero creo que ellos tienen otros planes. Julián se tumba en la cama y el Amo me apremia para que suba, para que lo monte. Apollo las rodillas al borde de sus costados y me la meto despacio. Cuando entra entera bajo hasta el fondo y me froto contra su ingle. Me doy gusto y la humedad que tenía vuelve a salir. Subo y bajo con energía. Julián me toma la cara para besarme. A mí no me gusta pero accedo y lo beso como una cerda en celo. Gimo, cada vez más fuerte. Procuro no excederme para que los vecinos no escuchen más de lo que deben. El Amo se ofrece a ayudarme y me mete toda la polla en la boca, empuza mi cabeza durante unos segundo y me libera. Acompasa mi boca y su polla al ritmo del trote que llevo. Me da golpes en las mejillas para darse más gusto y me pregunta que si estoy bien. Solo lo hace para forzarme a hablar con su polla dentro y humillarme. Me estoy mojando mucho. Pero me da vergüenza aguantar tan poco. 
Julián está colorado, pero no pierde oportunidad de sobarme las tetas y agarrarme fuerte del culo para que me la clave bien hasta el fondo. Se inclina, parece que para cambiar de postura.
- Si me lo permites Julián, le voy a abrir el culo a esta puta. Luego os dejaré disfrutar a solas -se dirije ahora a mí-. Ponte a cuatro patas perra, te voy a partir en dos. Pero prometo ir todo lo despacio que pueda, pequeñita mía.
Obedezco y lo noto buscando mi agujerito. Cuando lo tiene a tiro empueja de una tacada. No aparto los ojos de Él, se ríe y empieza a meter y sacar en un bombeo que me pone como una animal. Julián se pone de pie y me agarra la cabeza para follarme la boca. Lo veo gimiendo como un cerdo baboso. El Amo me agarra del cullo para que saque culo y esté más erguida. Me suelta varias bofetadas que van a mi culo, como si estuviera arreando a un caballo para que no pare. De repente saca su polla, me besa y me muerde el culo, como marcándolo de su propiedad, y con permiso de Julián la pasa por toda mi cara. Julián mira la escena recostado, pajeándose sin tanto pudor como cabría esperar en un principio. El Amo me lleva ahí para que lo monte de nuevo. Me da mucho gusto notar el roce en mi coño, pero cuando me abre el culo me siento sodomizada, me siento suya. Es el componente de sumisión, humillación y dominación que mi mente necesita. Como si el Amo me hubiese leído los pensamientos, me la mete por detrás. Quiero gritar. Mi mente racional, la que piensa que me están abriendo por dos agujeros y debe doler, quiere hacerme creer que sufriré. Pero me relajo, siento y noto que no es así. Para mí es lo más salvaje que he hecho y quiero más. Quiero que me usen y me destrocen, salir escocida de aquí. El Amo me agarra las tetas y me muerde el cuello. Julián quiere mis manos en su pecho, que lo agarre fuerte y lo arañe, y el aprovecha para meterme dos dedos en la boca. Sí por favor... Quiero sentirme llena, jodedme cabrones... Que hijos de puta, traerme engañada... Follaos a esta ramera... Me doy cuenta que mi coño palpita y algunas de esas palabras las he dicho en voz alta. Me corro Amo, me corro como una puta en celo. Seguid follándome por favor... ¡Me corro! El Amo sale de mí y se coloca rápido sobre delante de mí. Me folla la boca pero tres sacudidas son suficientes para que me lefe la boca. La abro y se lo muestro. Trago tranquila. El Amo me acaricia las mejillas que antes habia golpeado y me besa la frente.
- Se buena Zo, hazlo sentir cómodo. Yo me voy a dar una ducha y os espero en el salón.
Cuando sale por la puerta me sonríe de manera dulce y me da ánimos para cumplir con más esmero su tarea. Julián quiere probar también mi culo, lo sé. Desde que ha entrado por la puerta lo he visto educado, pero con la suficiente perspicacia como para entender que todo lo que el Amo le muestre, él lo podría repetir conmigo a solas. Me agarra del brazo suave para que me tumbe boca abajo, como tentando la suerte, probando a ver si me resisto. Supongo que el pobre no está acostumbrado a tal displicencia. Cuando la mete en mi culo se apoya completamente en mí. Me pesa y le da igual. Esa falta de delicadez me gusta. Me pone la mordaza de nuevo para que no comente nada. El Amo siempre me dice que así estoy preciosa, y mucho más guapa callada. 

Cuando ya salimos le digo a Julián que use él el baño primero, sorprendido de que no tenga la necesidad de ir yo corriendo por el estado en el que estoy. Yo sonrío y río para mis adentros. Con todo lo que ha visto parece que aún no intuye la magnitud de mi sometimiento.
Voy corriendo, pero a ver al Amo al salón. Me mira feliz. Mira mi cara repleta de la lefa de otro.
- Veo que lo has hecho muy bien. Julián no ha salido alarmado ni quejándose por la puerta en mitad de vuestro tiempo a solas. Es muy buena señal... Esta noche me contarás todo con detalles. Si lo que escuho me complace y demuestras haber estado a la altura, te merecerás un regalo por todos las caritas sonrientes que lleves acumuladas. 
Solo el hecho de volver a estar a su lado ya me alegra. Me hago un ovillito en sus pies y esperamos en silencio a que Julián salga. El Amo me deja despedirme de él con un gesto sencillo en el que inclino la cabeza. Los dos besos aquí no proceden, por no hablar de como le dejaría la cara de sucia.

Ahora estamos los dos juntos de nuevo, podemos ser nosotros con total libertad. 



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