Libremente soy Tuya

Libremente soy Suya

martes, 1 de agosto de 2017

Thunder

"Venga, hoy me dices ya los perfumes que te quedan. No vamos a estar con esto toda la vida..."
Uy que nervios. Ya había perdido una oportunidad y sabía que mi naricilla no tenía mucha capacidad para almacenar olores. Cada vez que iba de compras o a hacer recados por el centro me paraba en las droguerías a oler perfumes. Era super gracioso, las dependientas trataban de ayudarme y aconsejarme el perfume ideal para regalarle a "mi amigo". Me veían pensar, pararme a olfatear una y otra vez los palitos de papel. Cuando fallé el primer intento supe lo complicado que era. De modo que estudié un poco las composiciones de los perfumes, y me hice una lista con los ocho que creía posibles ganadores. 
Él estaba tumbado en la cama, yo le pedí permiso para ir a por mi chuletilla donde estaban todos escritos y me dijo que Él no la vería, para no condicionarme si estaba escrito el nombre de su perfume. Dije el primero de mi lista y acerté. No me lo creía y el Amo tampoco. Sonreí de oreja a oreja y me hice una bolita en su costado como loca por sentirlo, como un cachorrillo con su dueño. Leyó toda la lista y dijo que algunos de los demás los había usado anteriormente. No solo había tenido buen olfato para acertar, si no que había creado un patrón con sus gustos. Y me voy a callar, porque como lea esto me va a llamar presumida. ¡Ay que guapo es!
Comimos juntos, vimos series y por supuesto me folló y me sodomizó. Los detalles me los guardo para nosotros, pero recuerdo los comienzos, cuando mi culito era aún casi virgen. Me lo follaba y aguantaba más o menos bien. Pero Él iba con más cuidado, para que al día siguiente no estuviera muy dolorida. Ahora es mi dueño y mis límites se han expandido hasta desaparecer. Me hace cosas que creo que ninguno hubiera imaginado al principio. Y lo sorprendente es que aguanto sin rechistar. Jamás, nunca, lo he apartado por comodidad o por dolor. He aprendido a apreciar algo por lo que ya sentía mucha inclinación. Desde que lo conocí me ha gustado complacerlo, y ofrecerme así, llegar a sentir una enculada tan grande, es maravilloso para mí. Ver su cara, su boca abierta, su lengua pasando por mis mejillas y cuello... Es de las cosas más placenteras de mi mundo. Cada gesto suyo es una pequeña sacudida eléctrica que recorre mi cuerpo hasta asentarse en mi coño. No importa si el tiempo juntos es mucho o poco, si me folla de esa o de aquella manera, porque mi cuerpo entero registra su paso para conservarlo siempre. 
Somos cómplices, hemos aprendido a conocer al otro. Salimos de la bañera y me da su móvil para que lo ponga en un lugar seco, y le respondo con ironía. Como no me contesta me giro para mirarlo. Tiene sus ojos fijos en mí y está serio. Pero serio con su manera pícara de decirme: "no te pases de la rayas o veremos..." Me río nerviosa y bajo la mirada. Me hace tan feliz que se sienta con esa autoridad para hacerme saber las cosas, que haya aceptado que Él manda incluso en detalles como esos. Lo seco con la toalla y nos vamos a la cama. Reposa su mano en mi espalda y con la otra me agarra el brazo. Cada ve que lo aparta, lo agarro como para llevarlo de nuevo a su sitio. Me conoce tan bien que sabe lo que me gusta el contacto, que no el agobio. Se ríe y se tumba más cerca, colocando parte de su cuerpo encima del mío. 
Me deja ver el último capítulo de Juego De Tronos. El Amo ya lo había visto, así que colocamos el portátil en la cama, a continuación me pongo yo y Él me abraza por la espalda. Me siento pequeñita y arropada por un hombre bueno. Me agarra una teta y yo echo la mano hacía atrás. Él me la agarra y me la lleva a su polla. El resultado es que tenemos que parar la serie porque mi culo tiene que recibir polla. Ni cinco minutos hemos logrado estar pegados sin ocurriese. Cuando su polla recta chocaba contra mi espalda ya imaginaba un desenlace así... 
Cada segundo con Él es bonito. Está pendiente de mí y me pregunta si necesito algo más... Me gusta porque esos detalles son los que crean el contraste más grande con lo cabrón que es después. No hay rincón de mi cuerpo que tenga reservado el derecho de uso cuando está conmigo. Noto cierto cambio en ambos. Es una sensación de haber recorrido mucho camino, de tener los pies doloridos, de no haber sabido esquivar las piedras y tragarnos todos los golpes. Y parece que poco a poco aprendemos a curarnos el uno al otro, a apoyarnos para que uno no se haga daño y el otro tenga que pasarlo mal también. Y hemos llegado. Me gusta el prado en el que descansamos y en el que entre risas me hace suya. 

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